Matanzas en México son insoportables: Ricárdez

*7.8 de cada 10 mexicanos señalan que no es seguro vivir en México
Froylán Méndez Ferrer / Agencia de noticias ANSIC.MX
Oaxaca, Oaxaca, Jueves 06 de Noviembre, 2025.- “Esto ya es una ingobernabilidad absoluta”, sentenció, Carmelita Ricárdez Vela, al referirse al asesinato de Carlos Manzo Rodríguez, el alcalde de Uruapan que cayó abatido a balazos la noche del 1 de noviembre mientras cargaba a su hijo durante el Festival de Velas. El alcalde murió tras ser atacado con arma de fuego en el centro de Uruapan, Michoacán, un estado donde entre enero y septiembre de este año se registraron 1,024 homicidios dolosos.
Durante una rueda de prensa la presidenta estatal del PRI en Oaxaca no se guardó nada: «Ya rebasó todos los límites, ya rebasó todos los parámetros de un estado que se dice ser un gobierno». Sus declaraciones, más allá del posicionamiento político, reflejan el hartazgo de un país que parece haber normalizado lo innombrable: que sus autoridades sean ejecutadas en plena luz pública, que los ciudadanos caminen con miedo, que la violencia sea el idioma cotidiano.
El trasfondo del crimen contra Manzo revela una dimensión más oscura que Ricárdez Vela no dudó en denunciar. Desde que asumió el cargo en septiembre de 2024, el alcalde hizo de la seguridad una de sus principales banderas, publicando numerosas peticiones al gobierno federal y al gobernador de Michoacán para que reforzaran la presencia de militares y policías en Uruapan. Manzo denunciaba que existía colusión entre las autoridades y el crimen organizado, advirtiendo que continuaría combatiendo a los grupos criminales, aunque le costara la vida.
Sus advertencias no fueron escuchadas, o peor aún, fueron ignoradas deliberadamente. «¿Qué hicieron cuando él puso la denuncia y señaló a los gobernadores? ¿Qué hizo la Procuraduría General de la República?», cuestionó Ricárdez Vela con dureza, exigiendo respuestas que el gobierno parece reacio a ofrecer. La presidenta priista fue contundente al señalar: «Cuando nos expliquen qué se investigó, por qué lo decía él, qué bases tenía para señalarlos, entonces pensaremos que estaban haciendo quizás algo».
Los números avalan la percepción de crisis que Ricárdez Vela articula con vehemencia. Durante el primer año de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum los homicidios disminuyeron 23%, pero las desapariciones aumentaron 54% en comparación con el promedio anual del sexenio anterior. En los primeros 12 meses cada día desaparecieron en promedio 40 personas que no han sido localizadas. Mientras tanto, en Sinaloa se contabilizaron 1,302 homicidios dolosos de enero a septiembre de 2025, la cifra más alta para ese período desde 2014-2015, convirtiendo a este año en el más sangriento de la última década para el estado.
La dirigente priista citó datos reveladores: «7.8 de cada 10 mexicanos en la encuesta que hizo Político México dijeron que no era seguro vivir en México». Los datos oficiales corroboran esta sensación: el 63% de la población adulta en zonas urbanas considera inseguro vivir en su ciudad según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del tercer trimestre de 2025, un aumento respecto al 58.6% registrado en septiembre de 2024.
La dimensión internacional de la crisis tampoco escapa al escrutinio de Ricárdez Vela. «Siete de las diez ciudades más violentas del mundo están en México», denunció con amargura, exigiendo un «golpe de timón» que no termina de llegar. Los datos del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal confirman sus palabras: México tiene 20 de las 50 ciudades más violentas del mundo. Uruapan, la ciudad que perdió a su alcalde, figura en el puesto 19 de las ciudades más violentas del mundo. Ante esta radiografía devastadora, la presidenta estatal priista cuestionó con dureza: «No vemos un deslinde de todo lo que hemos vivido del nuevo gobierno de la República. Por favor, no es un tema del PRI, no es un tema del PAN, no es un tema de partidos políticos, eso es un tema de humanidad».
