¡Otro visitante del espacio!

*Detectan posible objeto interestelar cruzando el Sistema Solar

Oaxaca, Oaxaca, Jueves 03 de Julio, 2025 (Fuente: Debate, El Heraldo de México y El Imparcial).- Un nuevo objeto espacial, designado provisionalmente como A11pl3Z, ha puesto en alerta a la comunidad astronómica internacional. Detectado recientemente por telescopios en Chile y confirmado por observatorios en Canarias, el cuerpo sigue una trayectoria hiperbólica, lo que indica que no proviene del Sistema Solar, sino del espacio interestelar. De confirmarse su origen, se trataría del tercer objeto interestelar jamás detectado, después de los ya famosos ‘Oumuamua (2017) y el cometa 2I/Borisov (2019).

El primer registro visual de A11pl3Z fue compartido en la red social Bluesky por un estudiante de astrofísica en California, a partir de imágenes del Deep Random Survey en Chile. Astrónomos aficionados y profesionales encontraron rastros anteriores del objeto en los datos del sistema ATLAS (Sistema de Última Alerta de Impacto Terrestre de Asteroides), recopilados entre el 25 y el 29 de junio. Desde entonces, telescopios de todo el mundo se han movilizado para estudiar este posible visitante interestelar.

Uno de los equipos que ha seguido su trayectoria es el del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). El investigador Javier Licandro confirmó que ya han capturado varias imágenes desde el Observatorio del Teide, donde se documentó claramente su desplazamiento en el cielo. “Es una órbita hiperbólica muy abierta, lo que indica que viene de fuera y que no regresará”, explicó el científico a medios españoles.

Las observaciones preliminares sugieren que A11pl3Z tiene unos 20 kilómetros de diámetro, se encuentra a la altura de la órbita de Júpiter y, hacia octubre, se aproximará a la zona de Marte, aunque no pasará cerca de la Tierra. Según cálculos iniciales, el objeto viaja a una velocidad de 68 km/s con respecto al Sol, y su trayectoria lo llevará por el interior del Sistema Solar en una incursión fugaz e irrepetible.

Para los científicos, cada nuevo objeto de origen interestelar representa una oportunidad única para entender cómo se forman asteroides y cometas en otros sistemas planetarios. “Tenemos material primordial que se formó alrededor de otra estrella”, apuntó Licandro, destacando la importancia de su análisis para comparar los procesos de formación planetaria en distintas partes del universo.

El Gran Telescopio de Canarias, el Observatorio de Hawái y otros centros de investigación en la costa oeste de Estados Unidos se encuentran actualmente recolectando más datos para confirmar definitivamente su procedencia interestelar.

Si bien solo se han identificado dos objetos similares con anterioridad, los astrónomos creen que muchos más han cruzado por el Sistema Solar sin ser detectados. «Antes no teníamos la tecnología para distinguirlos», explica René Duffard, del Instituto de Astrofísica de Andalucía.

“Es como si ahora pudiéramos ver la matrícula de coches que siempre estuvieron ahí, pero no sabíamos que venían de otro país”.

Según la astrofísica Julia de León, del IAC, aumentar la muestra de estos cuerpos es esencial para entender la diversidad de materiales que existen más allá del Sistema Solar. “Cada hallazgo amplía nuestro conocimiento sobre la formación del universo y el posible origen común de sus componentes”, destacó.

A medida que se sumen nuevos datos desde los observatorios internacionales, se espera que en las próximas horas o días se confirme oficialmente el estatus de A11pl3Z como el tercer objeto interestelar identificado por la humanidad. Un acontecimiento que, aunque silencioso y lejano, podría ofrecer respuestas clave sobre los orígenes del cosmos.

¿Cómo son los extraterrestres?

Por otra parte, verdes, altos, bajos o con formas desconocidas, brillantes, de piel suave o con escamas: la humanidad ha pensado de mil maneras en la forma que pueden tener los seres extraplanetarios.

A pesar de no tener pruebas fehacientes de su existencia, la manera en la que pensamos en los extraterrestres ha motivado centenares de películas, series y libros, y no existe un consenso… hasta ahora.

Investigadores del Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford revelaron la forma en la que, probablemente, se ven los alienígenas y cómo la evolución les ha permitido cambiar su apariencia.

