En Oaxaca sólo una redistribución del poder

*El llamado “relanzamiento” de Salomón Jara terminó siendo un simple reacomodo de apellidos, de clanes políticos
*El “cambio profundo” en el gabinete del gobernador de Oaxaca sólo fue una cirugía cosmética
Oaxaca, Oaxaca, Jueves 19 de Febrero, 2026, (Fuente: Eugenio González | El Piñero y Facebook: Miguel Ángel Cruz Ramírez).- El llamado “relanzamiento” del gobierno de Salomón Jara en Oaxaca, comienza a mostrar su verdadero rostro. Entre los nombramientos recientes destaca el de Luis Alberto Sosa Castillo como nuevo director del Registro Civil de Oaxaca, sobrino de Flavio Sosa Villavicencio, actual secretario de las Culturas y Artes.
Lejos de enviar un mensaje de ruptura con el nepotismo que tanto ha sido cuestionado en la actual administración, el movimiento refuerza la percepción de que los espacios estratégicos continúan quedando en manos de círculos familiares.
El Registro Civil no es una oficina menor, maneja identidad jurídica, trámites fundamentales y control administrativo sensible. Que esa posición recaiga en un familiar directo de un integrante del gabinete vuelve a colocar bajo la lupa la congruencia del discurso oficial sobre transparencia y combate a privilegios.
El caso no es aislado. También se observa el relevo entre Alejandro López Jarquín, quien dejó el IOCIED, y la llegada de su hermano Carlos López Jarquín a CORETURO. Cambian los nombres, pero no los apellidos.
El gobernador presentó estos ajustes como parte de una “limpieza” y reconfiguración profunda tras el desgaste político derivado de la consulta de revocación. Sin embargo, más que una transformación estructural, lo que se aprecia es una redistribución interna del poder.
El problema no es únicamente legal —pues muchas veces estos movimientos se blindan jurídicamente— sino político y ético. La concentración de cargos en familias vinculadas al gabinete envía una señal contradictoria frente al discurso de combate al nepotismo y de apertura a nuevos perfiles.
El “relanzamiento” prometía sacudir inercias. Pero hasta ahora, para muchos observadores, parece más una cirugía cosmética que una renovación de fondo. En Oaxaca, el cambio anunciado terminó siendo, otra vez, cuestión de apellidos.
Cambios cosméticos, intocables intactos y más cuotas familiares
De este modo, Salomón Jara Cruz se burla y engaña otra vez del pueblo de Oaxaca: cambios cosméticos, intocables intactos y más cuotas familiares, finge “limpieza” sacando a su sobrino político, pero protege a Saymi Pineda y Jesús Romero mientras mete cuotas familiares como Alba Velasco en el INJEO (Instituto de la Juventud del estado de Oaxaca).
El gobernador Salomón Jara Cruz salió a anunciar su tan esperado “relanzamiento” de gobierno, tras el mensaje claro que le dio la ciudadanía en la revocación de mandato del 25 de enero: cientos de miles de votos en contra, especialmente en la capital, gritando hartazgo por la ineficiencia, el nepotismo y la corrupción.
¿Resultado? Un espectáculo mediático con salida de 16 funcionarios —muchos de ellos ya cuestionados—, creación de una Secretaría del Agua que suena bien en el discurso, y nuevos nombres en Seguridad, Educación e Infraestructura. Pero el núcleo duro del poder permanece intacto.
Saymi Pineda y Jesús Romero, los operadores políticos más señalados por su influencia desmedida, presuntos privilegios, ineficiencia y hasta nexos cuestionables, siguen en sus puestos como si nada. Intocables. Inamovibles. Mientras el pueblo sufre rezagos en seguridad, educación, infraestructura y agua, ellos continúan decidiendo el rumbo —o el estancamiento— de Oaxaca.
Y no para ahí la decepción. En el Instituto de la Juventud (INJEO), Samantha Mota sale para dar paso a Alba Velasco Armas, ¡hermana del secretario de Formación y Capacitación de MORENA, Alejandro Velasco Armas! Otra “coincidencia” que huele a cuota familiar y reciclaje de clanes.
Apellidos que se repiten, redes de lealtades por encima de la capacidad y los resultados. El gobernador habla de “capacidad, trayectoria y resultados”, de evaluaciones semestrales y combate al nepotismo. Pero los hechos lo desmienten: se sacude algunos familiares directos (como el caso Vichido) para aparentar limpieza, mientras fortalece otros vínculos consanguíneos y protege a los “incondicionales” que han fallado al pueblo.
Esto no es renovación, es control de daños. No es escuchar al pueblo, es reírse en su cara, Oaxaca merece mucho más que promesas vacías y enroques cosméticos. Merece una transformación real que rompa con cuotas, favores y nepotismo. Que entregue seguridad sin miedo, educación de calidad, caminos transitables y agua todos los días, no cada 40.
¿Para cuándo la renuncia real, gobernador? El comité popular y miles de oaxaqueños la exigen desde la revocación. El tiempo de las excusas se acabó. El pueblo no se deja engañar más.

