Emilio Montero y su incapacidad probada

Oaxaca, Oaxaca, Viernes 21 de Agosto, 2026, (Fuente: Ernesto Rojas Ayuzo / X: @rojasayuzo).- En política, culpar a otro siempre es más sencillo que explicar la propia incompetencia y falta de capacidad.
Tal es el caso de Emilio Montero Pérez, ahora titular del IEEPO (Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca), quien, cuando fuera presidente municipal de Juchitán, en un intento por eximir sus alianzas delictivas, entregó simbólicamente las llaves de la ciudad a Dios, como si con ello pudiera responsabilizarlo del asentamiento de la delincuencia organizada en esa ciudad.
Lo mismo ocurre ahora en el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, no porque la delincuencia o líderes de ella en el Istmo estén incrustados en la nómina, sino por la falta de pago de por lo menos 11 millones de pesos por concepto de energía eléctrica de las escuelas y, en lugar de asumir su responsabilidad, culpa a otros de su falta de compromiso, atención y dirección de la dependencia que mal administra.
El cuestionado funcionario, ahora desde el IEEPO, arremete contra la CFE (Comisión Federal de Electricidad), por los cortes de energía en escuelas y oficinas administrativas, cuando el año escolar está a punto de iniciar.
Habla de “inflexibilidad” e “insensibilidad”, como si la electricidad fuera un acto de buena voluntad y no un servicio que, tarde o temprano, alguien tiene que pagar.
El problema es que, mientras el IEEPO reclama que no le corten la luz, sus propias cuentas parecen estar en penumbras.
Si los reportes financieros muestran en cero el gasto destinado a energía eléctrica, la pregunta resulta inevitable: ¿quién está pagando la luz de las escuelas y cuánto se debe realmente?
La respuesta, por supuesto, no llega. Se evade y, sobre todo, no se explica qué ocurre con los recursos destinados para ese fin.
Porque una cosa es defender a las comunidades escolares y otra muy distinta es salir a regañar a la CFE, como hacía Emilio en el Istmo, sin explicar primero las cuentas propias.
Antes eran las llaves de Juchitán. Ahora son los recibos de la luz. Pero Porfirio parece querer que todo se lo resuelva Dios.
Y en ambos casos queda la misma pregunta de fondo: ¿quién tiene realmente las llaves de la administración pública?
El problema en el IEEPO no es solamente que alguien haya cortado la electricidad. Quizá lo que está fallando es algo mucho más básico: la capacidad de hacerse responsable.
