Almadía ratifica el Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat

*La Editorial Almadía ratifica el premio a “Donde el agua trabaja” del narrador peruano David Silva, y cuestiona la autoridad de la IA para evaluar obras literarias

Oaxaca, Oaxaca, Sábado 07 de Noviembre, 2026, (Fuente: Comunicado y El País).- En relación a que la novela “Donde el agua trabaja”, premiada con el Primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat, estaba escrita por la Inteligencia Artificial (IA) al 99%, según el detector Pangram, la Editorial Almadía ratificó el premio al narrador David Silva, acusado de usar IA.

Por eso, la editorial dio su explicación a través de un comunicado.

A nuestros lectores y a toda la comunidad del libro:

Queremos agradecer las innumerables muestras de cariño y apoyo que escritores, lectores, libreros y editores nos han ofrecido durante estas semanas. Su respaldo, además de hermoso, ha sido fundamental para el autor y para quienes formamos parte de este premio. Estamos agradecidos también con quienes han pedido prudencia, han formulado preguntas y han defendido la necesidad de examinar los hechos sin convertir la sospecha en condena pública.

Este premio reúne el trabajo y la confianza de muchas personas. Por respeto al autor, a las juradas, a la Sociedad Ventosa Arrufat y a los lectores, Editorial Almadía decidió realizar una revisión de Donde el agua trabaja. Tras concluirla, la editorial reitera su confianza en David Silva Rojas y mantiene el fallo del I Premio Internacional de Novela Breve Almadía-Ventosa Arrufat. Quienes suscribimos este comunicado compartimos esa confianza y respaldamos la decisión.

La revisión se llevó a cabo a partir de los materiales aportados por el autor sobre el proceso de escritura de la novela. David mantuvo en todo momento una actitud abierta y disposición para colaborar, atender las preguntas de la editorial y aportar la información solicitada.

Almadía fundamentó su juicio en criterios humanos, a partir del conjunto de la información examinada, su relación con la obra y las distintas conversaciones sostenidas con tecnólogos, abogados y peritos lingüísticos durante el proceso.

El fallo de Cristina Rivera Garza, Selva Almada y Mónica Ojeda fue una decisión literaria, tomada a partir de la lectura de las obras que concursaron. Respaldamos ese fallo y reafirmamos la independencia del criterio de las integrantes del jurado.

A lo largo de más de veinte años, Almadía ha construido vínculos que requieren atención, diálogo y confianza. Esa confianza implica un riesgo, pero hace posible el trabajo editorial y nuestra vida en común. Compartimos la convicción de que la relación entre escritores y editores debe conservar esa confianza y no convertirse en una vigilancia permanente.

Entendemos que las dudas sobre una novela premiada tienen interés periodístico y deben examinarse con seriedad. También creemos que los resultados de una herramienta de detección no bastan por sí solos para dar por demostrado cómo se escribió una obra. Cuando está en juego la reputación de alguien, es necesario escuchar a las personas involucradas, dar tiempo para sus respuestas y examinar el conjunto de la información disponible.

Almadía decidió suspender la gira de David en España para protegerlo y evitar que una presentación se convirtiera en un interrogatorio. Una presentación es, ante todo, una celebración y un encuentro alrededor de un libro. Tampoco parecía prudente exponer a quienes iban a acompañarlo a una situación de esa naturaleza.

La cobertura de este caso en uno de los periódicos de mayor alcance en lengua española nos lleva a reflexionar sobre el poder de las palabras y la responsabilidad de quienes las pronunciamos. A nuestro juicio, no siempre se distinguió con suficiente claridad entre una sospecha y un hecho demostrado, y eso tuvo consecuencias para el autor, las juradas y la editorial. La capacidad de amplificar una afirmación exige también cuidado hacia las personas sobre las que se informa. Nos parece importante señalarlo, no para cuestionar el legítimo ejercicio del periodismo, sino porque creemos que reflexionar sobre sus consecuencias es también una forma de ejercer esa responsabilidad. En ese sentido, una disculpa por parte del diario sería, a nuestra manera de verlo, un gesto de respeto y consideración.

