De COVID, comodidad y desigualdad en la educación

*De la pandemia a la comodidad: la reducción de horas de clase en educación básica de Oaxaca y del país

Oaxaca, Oaxaca, Domingo 14 de Septiembre, 2025 (Fuente: Agencias).- La pandemia del COVID-19 cambió para siempre la dinámica escolar en Oaxaca y en todo México.

Durante meses, maestros y alumnos se adaptaron a la educación en línea, una modalidad improvisada que buscaba mantener vivo el proceso de enseñanza en medio de la crisis sanitaria.

Sin embargo, el regreso a las aulas presenciales no trajo consigo el restablecimiento de los horarios completos.

Hoy, en pleno 2025, el nivel de primaria en escuelas públicas opera con jornadas reducidas: cuatro horas de clases y, en algunos casos, cuatro horas y media, contando el recreo, tiempo que también disfrutan los docentes.

¿Adaptación o comodidad?

Al inicio, la reducción de horarios parecía comprensible: había que cuidar la salud, evitar aglomeraciones y facilitar la transición. Pero esa medida temporal se convirtió en regla permanente.

La pregunta es: ¿fue por necesidad educativa o por conveniencia laboral?

Especialistas en pedagogía advierten que cuatro horas diarias no bastan para cubrir el currículo completo.

Matemáticas y español absorben casi todo el tiempo, dejando de lado asignaturas vitales como ciencias, historia, artes y educación física.

El resultado: una educación mínima, de sobrevivencia, que condena a los niños al rezago.

La desigualdad se amplía

En escuelas privadas, los padres pueden exigir más horas, reforzar con clases extracurriculares o contratar apoyo.

En las públicas, los niños salen temprano, muchas veces a la calle o frente a un celular, sin acompañamiento ni actividades formativas. Esta brecha educativa aumenta la desigualdad entre quienes pueden pagar por más educación y quienes dependen de lo poco que ofrece el sistema.

Sindicatos, autoridades y maestros

El recorte de horarios no se sostiene solo. Es el producto de una cadena de decisiones y omisiones:

Autoridades educativas que aceptaron mantener jornadas cortas sin medir las consecuencias.

Sindicatos que defienden la comodidad laboral por encima del derecho a la educación.

Docentes que, en lugar de recuperar la entrega que la profesión exige, se conformaron con menos carga frente a grupo.

No se trata de desprestigiar la labor del magisterio –una de las más nobles y complejas–, sino de señalar que la vocación implica sacrificio. Y cuando se reduce la enseñanza al mínimo, el costo lo pagan los alumnos.

El futuro en riesgo

La pandemia terminó, pero la educación se quedó mutilada. Hoy, niños de primaria en Oaxaca estudian la mitad del tiempo que deberían, y eso significa adultos con menos herramientas para el futuro. Menos horas de clase equivalen a menos oportunidades de competir en un mundo que no se detiene.

La sociedad debe preguntarse si está dispuesta a aceptar que las escuelas públicas se conviertan en guarderías de medio tiempo en lugar de espacios de formación integral.

Radar Delta deja clara la advertencia: la reducción de horarios puede parecer un detalle administrativo, pero en realidad es una bomba de tiempo que compromete el futuro de toda una generación.