Presidente de la Corte, falto de humildad

Oaxaca, Oaxaca, Viernes 06 de Febrero, 2026, (Fuente: X: @jaimeguerrero08 y Said Hernández / Revista Tucán).- Miente el ministro del acordeón Hugo Aguilar Ortiz. Dice: “En cuanto me percaté le pedí que no continuara”.
El video muestra otra cosa y la verdad. Dibuja de cuerpo entero a Aguiar, sin falta de humildad. No se inmutó. Qué vergüenza, sin el más mínimo decoro.
Fue así que, el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar Ortiz, protagonizó un nuevo episodio controversial después de que colaboradores -una mujer y un hombre- fueran captados limpiándole los zapatos momentos antes de ingresar al Teatro de la República, donde se llevó a cabo la ceremonia por el 109 aniversario de la Constitución de 1917.
Las imágenes muestran a personal agachándose frente al funcionario judicial para limpiar su calzado, lo que ha generado críticas en redes sociales y cuestionamientos sobre el protocolo y los privilegios en el nuevo Poder Judicial.
Suma de controversias
Este incidente se añade a la polémica desatada días atrás cuando se reveló que los ministros utilizarían camionetas blindadas con un valor de 3.5 millones de pesos cada una.
Tras la ola de críticas y una petición expresa de la presidenta Claudia Sheinbaum para aclarar la adquisición, los integrantes de la Corte rechazaron usar las unidades. Las camionetas serán destinadas a jueces que enfrenten situaciones de riesgo.
Durante su discurso en la ceremonia constitucional de esta mañana, Aguilar defendió la reforma al Poder Judicial ante representantes de los Poderes de la Unión y la presidenta Sheinbaum.
El ministro negó que la reforma implique incertidumbre o retrocesos, y sostuvo que el nuevo esquema otorgará mayor legitimidad social al sistema de justicia.
“El nuevo Poder Judicial no implica incertidumbres ni retrocesos, sino un poder con mayor legitimidad que garantiza una justicia cercana y abierta basada en el diálogo, la honestidad, la transparencia, la independencia y la autonomía judicial”, expresó Aguilar.
El ministro presidente afirmó que la modificación fortalece la democracia, confía en la soberanía del pueblo y acerca la justicia a la ciudadanía, en un momento en que el nuevo esquema del Poder Judicial enfrenta múltiples cuestionamientos sobre sus prácticas y gastos.
Cuando el poder se arrodilla… pero ante sí mismo
Y es que, la escena no pasó desapercibida. En un acto público quedó captado en video el momento en que una asistente del ministro indígena Hugo Aguilar se inclina para limpiar el calzado del ministro presidente. La imagen es contundente. Más allá del gesto, lo que genera indignación es la actitud: Hugo Aguilar, con una mirada distante, casi de alteza, no detuvo la acción. Permitió que continuara y que concluyera ese “trabajo” que evoca tiempos que México dice haber dejado atrás.
Limpiar los zapatos de una autoridad en pleno evento público no es un acto de cortesía ni de respeto institucional. Es una imagen de sometimiento, de jerarquías mal entendidas y de lujos simbólicos innecesarios en un país donde millones carecen de lo básico. Es un retroceso que contradice los discursos de austeridad, igualdad y cercanía con el pueblo.
El contraste duele aún más cuando se observa el contexto nacional. México enfrenta carencias profundas: hospitales sin medicamentos, escuelas sin mobiliario, comunidades sin agua potable, caminos intransitables y familias que sobreviven al día. En ese escenario, las imágenes del poder importan, porque comunican prioridades. Y el mensaje que se envía es devastador.
No se trata de un hecho aislado. Apenas este jueves salió a la luz pública la existencia de una estética dentro del Senado de la República, donde representantes del pueblo se realizaban tintes de cabello y otros tratamientos estéticos en horarios laborales.
Mientras tanto, ciudadanos esperan horas para ser atendidos en clínicas públicas o pierden jornadas completas intentando resolver trámites básicos.
Ambos casos reflejan una desconexión peligrosa entre quienes ejercen el poder y la realidad cotidiana del país. No es solo una cuestión de formas, es una cuestión de fondo. El poder que se asume como privilegio termina olvidando su razón de ser: servir.
México no necesita símbolos de grandeza personal ni escenas que recuerdan al servilismo del pasado. Necesita autoridades sensibles, coherentes y conscientes de que cada gesto público pesa.
Porque mientras unos limpian zapatos y otros se retocan el cabello en oficinas oficiales, hay millones de mexicanos limpiando su propia esperanza con salarios precarios y oportunidades limitadas.
El país no está para reverencias. Está para resultados.
