Oaxaca baila mientras se hunde

*Guelaguetza, favelas y los olvidados
*Oaxaca no necesita más fiestas, necesita más justicia, no necesita otro festival, necesita agua, vivienda, trabajo, salud, verdad
Oaxaca, Oaxaca, Miércoles 30 de Julio, 2025 (Fuente: Isra Gallegos).- Este 29 de julio se cumplieron 42 años de la muerte de Luis Buñuel, el cineasta que reveló, con crudeza y poesía, la miseria estructural de América Latina. En su obra “Los olvidados” retrató una verdad incómoda: la pobreza no es folclore, no es destino, es abandono sistemático. Y si Buñuel viviera hoy, seguramente caminaría las colonias marginales de Oaxaca de Juárez con la misma cámara crítica con que recorrió los callejones de la Ciudad de México.
Porque, mientras el gobierno del estado de Oaxaca presume los “éxitos” de la Guelaguetza y de la Feria del Mezcal —más de 33 millones de pesos en derrama económica, más de 6 millones recaudados para damnificados, diplomáticos extranjeros paseando por los pabellones, ventas internacionales de artesanía—, en las laderas de Monte Albán, en La Cieneguita, en la Vicente Guerrero y en San Juan Chapultepec, miles de oaxaqueños siguen sin agua potable, sin drenaje, sin transporte digno, sin futuro.
Como las favelas brasileñas, esas colonias son producto del mismo modelo: un sistema económico que concentra el turismo, los recursos y la atención pública en los centros de espectáculo, mientras expulsa a los pobres a las orillas, los borra de los informes oficiales y luego los utiliza como ornamento exótico en las campañas publicitarias del Estado.
La Guelaguetza debería ser un acto comunitario. Pero hoy es, más que nunca, una puesta en escena controlada, domesticada, comercializada. Los trajes típicos, las danzas regionales y los productos artesanales han sido convertidos en vitrinas de consumo, y la cultura viva ha sido embalsamada para que el visitante la mire sin culpa, mientras el pueblo real permanece encerrado en su precariedad.
Luis Buñuel nos advirtió que los pobres no son personajes románticos. Son víctimas de estructuras que los niegan y los explotan. Y Oaxaca es el ejemplo perfecto de esa contradicción: una tierra rica en historia y cultura, gobernada por estadísticas triunfalistas y rodeada de cinturones de marginación.
Hoy se entrega el “Premio Semillas a la Excelencia Artesanal”, mientras los artesanos verdaderos venden sus productos en banquetas, sin acceso a crédito, sin seguro, sin derechos. Se habla de exportaciones de mezcal, mientras los productores pequeños viven bajo el yugo de intermediarios. Se presume la participación de diplomáticos, mientras ni un solo diplomático ha pisado las colonias donde el Estado brilla por su ausencia.
El 29 de julio no es solo la fecha de clausura de la Feria del Mezcal. Es la fecha de la muerte de quien nos enseñó que la mirada crítica es inseparable del arte y de la verdad. Buñuel no celebraría estas cifras. Las filmaría. Las desarmaría. Las señalaría. Porque detrás del millón de pesos recaudado en un solo día, hay una realidad que no entra en el Auditorio Guelaguetza: la de los niños sin escuela, los enfermos sin medicina, las familias sin hogar seguro.
Oaxaca no necesita más fiestas. Necesita más justicia.
No necesita otro festival. Necesita agua, vivienda, trabajo, salud, verdad.
No necesita Guelaguetzas de cartón, sino una revolución ética y política que le devuelva a su gente la dignidad que le han robado.
Como diría Buñuel: “La libertad no se implora. Se conquista”.