“Aún no podemos decir si los extraterrestres caminan en dos piernas o tienen grandes ojos verdes. Pero creemos que las teorías evolutivas ofrecen una herramienta adicional única para intentar entender cómo son y hemos mostrado algunos ejemplos de las predicciones que podemos hacer”, señala el astrobiólogo Sam Levin, de la Universidad de Oxford.

Un ejemplo de evolución

Para el científico, pensar en cómo son los extraterrestres no es un tema vano, pues puede permitirnos comprender qué tipo de avances tecnológicos y evolutivos han alcanzado a lo largo del tiempo.

“Solo tenemos un ejemplo de la vida en la Tierra desde donde podemos extrapolar la apariencia de los extraterrestres. Anteriores acercamientos en el campo de la astrobiología han sido mecánicos, tomando lo que vemos en la Tierra y lo que sabemos sobre química, geología y física para hacer predicciones.

“Previendo que los aliens han pasado por numerosas transiciones, que es la forma en la que las especies en la Tierra alcanzan su complejidad, podemos decir que hay una gran posibilidad de que se vean como nosotros”, añade Levin.

Para el experto, hay tantos planetas en el universo que no es probable que estemos solos, por lo que siempre se puede estar listo para la siguiente pregunta: cómo son los habitantes de los astros.

Satélite dado por perdido desde 1967 emite misteriosa señal de radio

Un grupo de científicos australianos, liderado por la Universidad de Curtin, logró resolver un enigma astronómico que durante un tiempo se pensó que era evidencia de un nuevo fenómeno cósmico. La historia comenzó cuando el radiotelescopio ASKAP, uno de los instrumentos más avanzados del mundo, detectó una señal de radio extremadamente breve pero poderosa, tan intensa que se pensó provenía de un púlsar en las profundidades de la galaxia. Sin embargo, la verdadera fuente estaba mucho más cerca de casa.

Una señal inesperada

El 13 de junio de 2024, las 36 antenas del ASKAP (Australian Square Kilometre Array Pathfinder) captaron un impulso de radio de apenas 30 nanosegundos. Su intensidad fue suficiente para alarmar a los astrónomos, que de inmediato iniciaron una búsqueda en el cosmos profundo, bajo la suposición de que podría tratarse de un púlsar: esos objetos densos y giratorios que emiten potentes ráfagas electromagnéticas.

Pero los cálculos llevaron la investigación en una dirección completamente distinta. En lugar de apuntar hacia una estrella lejana, la señal fue rastreada hasta un satélite desactivado que aún orbita la Tierra a unos 4,500 kilómetros de altitud. Se trataba del Relay 2, un satélite de comunicaciones que la NASA lanzó en 1964 y que dejó de funcionar apenas unos años después.

¿Un renacimiento tecnológico?

Relay 2 fue uno de los primeros intentos de la NASA por establecer redes de comunicación satelital. Aunque su misión terminó formalmente en 1967, el satélite continuó dando vueltas alrededor del planeta, convertido en una pieza más del creciente cementerio espacial. Que emitiera una señal después de más de cuatro décadas en silencio fue algo completamente inesperado.

Los científicos manejan dos hipótesis sobre este extraño fenómeno. La primera sugiere que un micrometeorito podría haber impactado contra el satélite, generando una nube de plasma que reactivó brevemente sus sistemas electrónicos, enviando así un pulso al espacio.

La segunda posibilidad apunta a un fenómeno de acumulación de energía: durante todos estos años, el Relay 2 habría estado absorbiendo carga electrostática del entorno espacial. Esta acumulación pudo haber generado una descarga repentina, algo parecido a una chispa, que dio lugar a la señal detectada por ASKAP, indica Xataka.

Más que un misterio, una advertencia

“El comportamiento de las naves en desuso puede ser impredecible. Sabemos desde los inicios de la era espacial que las condiciones del entorno, como la interacción con iones y electrones, pueden generar efectos sorprendentes”, explicó el Dr. Clancy James, astrofísico de Curtin y líder de la investigación.

El caso de Relay 2 es más que una curiosidad científica. Representa un llamado de atención sobre los peligros potenciales de la chatarra espacial y los sistemas antiguos que aún flotan sobre nuestras cabezas. La investigación completa está en proceso de revisión para su publicación en The Astrophysical Journal.

Mientras tanto, los datos recolectados servirán para diseñar mejores medidas de protección en futuras misiones espaciales, asegurando que los satélites modernos no sufran sobresaltos similares por acumulaciones de energía no previstas.