Red de corrupción y tráfico de influencias en el C4 Oaxaca

Oaxaca, Oaxaca, Jueves 31 de Julio, 2025 (Fuente: Sayda Morales Bustamante / X: @InquisidorOax).- La red de corrupción y tráfico de influencias en el gobierno de Oaxaca ha alcanzado uno de los espacios más delicados en materia de seguridad pública: el Centro de Control, Comando y Comunicación (C4). De acuerdo con información verificada y testimonios internos, José Antonio López Ríos —operador político cercano a Antonino Morales Toledo y chofer del gobernador Salomón Jara— ha logrado imponer a su íntimo “amigo”, Jaime González Estudillo, como director general del C4, una posición clave para el monitoreo y control de las fuerzas de seguridad en todo el estado.
La colocación de González Estudillo en este puesto ha encendido focos rojos al interior del sector seguridad. No se trata sólo de la falta de perfil técnico ni de experiencia en inteligencia operativa; lo que preocupa es el contexto del nombramiento: una estructura de poder construida a partir del nepotismo, los vínculos con redes huachicoleras, y la infiltración de operadores sin formación ni controles reales.
José Antonio López Ríos cobra formalmente como “asesor” en la Secretaría de Administración, con un salario mensual de $35,000 pesos. Sin embargo, no pisa la oficina. Su trabajo, según denuncian empleados, consiste en fungir como secretario particular del senador por MORENA, Antonino Morales, y en manejar los vehículos oficiales del gobernador Jara Cruz en eventos públicos. La contradicción no es menor: un funcionario sin preparación profesional, sin presencia física en su centro de trabajo, y con vínculos con actores investigados por robo de combustible y desvío de recursos públicos.
López Ríos ha sido ya objeto de escándalo por su detención en 2024 en el Istmo de Oaxaca, donde fue asegurado por portar 500 mil pesos en efectivo, bidones con gasolina presuntamente robada y una pistola calibre 9 milímetros. Pese a las pruebas fotográficas, la detención nunca se formalizó ante el Ministerio Público. Fuentes militares y de seguridad han señalado que fue liberado tras la intervención directa de su jefe político, el senador Antonino Morales Toledo.
La estructura tejida por López Ríos, su familia y allegados ha comenzado a ser identificada por trabajadores del gobierno como “Las Hamponinas”, una red de operadores sin formación profesional, cuya única credencial es la cercanía con altos funcionarios. La colocación de Jaime González Estudillo en el C4 representa un riesgo inminente para la seguridad del estado, en tanto se trata de una institución encargada de operar el 911, coordinar emergencias, vigilar con cámaras las zonas de mayor incidencia delictiva y compartir información con fuerzas federales.
Con una dirección infiltrada por vínculos personales y lealtades políticas, el C4 podría dejar de ser un centro de mando para convertirse en un centro de protección de intereses oscuros.
Con el nombramiento de González Estudillo y la presencia cada vez más activa de “Las Hamponinas”, el gobierno de Oaxaca se hunde en una lógica de captura institucional donde las oficinas públicas no se usan para servir, sino para blindar intereses personales y criminales.
La seguridad pública no puede estar en manos de operadores con vínculos cuestionables, relaciones encubiertas y agendas personales. Mucho menos en manos de quienes ven al gobierno como un feudo. Mientras las víctimas de violencia esperan respuesta, el C4 se convierte en botín político.
