Oaxaca, bajo la lupa del plagio

*Cultura saqueada, leyes inservibles y políticos de escritorio
Oaxaca, Oaxaca, Jueves 07 de Agosto, 2025 (Fuente: Julisa Sánchez / Revista Tucán).- Nuevamente el patrimonio cultural de Oaxaca está en el centro de la polémica, no sólo por el reciente caso de los “Oaxaca Slip-On” de Adidas diseñados por Willy Chavarría, sino por una cadena constante de apropiaciones que evidencian una verdad incómoda: las leyes para proteger el legado indígena existen, pero no sirven. Y peor aún, las autoridades las usan solo para lucirse, jamás para actuar con contundencia.
Esta vez, el escándalo mediático obligó al Gobierno de Oaxaca a “evaluar” una denuncia ante instancias como el IMPI e INDAUTOR por el uso indebido del nombre “Oaxaca” y el supuesto plagio del huarache tradicional de Yalálag. Pero esa reacción es tardía y oportunista. No es la primera vez, ni será la última, que grandes marcas o celebridades explotan lo que no les pertenece.
El caso del mezcal MIXES: otra apropiación, otro silencio
Durante la reciente temporada de Guelaguetza, Paola Rojas lanzó una marca de mezcal llamada “MIXES”, haciendo uso del nombre de una de las culturas más profundas y simbólicas de Oaxaca. El lanzamiento fue glamuroso, con fotos, influencers y botellas “de autor”. Pero ni los productores mixes participaron, ni se respetó su cosmovisión ni sus procesos. Tampoco se pidió permiso.
¿Y qué hicieron las autoridades? Nada. Ni una queja formal, ni una sanción, ni una defensa pública. Solo silencio. El mismo silencio cómplice que ha permitido que artistas, empresas y gobiernos usen el nombre y los saberes de pueblos originarios como si fueran etiquetas de moda.
Ferias “artesanales” llenas de productos chinos
La incongruencia también se vive en casa. Las supuestas ferias artesanales organizadas en Oaxaca de Juárez, principalmente, permiten sin pudor la venta de productos chinos, industriales o “hechos a mano” en otros Estados, desplazando a verdaderos artesanos oaxaqueños que trabajan con identidad, técnicas heredadas y manos curtidas por generaciones.
En lugar de promover mecanismos de verificación y exclusividad, los gobiernos prefieren llenar espacios con vendedores sin control, mientras los verdaderos creadores culturales tienen que pagar por exponer sus obras o simplemente no son invitados.
Políticos de escritorio: denuncian, pero no defienden
Cada vez que ocurre un plagio, aparecen los mismos: funcionarios de escritorio que se indignan en redes, convocan conferencias de prensa y prometen demandas que nunca se concretan. Usan el dolor cultural como moneda política, pero no impulsan reformas profundas, ni apoyan a las comunidades para organizarse legalmente, ni destinan recursos para defensa jurídica.
Mientras tanto, las comunidades siguen siendo invisibles, sus nombres convertidos en marcas, sus diseños en patrones impresos, su cultura en negocio ajeno.
Las leyes existen, pero no se aplican
En papel, México cuenta con la Ley Federal para la Protección del Patrimonio Cultural de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas. Permite sanciones, retiro de productos, clausuras y reparación del daño… pero solo si alguien decide aplicarla, y eso raramente pasa.
No hay vigilancia, no hay seguimiento, y los institutos como el INPI o INDAUTOR carecen de dientes cuando se trata de enfrentar a grandes empresas o celebridades. Los pueblos siguen solos, mientras el gobierno reacciona solo si hay escándalo en redes.
Oaxaca no necesita discursos primaverales. Necesita defensa real
Mientras los políticos posan con calzado «fifi», trajes bordados, y lanzan spots sobre “la grandeza de nuestras culturas”, la realidad en las calles, en los mercados y en las ferias es distinta: el patrimonio está siendo saqueado a plena luz del día, y quienes deberían defenderlo apenas responden con declaraciones.
Oaxaca no necesita más comunicados, necesita acción, coherencia y justicia para sus pueblos. Porque lo que está en juego no es solo una prenda o un nombre, sino la dignidad colectiva de una historia que no se puede seguir vendiendo al mejor postor.
