No hay dinero para aulas, pero nunca faltan cajas de municiones

*La farsa del aplauso y el negocio de la pólvora: La «Primavera» del subejercicio

*​En el teatro político de Oaxaca, las funciones de gala suelen sucederse en el Congreso del estado

Oaxaca, Oaxaca, Viernes 06 de Febrero, 2026, (Fuente: X: @rojasayuzo).- Hace unos días, el guion fue previsible, pero no por ello menos insultante: Jesús Romero López, titular de la Secretaría de Gobierno (SEGO) en Oaxaca, compareció ante una audiencia de legisladores locales complacientes y, lo más revelador, una platea llena de líderes de organizaciones sociales que, entre aplausos, validaron una realidad que sólo existe en los informes oficiales.

​Ver a las dirigencias del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT), Unión de Bienestar Social de la Región Triqui (UBISORT), Unión de Artesanos y Comerciantes Oaxaqueños en Lucha (UACOL), y otras, sentadas en los espacios reservados para los empleados gubernamentales, deshaciéndose en palmas ante el Secretario, es la imagen más nítida y patética de la cooptación política.

Pero, detrás de esa cortesía hay un trasfondo financiero perverso: el presupuesto que no llega al pueblo, pero que fluye hacia las élites de la protesta.

​El misterio del dinero «no gastado»

​Mientras los líderes del MULT y sus aliados marcharon bajo la bandera de la marginación, las cifras oficiales cuentan una historia distinta.

Oaxaca atraviesa un subejercicio presupuestal alarmante. Dinero que estaba destinado a infraestructura, salud y educación en las zonas más pobres —como la Nación Triqui— simplemente no se aplicó o se mantiene en la opacidad.

​¿A dónde va ese recurso?

La respuesta parece estar en la «nómina secreta» de la SEGO.

Es el modelo perfecto de la corrupción moderna: el gobierno del estado reporta ahorros o falta de ejecución, mientras por debajo de la mesa utiliza esos fondos para financiar el silencio de las organizaciones.

Los líderes estrenan camionetas y cargan escoltas con armas de uso militar, mientras las escuelas de la región Mixteca de Oaxaca siguen siendo de palitos y el analfabetismo no cede.

​El MULT manifiesta tener más de 40 años de lucha. Cuatro décadas en las que han descubierto que la paz no es negocio.

Para los dirigentes, la pacificación significaría el fin de las partidas extraordinarias y el fin de su relevancia política. Por eso, cada vez que una luz de acuerdo asoma en la región triqui, el estruendo de un R15 apaga la esperanza, allá en la llamada montaña roja (de sangre).

​Es el “manual de la 4T”, aplicado al estilo oaxaqueño: administrar la pobreza para asegurar la lealtad.

No hay dinero para aulas, pero nunca faltan cajas de municiones. Es una paradoja sangrienta: el mismo Estado que se dice aliado del pueblo, es el que permite —o dota por omisión— el armamento que mantiene vivo el conflicto.

La sangre de las bases es el lubricante que mantiene girando la rueda del dinero público hacia las cuentas de la dirigencia.

​En esta trama, la Sección XXII juega su papel de aliado silencioso. Su conformismo oficialista es evidente; han pasado de ser el látigo del gobierno a ser sus guardias de corps. Su entrega a la «administración primaveral» es tal que prefieren distraer a sus bases con causas extranjeras en Venezuela que denunciar el desvío de recursos que asfixia a los maestros oaxaqueños.

​Hoy, Oaxaca presencia otra marcha más. Pero no se engañe el ciudadano: no marchan por justicia. Marchan para exigir su rebanada del subejercicio. Marchan para que el gobierno no cierre la llave de la discrecionalidad.

​La nación triqui sigue condenada al rezago porque sus líderes han descubierto que es más rentable vender la pobreza que combatirla.

 Mientras el Congreso siga siendo un salón de aplausos y la SEGO una caja chica de impunidad, la «Primavera Oaxaqueña» seguirá siendo una estación fría, violenta y profundamente corrupta.