Oaxaca, tierra fértil para la impunidad

*Salieron de prisión 3 objetivos prioritarios en menos de un año: “El Popeye”, “El Gato” y “El Oaxaco”

Oaxaca, Oaxaca, Jueves 29 de enero, 2026, (Fuente: Plataforma Informativa Oaxaca).- En un escenario que desafía cualquier lógica de procuración de justicia, el sistema judicial en Oaxaca ha permitido la liberación de tres de los líderes criminales y políticos más cuestionados del estado en menos de un año.

Mientras las cifras oficiales de seguridad se debaten en discursos, la realidad en las calles se ve sacudida por el retorno de figuras vinculadas al homicidio, el control de sindicatos y el cacicazgo regional.

De la máxima seguridad a la libertad

El caso más polémico y cínico es el de Salvador Vásquez Taboada, alias “El Popeye”, quien es integrante del Sindicato Confederación Joven y fue sentenciado a 35 años de prisión por el homicidio de Luis Alberto, un joven músico de 16 años en el municipio de San Lorenzo Cacaotepec, del distrito de Etla, región Valles Centrales de Oaxaca.

En su momento, el director de la Banda del Instituto Intercultural Calmécac, Nathanael Lorenzo, hoy funcionario del Secretariado Ejecutivo de la SSPC, protestó por la dilación de la justicia en el caso del menor Luis Alberto, aunque ahora calla y hace como que no ve lo que ocurre, cuando en su momento condenó que el gobierno negociara con “sindicatos delincuenciales”.

El argumento legal fue una “sustitución de pena por enfermedad grave”, citando un diagnóstico de cáncer; dicha prerrogativa fue brindada por la juez Miroslava Echeverría Sierra del juzgado de lo penal, ubicado en Tanivet, Tlacolula, Oaxaca.

Sin embargo, reportes de inteligencia ciudadana y vecinos de San Lorenzo Cacaotepec aseguran que “El Popeye” no sólo goza de cabal salud, sino que ha retomado sus actividades operativas bajo el cobijo de la Confederación Joven, grupo liderado por Iván Villaseca, con conocidos vínculos en la estructura política actual.

El peso político sobre la justicia: El caso de “El Gato”

Por otra parte, la absolución de Gustavo Díaz Sánchez, alias “El Gato”, ha marcado un hito en la historia de la impunidad oaxaqueña.

El exdiputado priísta ligado al CJNG, quien enfrentaba una sentencia de 105 años de cárcel por crímenes de alto impacto, recuperó su libertad de la noche a la mañana, tras apenas cuatro años tras las rejas.

Su salida se da en medio de un sospechoso transformismo político, pasando de las filas del PRI a las del PT, aliados nacionales de Morena, lo que para analistas sugiere una negociación de alto nivel, donde la justicia penal fue sacrificada en el altar de la conveniencia político delictiva.

“El Gato” fue absuelto de todos los delitos que se le imputaron y, aunque unas autoridades mencionan que fue bajo un amparo, otros despistados, como el Secretario de Seguridad Pública de Oaxaca, Iván García Álvarez, afirma que su salida fue debido a su buen comportamiento, pues “nunca dio lata al interior del penal”.

El retorno de “El Oaxaco”

A esta lista se suma Carlos Ríos Suárez, alias “El Oaxaco”, cuya sombra de violencia se extiende sobre el municipio de la capital oaxaqueña.

Señalado como autor intelectual del asesinato de un oficial de Atzompa en un alcoholímetro irregular, tras un decomiso de droga no reportado, Ríos Suárez salió libre en diciembre de 2025.

A pesar de la gravedad de los señalamientos, su defensa logró reducir su estancia en prisión a una falta menor por portación de arma de fuego sin licencia, dejando el caso del homicidio en un limbo jurídico que parece destinado al archivo.

El crimen es redituable y la justicia es negociable

La liberación de estos tres perfiles envía un mensaje devastador a la sociedad oaxaqueña: el crimen es redituable y la justicia es negociable.

“No se trata de fallas técnicas en los expedientes, se trata de una voluntad política y judicial que prefiere el pacto con el victimario que la protección de las víctimas”, señalan activistas bajo condición de anonimato por temor a represalias.

Hasta el momento, ni la Fiscalía General de la República ni el Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca han emitido una postura clara que justifique, cómo sentencias centenarias y perfiles de alta peligrosidad se desvanecieron en menos de un año, regresando a Oaxaca a una era de cacicazgos y terror.