Fallece influencer que se accidentó junto con edil

*Dulce Enríquez iba acompañada, el pasado 09 de enero, del presidente municipal de Santa María Huatulco, Julio César Cárdenas Gopar, así como el escolta del servidor público

Oaxaca, Oaxaca, Martes 20 de enero, 2026, (Fuente: Facebook: Tomás Martínez, X: @rojasayuso y Agencias).- En un hospital privado ubicado en la colonia Reforma de la capital de Oaxaca, este lunes se dio a conocer que falleció la influencer Dulce Ivonne Enríquez Ramírez, tras sufrir un accidente automovilístico el pasado 9 de enero del año, en el libramiento de Ocotlán de Morelos (en la región Valles Centrales de Oaxaca), junto con el presidente municipal de Santa María Huatulco, Julio César Cárdenas Gopar, y el escolta de este.

La tarde de este lunes en un hospital de la colonia Reforma se dio a conocer su deceso y ya tomó conocimiento la autoridad ministerial.

El accidente ocurrió la mañana del pasado 9 de enero en la carretera de cuota a la costa, 135-D, en el libramiento de Ocotlán de Morelos.

La joven quedó con lesiones de gravedad y fue trasladada al hospital ya citado, donde por desgracia falleció este lunes.

La Fiscalía General de Oaxaca inició una carpeta de investigación sobre el caso y establecer su conducía el edil o su escolta.

Para muchos, con la muerte de Dulce Enriquez, la influencer que acompañaba al presidente municipal de Santa María Huatulco Julio Cárdenas, la situación de este último se complica y toma otro rumbo.

Mientras tanto, este importante municipio costeño permanece al garete y con vacio de poder; algunos pobladores afirman que la síndica ha sido nombrada encargada del ayuntamiento; otros dicen que el secretario municipal Ulises Avendaño es quien lleva las riendas en el municipio; otros más aseguran que el verdadero poder tras el trono es Nidia Cárdenas, hermana del aún edil huatulqueño.

En ese sentido y en esta intensa vorágine política, la Fiscalía General de Oaxaca ya ha integrado un grueso expediente para esclarecer quién ha sido el culpable de la muerte de Dulce; de acuerdo al sistema jurídico penal en el estado, esta muerte se investigaría como “homicidio culposo por tránsito de vehículo”.

A la par, la Camara de Diputados local analiza la posibilidad de nombrar un Consejo de Administración Municipal, integrada por los integrantes del propio cabildo.

Huatulco: El Paraíso Ensangrentado por la Impunidad de Julio Cárdenas

​Vivir bajo el manto protector de la autodenominada “Cuarta Transformación” en Oaxaca parece otorgar una licencia perversa para el cinismo y la barbarie. El caso de Julio Cárdenas Ortega, presidente municipal de Santa María Huatulco, no es sólo un expediente de mala administración, es el retrato hablado de un sistema donde la complicidad política pesa más que la vida humana y la justicia.

​La acusación es devastadora y no admite matices: bajo su mando, la policía municipal —esa que debería cuidar al turista y al local— ha sido señalada como el brazo ejecutor o el facilitador para entregar a la delincuencia organizada a 12 jóvenes tlaxcaltecas.

¿Cómo puede dormir tranquilo un edil cuya fuerza pública está bajo sospecha de haber desmembrado el futuro de familias enteras? La respuesta es simple: la soberbia del poder que se siente intocable.

​Mientras el paradisíaco puerto se cae a pedazos, con calles deplorables, servicios de mantenimiento inexistentes y basura reclamando el espacio público, los recursos parecen esfumarse en el agujero negro de las obras fantasma. Huatulco, la joya de la corona turística, hoy luce descuidada, reflejando el desprecio de una administración que ve al presupuesto como un botín personal y no como una herramienta de servicio.

​Pero la infamia no termina en el desvío de dinero o en la entrega de la plaza al llamado “Cártel de la Primavera Oaxaqueña” bajo la sombra de figuras como “El Bogar”. El colmo de la desfachatez ocurrió aquella madrugada en que el alcohol y la prepotencia cobraron la vida de Dulce Enríquez.

​Cárdenas Ortega, en un estado de ebriedad que nublaba cualquier rastro de ética, conducía un vehículo con placas falsas —un delito en sí mismo— tras una juerga, y se dirigía a otra, con el círculo del diputado Alejandro Avilés Álvarez. Al verse frente a la tragedia, su primera reacción no fue el auxilio, sino el engaño: falsear su nombre ante los paramédicos para ganar tiempo, para mover sus hilos, para buscar el blindaje que sólo los políticos de su calaña saben tejer.

Mientras él operaba su libertad desde la camilla, la vida de una jovencita se extinguía.

​Hoy, Julio Cárdenas sigue despachando desde la silla presidencial. No está en los separos, no está bajo proceso, no está inhabilitado. Sigue ahí, protegido por las siglas de MORENA y por un sistema que premia la lealtad partidista por encima del rigor judicial.

​Mantenerlo en el cargo es un insulto a la memoria de las víctimas y una amenaza directa a la paz social. Cada día que pasa con Cárdenas al frente de Huatulco es un mensaje de la “4T” para el pueblo: la ley es para los de abajo; para los amigos del poder existe la impunidad absoluta.

​La dignidad de Huatulco no se recuperará con campañas de turismo, sino con justicia. El relevo en el mando y una auditoría no son peticiones ciudadanas; son obligaciones urgentes de un Estado que jura “no ser igual a los de antes”. Si no actúan, el silencio de los gobernantes será la prueba final de su complicidad.