Un baile como antes

Filadelfo Figueroa

Oaxaca, Oaxaca, Miércoles 10 de Julio, 2024.- Una veladora en medio de un candil de vidrio, cubiertos de plata, hermoso mantel color marfil, teniendo como escenario el auditorio del club de Leones, donde comenzaba la carretera del Cerro del Fortín rumbo a la ciudad de México.

De rigurosa etiqueta, los hombres bien trajeados y las mujeres con hermosos vestidos de gala, adornados por hermosas joyas, sofisticados peinados y calzado de discreto tacón.

Las nueve de la noche era la cita, y la presentación especial de los violines de Manuel Bustamante Gris.

Así dio inicio aquella cena con “Bésame mucho”, en una interpretación magistral dirigida por Manuel Bustamante Gris, luego “Cántaro de Coyotepec” y “Luz de Luna” de Álvaro Carrillo.

Sublime momento aquella noche de junio donde los violines tocaron el alma de cada uno de los presentes, una orgía de notas uniendo al cielo con la tierra.

La Feria de las flores, Cuatro Milpas, Novia mía, Aquel Amor, Cien años, Peregrina, La negra noche, fueron parte del repertorio de aquel baile que nunca más se volvió a repetir.

Un romanticismo decimonónico en plenitud, pero también un ambiente único de cuentos de las mil y una noche, fantasía hecha realidad.

En el ambiente flotaba la poesía, el soneto con sus metáforas y rimas tan perfectas, palabras bien colocadas en cada verso.

Ahí estaba la Reyna de los juegos florales, con su corona brillante y la satisfacción de ser la belleza ganadora.

Y lo sublime de una veintena de violines dirigidos magistralmente por Manuel Bustamante Gris.

Los mejores vinos, los mejores licores para los asistentes habitantes de una ciudad que pedía seguir siendo la Antequera, no la ciudad de la punta de la nariz del guaje.

Aquella noche no pudo faltar la canción del Dios nunca muere, sublime interpretación, tan única como esa noche.

El ambiente alumbrado por velas, un platillo especial para los presentes, gourmet, lejos de los chapulines y chicatanas, del sabor del maíz y los fríjoles.

Pero eran los violines los que le daban toque de belleza a un baile llamado como antes.

Bailar al dulce ritmo de los violines, las parejas abrazadas, vibrando sus corazones, el éxtasis de los besos espontáneos.

Hermosas notas surgidas de las manos magistrales de aquellos músicos maestros de las notas y el pentagrama.

Aquella noche tocaron su mejor repertorio como si fuera la última vez en hacerlo.

Afuera, la ciudad de Oaxaca con sus calles solitarias, semi oscura, vigilada por las torres de sus hermosas iglesias.

La vida de a pie en aquellos tugurios sobreviviendo en las orillas, lejos de lo después sería el centro histórico

Cozumel, el Zodiaco, Playa Azul, las Vegas, el Pueblito donde la vida era 24 horas, porque el sexo se practica continuamente, ese sexo de paga y de tragedia.

Margot con su casa de citas, Doña Lola, la Poblanita, ese Oaxaca de noche con sus espacios del alba y madrugadas.

En lo político el General Eliseo Jiménez Ruiz se estrenaba de gobernador tras la caída de Manuel Zárate Aquino y la destitución del doctor Felipe Martínez Soriano como rector de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, y los integrantes de la Unión del Pueblo creían en su utopía.

Salvador Allende y El Che Guevara eran un ejemplo para los jóvenes y el 2 de octubre se empezaba a no olvidar.

Doña Porfirita era la mejor partera de la ciudad y las mejores fotos las hacía Don Alfonso Rivas.

El mejor restaurante era el Cabo Kenedy allá por los rumbos del monumento a Benito Juárez, precisamente donde empezaba la carretera a Ixtlán.

Tras el concierto de los violines dirigidos por Manuel Bustamante Gris entraría para animar el baile el grupo Bustamante dirigido por Manuel Bustamante Álvarez y Gilberto Bustamante, el primero en la guitarra y el segundo en la batería, y en la voz Gil Rivera.

Con canciones de José José, Germain de la Fuente de los Ángeles Negros, Armando Manzanero y Aldo de los Pasteles Verdes.

Aquel baile terminaría como a las cinco de la mañana y nunca más hubo otro igual.

Aquellos bailes en el edificio del Club de Leones se fueron extinguiendo.

Gil Rivera era calidad con el acompañamiento del grupo Bustamante, quién viajaría a la ciudad de México para consolidarse como artista.

Otra de aquellas voces eran la de Lina Medina, sin que faltara Martitha Vasconcelos, siempre entonando canciones oaxaqueñas.

Aldo Rey era la sensación de Cozumel, donde cada noche no podía faltar la canción “Para qué volviste”, dedicado a su muñeca, cuya identidad nunca se supo.

Aquel joven peluquero que prefirió ser músico y fuera autor de grandes bailes en las agencias y colonias de Oaxaca.

El trío Fantasía y Monte Albán eran parte de la Bohemia, extraordinarios guitarrista, y Ponchito Cruz, un trovador solitario llegado de San Juan del Estado.

Ponchito recorría los bares de la ciudad y casi siempre terminaba integrado a una mesa como un parroquiano más, eso sí, pagando sus rondas con la cantada.

Nadie se quería ir de aquella noche, de aquel baile, deseaban se hiciera eterno, porque se convertiría en nostalgia, y no volvería a suceder.

Pero la naturaleza es precisa, y amanece cuando debe amanecer, porque el tiempo no se detiene.

También las velas se fueron apagando, y el alcohol fue tomando su espacio, donde no había penas más que alegría y amor.

El grupo Bustamante con la voz de Gil Rivera empujaban unos a otros aquellos cuerpos presentes.

Áquellos violines se despidieron con las canciones A mi manera y Yesterday, lo sublime en el ambiente alumbrado con velas.

Era el mes de octubre y se podía sentir un poco de frío.

Los campos de alrededor estaban en plena rastrojeda y el río Atoyac aún traía agua limpia.

Santo Domingo era un cuartel militar y viaje más seguro y barato a la ciudad de México era en tren.

El transporte urbano cobraba 50 centavos y cuando querían incrementar su precio los estudiantes salían a las calles para impedir dicha acción con aquel grito de guerra que, “Baje que baje el precio del pasaje”.

La colonia Volcanes no existía y San Martín Mexicapan todos los años se pintaba de milpa y de frijol.

En San Jacinto Amilpas para pasar el río había un vado y un puente colgante, y la gente andaba a caballo.

La lucha social era más en serio, hubo quienes tomaron las armas y ya no volvieron, después surgiría el negocio de la lucha social.

El sociólogo Francisco Aurelio Gómez Jara era la referencia para los izquierdistas de cafés e ilusiones de cambio.

También se podía consultar a Roger Bartra Murià, antropólogo, sociólogo y académico, hijo de los escritores catalanes exiliados Anna Murià y Agustí Bartra, que se establecieron en México tras la derrota de la república española a manos del fascismo franquista, hermano de la pensadora mexicana Eli Bartra.

La editorial Siglo XXI se especializada en difundir el marxismo.

Yo estuve en la mesa del fondo, la que años después Los Tigres del Norte llamarían la mesa del rincón, donde muy pronto se apagó la vela y no quise que la volvieran a prender.