San Jacinto Amilpas, cuna política que acomoda “huesos” en familia

Oaxaca, Oaxaca, Lunes 22 de Septiembre, 2025 (Fuente: Agencias).- En Oaxaca, la historia parece repetirse con un guion escrito de antemano: los mismos apellidos, los mismos círculos de poder, los mismos beneficios.
Hoy toca señalar con nombre y apellido a quienes han convertido el servicio público en un patrimonio familiar, sin importar la preparación ni la ética.
El caso de Hilda Pérez Luis
En San Jacinto Amilpas, municipio marcado por pugnas políticas y alianzas de conveniencia, figura Hilda Pérez Luis, ex diputada local y aspirante a la presidencia municipal.
Su trayectoria está llena de movimientos estratégicos, pero también de señalamientos por usar su plataforma no en beneficio colectivo, sino para abrirle camino a su descendencia.
De madre a hija: la Secretaría de las Mujeres
La ruta familiar se consuma con el ascenso de Anahí Monserratt Sarmiento Pérez, su hija, a la titularidad de la Secretaría de las Mujeres del Gobierno de Oaxaca.
Hasta ahí, podría tratarse de continuidad política, pero la polémica se enciende con la falta de cédula profesional registrada públicamente, lo que expone la fragilidad de su legitimidad en un cargo que exige rigor académico y preparación técnica.
¿Quién la respalda?
¿Por qué una institución destinada a proteger a las mujeres termina en manos de alguien cuya trayectoria académica no se sostiene?
La respuesta apunta a lo de siempre: apellidos, conexiones y padrinazgos.
El espejo roto de la meritocracia
En Oaxaca, el mérito se diluye cuando los puestos públicos se reparten como si fueran herencia de familia.
El poder político en San Jacinto Amilpas opera como un círculo cerrado: lo que no alcanza la madre lo conquista la hija, lo que no logran en las urnas se acomoda desde la burocracia.
El resultado es un sistema donde el ciudadano común no encuentra espacios, donde la carrera administrativa no se basa en logros ni conocimientos, sino en sangre y compadrazgo.
Basta de acomodos familiares
El caso de San Jacinto Amilpas y la Secretaría de las Mujeres es solo la punta del iceberg.
Oaxaca padece un cáncer llamado nepotismo: secretarías, institutos y municipios convertidos en botines familiares, protegidos bajo el discurso de la “igualdad” o del “cambio”.
Pero la realidad es clara: el poder sigue en las mismas manos, en los mismos apellidos.
Y la ciudadanía, una vez más, queda relegada a la orilla del banquete político.
Conclusión
No se puede hablar de justicia social mientras los cargos públicos sigan siendo herencia consanguínea.
Oaxaca merece instituciones sólidas, profesionales capacitados y liderazgos auténticos, no huesos acomodados en familia.
El mensaje es severo y necesario:
bastante de nepotismo, basta de heredar el poder como si fuera un negocio familiar.