Las noticias ya se publicaron y seguimos todos aquí: periodistas, autores, editores, jurados, distribuidores, libreros y lectores. Compartimos un espacio que necesita crítica, preguntas y capacidad de rectificación. Queremos que esta experiencia nos ayude a cuidar ese espacio y los vínculos que lo hacen posible.

Desde nuestra vinculación con la literatura latinoamericana, también nos preguntamos qué implicaciones tiene conceder a empresas del norte global la autoridad para validar nuestras formas de escribir. Nos preocupa que esa autoridad termine condicionando la propia escritura. En 1984, George Orwell puso en boca de Syme esta frase: «Cada año habrá menos palabras y el radio de acción de la conciencia será cada vez más pequeño». ¿Qué ocurre, entonces, cuando alguien evita una palabra, una cadencia o un procedimiento por temor a ser calificado por una máquina?

No nos interesa convertir esta controversia en una discusión interminable. El uso de la inteligencia artificial como herramienta de detección ha abierto un debate en el mundo editorial. Por nuestra parte, preferimos seguir confiando en el criterio humano.

Sabemos que hoy esta declaración encuentra una atención que probablemente no tendría en otras circunstancias. Nos escuchan porque estamos bajo un reflector que no buscamos. Queremos que esa atención llegue también a nuestros autores y, sobre todo, a sus libros, que dan sentido a este proyecto compartido. Queremos seguir haciendo lo que nos reúne: leer, escribir, editar, publicar y compartir literatura. Acompañar a quienes escriben y propiciar su encuentro con los lectores seguirá siendo el centro de nuestro trabajo.

Editorial Almadía

Sociedad Ventosa Arrufat

Cristina Rivera Garza

Mónica Ojeda

Selva Almada

La novela premiada ‘Donde el agua trabaja’ está escrita por IA al 99%, según el detector Pangram

Y esa que, según publicó el diario de España “El País”, la novela corta Donde el agua trabaja, del autor peruano David Silva Rojas, contiene un 99% de texto generado por una IA, según Pangram, uno de los detectores mejor valorados de texto producido por máquinas. El escrito recibió en julio de 2026 el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat. A raíz del galardón y la publicación, la obra debía presentarse este viernes en Madrid y después en otras ciudades españolas, pero la editorial ha decidido suspender todos los actos. Se trataría del primer caso de este calibre en el mundo de la literatura en español.

El premio fue convocado en noviembre de 2025 por la editorial mexicana Almadía y la fundación española Ventosa Arrufat. Sus bases eran explícitas sobre el uso de la IA: “La participación en el premio implica la declaración expresa de que la obra no ha sido escrita, parcial o totalmente, mediante herramientas de inteligencia artificial. Ante cualquier indicio o sospecha de incumplimiento de esta disposición, la obra será descalificada, independientemente de la fase del proceso en la que se encuentre”. Resultó premiada entre 2.204 manuscritos por un jurado compuesto por la escritora mexicana Cristina Rivera Garza, la autora argentina Selva Almada y la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda. La novela fue publicada internacionalmente hace unos días, entre los elogios del jurado, que subrayaba “el uso de los silencios” y la construcción “con un lenguaje sutil, oraciones breves como el goteo de los regadores en las viñas, sin caer nunca en la tentación del panfleto ni la declamación”. El libro se publicó en septiembre y se iba a presentar, antes de la suspensión de la gira, en Madrid, Barcelona, Sevilla y Cádiz.

Contactados a primera hora de la mañana por EL PAÍS, desde la editorial Almadía transmiten su sorpresa ante la investigación y aseguran que en ningún momento del proceso han sospechado del autor. Este periódico ha compartido con la editorial varios de los indicios que llevan a sospechar de la utilización de IA para la redacción del libro y ha preguntado por la existencia de borradores o registro de versiones. La respuesta es que la cuestión es compleja y piden tiempo para hablar con el autor y continuar con sus propias investigaciones. La editorial no ha respondido a nuevas llamadas para poder hablar directamente con Silva Rojas.

Tras la publicación de este artículo, Almadía ha emitido un comunicado en redes donde dicen que el autor niega haber usado la IA en su novela y que se preparan para investigarlo: “Consideramos necesario realizar una revisión detallada, sin anticipar conclusiones y con el cuidado que requiere una valoración que puede afectar a una obra y su autor”.

