Narcopolítica en Oaxaca

*Asesina a una niña; nadie brinda apoyo a familia
*Su madre herida de bala es testigo de otra ejecución en el mismo lugar
*Nadie se ha pronunciado por el asesinato de la niña
Oaxaca, Oaxaca, Domingo 27 de Noviembre, 2022 (Fuente: Agencias).- En pleno momento de transición de la administración estatal, nadie, ningún gobierno saliente ni entrante se ha hecho o hará responsable por el asesinato de la niña Daira, quien, junto a su madre herida de bala, vendían empanadas y gelatinas en la agencia municipal de San Juan Chapultepec, municipio de Oaxaca de Juárez (capital del estado). Ambas atendían a integrantes del sindicato CATEM cuando fueron ejecutados.
El ataque directo fue en contra de Erick Filiberto J. R., alias “El Chivo”, líder transportista de la Confederación Joven de México en Santa Cruz Xoxocotlán, quien falleció junto a su esposa en el lugar.
La desoladora historia de la familia que hoy vela a la niña asesinada y que para nadie de los gobiernos es importante, se remonta al 2019, cuando el candidato para volver a ser agente de San Juan Chapultepec, Norberto Ayala Vega, fue asesinado; esa ocasión la madre de la menor también fue herida de bala y contaba con medidas cautelares por ser testigo del crimen.

Este sábado, donde el ajuste de cuentas, rencillas políticas, deudas con el crimen organizado o líos de sindicatos, cobraron una vez más vidas inocentes, entre ellas la de Daira.
Hoy, en su humilde hogar ubicado a 200 metros de donde fue asesinada, su madre y sus dos hermanas no logran aún entender qué sucedió. La pobreza que las rodea, junto al dolor, impunidad, injusticia, pero también su fe, el cariño y solidaridad de sus vecinos, son las únicas que las sostienen.
Ningún gobierno estatal ni municipal, políticos, ni organizaciones o activistas han protestado por el asesinato de Dalia. Nadie se ha solidarizado para brindarles algún tipo de apoyo.
Su madre, víctima también y con una bala incrustada en su pierna, tuvo que pedir su salida voluntaria del hospital donde era atendida, cuando le informaron la desgarradora noticia que su niña había muerto. Ellas solas velan a Daira en su casita de láminas.
La madre llorando amargamente sólo espera poder enterrarla. Ella tiene la esperanza de poder volver y someterse en el hospital civil una cirugía para extraerle la bala alojada en su cuerpo y que la tiene en una silla de ruedas frente al féretro de su hija.
“Tenemos mucho miedo, nos van a querer matar para no dejar testigos”, afirman las hijas y la madre de la menor asesinada.