El llamado de Ricárdez Vela trasciende la militancia partidista para tocar fibras humanas profundas. «De mujer a mujer, de madre a madre», apeló directamente a la presidenta Sheinbaum, «en nombre de todas las madres que han perdido a sus hijos, haga algo definitivo. No lo haga por Morena, no lo haga por tener argumentos para señalar a otros partidos». Sus palabras reflejan la frustración ante un discurso gubernamental que, según la líder priista, se refugia en el victimismo y la confrontación política: «Cuando vemos las mismas respuestas, el mismo cliché de ‘es que nos atacan, es que no nos quieren, es que son carroñeros’… ¿Qué clase de sentimientos puede tener alguien que diga que se trata de un tema político cuando están matando a los ciudadanos?» Su exhortación fue clara: «Olvídese de Calderón y de Peña, olvídese de ellos, póngase a hacer su trabajo, resuelva este tema de inseguridad que nos lastima a todos».
La propuesta de cooperación internacional que plantea Ricárdez Vela choca frontalmente con el discurso oficial. «La cooperación internacional se hace en todos los ámbitos, en genética, en salud, en comunicaciones, en tecnología. ¿Por qué no lo va a hacer usted en seguridad? No tiene que ver nada con la soberanía. Ese es un pretexto absurdo», argumentó, haciendo eco de la postura del dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno. Es una propuesta que contrasta con las declaraciones recientes de Sheinbaum, quien rechaza la intervención asegurando que «México es un país libre y soberano» y que acepta ayuda en información e inteligencia, pero no intervención. Para Ricárdez Vela, esta postura es insuficiente: «Haga lo que tenga que hacer, cueste lo que cueste, porque el único saldo que va a quedar es la gratitud del pueblo de México cuando la presidencia de la República cumpla con su deber».
La tragedia de Carlos Manzo condensa todas las contradicciones del combate a la violencia en México. Manzo contaba con dos escoltas de la Guardia Nacional que lo acompañaban, y la presidenta Sheinbaum confirmó que tenía protección federal. En septiembre había declarado: «Tengo mucho miedo, pero tengo que acompañarlo de valentía. No nos queda de otra. Está en nuestra vida, está en riesgo la vida de nuestro gobierno y la de nuestros ciudadanos… No quiero ser un presidente municipal más de la lista de los ejecutados». Su profecía se cumplió mientras sostenía a su hijo en brazos, en medio de cientos de personas que celebraban el Día de Muertos. Sus últimas palabras visibles fueron: «Mira, papi, la Catrina», justo antes del ataque. Ricárdez Vela fue contundente al señalar esta omisión: «Lo dijo miles de veces, necesitamos ayuda. Yo quiero que nos informen, ¿qué hizo la Procuraduría General de la República? ¿Cómo actuó, investigó al gobernador? ¿Qué medidas se tomaron?»
Las palabras finales de Carmelita Ricárdez Vela condensan el clamor colectivo de un país agotado: «Hagan algo, por favor». No como priista, no como política, sino como «madre, como ciudadana, como oaxaqueña, como mexicana». Su exigencia central es demoledora: «Queremos ver un México en donde la gente, siete de cada diez, diga que sí es posible vivir en paz en México y que se sientan seguros. No como ahora, que ocho de cada diez digan que no es seguro vivir en México». Su llamado final alcanza dimensiones dramáticas: «No queremos ver que se incendien todos los palacios municipales, todos los palacios de gobierno. No queremos ver a los jóvenes detenidos, golpeados y sometidos, porque se atreven a manifestar su indignación».
Carlos Manzo se convirtió en un símbolo más de una batalla que, según todas las evidencias, el Estado mexicano está perdiendo. La pregunta que resuena después de las declaraciones de Ricárdez no es si el gobierno tiene una estrategia, sino si tiene la voluntad política de ejecutarla sin importar el costo. Porque el costo de no hacerlo, como demuestran las cifras y los cadáveres, ya es insoportable.
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