El veredicto de Pangram con la novela de Silva Rojas llega apenas dos días después de la confirmación de que el canadiense Thélyson Orélien usó IA en la redacción de su novela C’était ça ou mourir, premiada en Francia. La editorial se ha desvinculado de su autor tras una investigación interna.

Hace una semana, este periódico analizó 175 libros populares en España. Uno de cada tres superventas autopublicados contiene mucho texto generado con IA, según el detector Pangram. Ninguno de los libros premiados analizados daba señales. Ahora ha surgido el primer sospechoso: Donde el agua trabaja. Pangram dice que el 99% del texto de la novela está generado con un modelo de IA. Hemos analizado el libro entero, unas 26.000 palabras, con la versión 4.1 de Pangram.

Silva Rojas es abogado especializado en Derecho Penal e investigador. Nació en Ica (sur de Perú) en 1981 y afirma haber vivido desde temprana edad en Toyohashi, Japón, donde habría obtenido “el primer lugar en el certamen literario Novo Mundo” con un relato en portugués, hechos que EL PAÍS no ha podido verificar. Este año ha obtenido también una mención honrosa en el XXIX Concurso de Novela Corta “Julio Ramón Ribeyro”, con la novela La limpieza, no disponible en internet. Ha contado en entrevistas que Donde el agua trabaja nació de una investigación académica suya sobre los jornaleros de la agroexportación en Ica, con entrevistas y visitas a las fincas. Es su primera novela publicada.

El autor también ha explicado que buscó un estilo concreto. En una entrevista con la revista Ulrica contó que de Japón tomó la idea del haiku, “su capacidad de concentrar una experiencia en muy pocos elementos”, y que eso afectó al ritmo de la novela. Es un dato a tener en cuenta. Los detectores aprenden patrones de estilo y algunos modelos de IA tienden también a las frases muy breves. No hay pruebas de que ese estilo confunda a Pangram, que se fija en patrones que no se ven a simple vista, pero tampoco puede descartarse.

Además, hay otros indicios que apuntan al uso de inteligencia artificial. Pangram atribuye a una IA el 97% de las respuestas de Silva Rojas precisamente en esa entrevista publicada en septiembre por la revista Ulrica. En cambio, el texto de la periodista que firma la entrevista, con la presentación y las preguntas, sale entero como resultado del trabajo humano. El detector también atribuye a una IA el 80% de un texto en primera persona sobre cómo nació la novela, que el autor publicó ese mismo mes en la web de Ventosa-Arrufat, de 924 palabras y escrito en prosa convencional. Hemos medido que ninguno de esos textos tiene el estilo de frases cortas de la novela.

¿Es fiable el detector? Pangram no es infalible. En fragmentos cortos, a veces basta tocar una palabra para que cambie de criterio, aunque en textos largos es mucho más estable. La empresa sostiene que su tasa de falsos positivos es muy baja, es decir, que rara vez marca como IA un texto escrito por una persona. Su consejero delegado, Max Spero, explicó en el podcast Mixed Signals que la miden con millones de textos anteriores a 2022 “que sabemos que no están generados por IA, pero que tampoco están en nuestro conjunto de entrenamiento”. Según sus números, el detector marca como IA uno de cada 24.000 textos escritos por personas. EL PAÍS hizo sus propias pruebas para su análisis anterior: ninguno de los 56 libros publicados en 2019 y 2020 dio señal de IA, ni tampoco los libros recientes de autores como Javier Cercas, Isabel Allende o María Dueñas. Y detectó los 29 textos que escribimos con IA.

Pero un caso concreto siempre puede ser la excepción. Hay que entender qué es lo que detectan estos sistemas. Reconocen que un texto ha sido generado con IA porque sigue ciertos patrones, pero eso no dice qué papel tuvo una persona en el proceso. Se puede usar la IA para una escritura muy perezosa, casi automática, o para convertir en prosa notas, entrevistas o ideas propias. Un detector no distingue entre ambas cosas. Más delicadas son las bases de este premio: excluían también las obras escritas “parcialmente” con IA.