La gran alianza en la región Istmo

*La red cae: la detención de Jorge López Guerra arrastra a Miguel “Quetu” y exhibe la alianza política del narco en la zona

Oaxaca, Oaxaca, Martes 24 de Junio, 2025 (Fuente: Sayda Morales Bustamante / X: @InquisidorOax).- La detención de Jorge López Guerra, líder de la Unión Ganadera del Istmo, no sólo representaría la caída de un operador clave para la delincuencia organizada en Oaxaca, sino que pone bajo el reflector federal a todo un entramado político-criminal del que Miguel Ángel Sánchez Altamirano, alias “Quetu”, actual presidente municipal de Juchitán, forma parte activa.

López Guerra fue capturado en abril de este 2025 por efectivos de la Secretaría de Marina, como parte de la Operación Sable en Juchitán, una estrategia de alto nivel impulsada por el gobierno de Claudia Sheinbaum y coordinada desde la Secretaría de Seguridad a cargo de Omar García Harfuch, con el objetivo de desmantelar redes de protección al crimen organizado enquistadas en estructuras municipales de la región Istmo de Oaxaca.

De acuerdo con fuentes federales e inteligencia naval, el dirigente ganadero no sólo facilitaba refugio y logística al Cártel de Sinaloa desde ranchos de la Unión Ganadera, sino que también tejía alianzas con políticos locales, siendo Miguel “Quetu” uno de los más relevantes. Documentos de inteligencia naval lo relacionan como pieza de enlace entre grupos criminales, municipios del Istmo y diputados locales, lo que explica el nivel de impunidad con el que operaba.

López Guerra, más que un ganadero, fungía como financista, mediador y protector institucional de las operaciones de la delincuencia organizada. Su cercanía con “Quetu” no era menor: el edil le abrió espacio dentro de su proyecto político, facilitándole conexiones con poder económico, contratos y protección.

Este pacto no es anecdótico. Es parte de un esquema funcional de gobernabilidad alterna: el narco necesitaba instituciones a modo, y los políticos necesitaban músculo territorial, recursos y votos. La Unión Ganadera fue el canal perfecto.

Con la caída de López Guerra, el gobierno federal ha mandado un mensaje contundente: la red de complicidades en el Istmo no está fuera del radar. La operación no se limita a arrestar sicarios o recoger armas, va por quienes permiten que las estructuras criminales operen desde oficinas públicas.

Para “Quetu”, el golpe es doble. Su figura política queda expuesta como facilitador institucional del crimen organizado, y las autoridades federales ya siguen de cerca sus movimientos. La pregunta no es si sabía, sino cuánto sabía, cuánto permitió y cuánto se benefició de esa relación.

La operación coordinada por la Marina y Harfuch no se trata de un hecho aislado. Es la antesala de un reordenamiento en la estrategia de seguridad nacional para recuperar el Istmo como corredor estratégico. Y eso implica limpiar —con fuerza legal y presión política— las estructuras de poder corrompidas desde dentro.

Hoy cae Jorge López Guerra. Mañana podrían seguir aquellos que lo blindaron.