Minúsculas para un cargo de grandeza

*Funcionario del Registro Civil de Oaxaca, un analfabeta con suerte
Oaxaca, Oaxaca, Martes 12 de Mayo, 2026, (Fuente: Ernesto Rojas Ayuzo / X: @rojasayuzo).- En política, la forma siempre es fondo. No se trata de un purismo gramatical, ni de una cacería de brujas ortográfica; se trata de la dignidad que exige el servicio público.
Por ello, resulta no sólo irónico, sino profundamente preocupante observar la ligereza con la que el titular del Registro Civil de Oaxaca, Luis Alberto Sosa Castillo, se desenvuelve en sus canales oficiales.
La imagen que circula en redes —donde el funcionario saluda a sus compañeras de «juchitan» y celebra el bienestar de «oaxaca», así, con minúsculas— es el síntoma de una enfermedad administrativa más grave: la erosión de la capacidad técnica frente al compadrazgo político.
¿Cómo podemos confiar la certeza jurídica de nuestras actas de nacimiento, matrimonio o defunción a alguien que no muestra respeto por el nombre de su propia tierra? El Registro Civil es, por definición, el santuario de la fe pública y la precisión documental.
Si el capitán del barco no es capaz de escribir correctamente los nombres propios de los municipios que visita, ¿qué podemos esperar del rigor con el que se resguardan los archivos de identidad de un estado tan complejo como el nuestro?
Este episodio no es un hecho aislado, sino una estampa recurrente en la «esperada» transformación. Se nos prometió que la honestidad bastaba para sustituir a la experiencia, pero lo que vemos es que la mediocridad se ha disfrazado de cercanía con el pueblo.
Escribir mal no te hace más humilde ni más cercano; te hace menos apto para una responsabilidad que pagamos todos.
Oaxaca es una entidad de una riqueza cultural y lingüística inconmensurable. Ver el nombre de nuestro estado y el de la emblemática Juchitán rebajados a la minúscula en la cuenta de un funcionario de primer nivel, es una bofetada a la seriedad institucional.
Si para el titular del Registro Civil los nombres propios carecen de importancia, para los ciudadanos su falta de profesionalismo no debería pasar desapercibida.
Un gobierno que aspira a la grandeza no puede permitirse funcionarios que operen desde la pequeñez intelectual.
Es hora de que el nivel de la administración pública esté a la altura del nombre que dicen representar: con mayúsculas y con respeto.
