Cuando una menor denuncia y el sistema le da la espalda

Oaxaca, Oaxaca, Viernes 29 de Mayo, 2026, (Fuente: Facebook: Sofía Valdivia “TU VOZ” Oaxaca).- En Oaxaca hay algo más peligroso que un agresor: un sistema que guarda silencio mientras una menor pide ayuda.

El caso del profesor del COBAO 08 de Huajuapan (en la región Mixteca de Oaxaca), señalado por presunta violación equiparada y abuso sexual contra una estudiante menor de edad dejó de ser únicamente una investigación penal. Hoy se convirtió en un espejo incómodo que exhibe el abandono institucional, la indiferencia política y el enorme vacío de protección que enfrentan muchas niñas y adolescentes cuando se atreven a denunciar.

Porque mientras una joven y sus compañeras rompían el miedo para exhibir públicamente lo ocurrido, las instituciones que deberían protegerlas parecían esconderse detrás de comunicados tibios, protocolos lentos y silencios burocráticos.

Y eso duele más.

Duele porque en cada discurso oficial se repite que “las niñas no están solas”, que “las mujeres serán protegidas”, que “la prioridad son los derechos de la niñez”. Pero cuando una estudiante denuncia una presunta agresión sexual dentro de una escuela pública, la realidad parece completamente distinta.

La víctima termina enfrentando no sólo el trauma de la agresión, sino también el peso brutal del abandono.

Porque las alumnas tuvieron que hacer lo que le correspondía al Estado:

*Salir a protestar

*Romper el silencio

*Poner tendederos

*Hacer ruido

*Exhibir públicamente lo que presuntamente nadie quiso atender a tiempo

Sin la presión social y sin el escándalo generado por las estudiantes, miles de personas creen que el caso probablemente seguiría escondido entre escritorios, carpetas y trámites interminables.

Y ahí nace la verdadera indignación social.

No solamente por el presunto delito.

Sino porque la ciudadanía siente que otra vez las autoridades reaccionaron porque fueron exhibidas, no porque realmente estuvieran protegiendo a una menor.

En Huajuapan la pregunta es cada vez más fuerte:

¿Dónde estaban las instituciones encargadas de cuidar a las adolescentes?

¿Dónde estaba el acompañamiento psicológico?

¿Dónde estaba la protección inmediata?

¿Dónde estaba el respaldo visible para las alumnas que hoy tienen miedo de entrar a un salón de clases?

Porque mientras las jóvenes gritaban justicia, gran parte del aparato institucional permanecía frío, distante y políticamente cómodo.

Y ese silencio también violenta.

Las críticas alcanzan directamente a las autoridades municipales y organismos encargados de la protección de niñas, niños y adolescentes, particularmente porque la ciudadanía esperaba una postura mucho más firme, humana y contundente frente a un caso que golpeó profundamente a la comunidad estudiantil de la Mixteca.

Pero el enojo social también abrió otra discusión incómoda:

muchas personas comenzaron a cuestionar por qué algunas voces que suelen encabezar discursos feministas o de defensa de las mujeres hoy no mantienen la misma presión pública permanente en este caso.

Porque cuando una menor denuncia abuso sexual, la defensa no debería depender de intereses políticos, relaciones personales o cálculos mediáticos.

La justicia tendría que ser inmediata, visible y sin titubeos.

Hoy las estudiantes del COBAO terminaron convirtiéndose en las verdaderas defensoras de su compañera. Fueron ellas quienes enfrentaron el miedo, quienes alzaron la voz y quienes obligaron a las autoridades a reaccionar.

Y eso es devastador.

Porque ningún grupo de adolescentes debería cargar sobre sus hombros la responsabilidad de exigir la protección que el propio sistema debió garantizar desde el primer momento.

El caso COBAO Huajuapan ya no habla solamente de un presunto agresor.

Habla de un Estado que sigue llegando tarde.

Habla de instituciones que muchas veces reaccionan sólo cuando la presión social las exhibe.

Y habla de una generación de jóvenes que aprendió que, en Oaxaca, para que una víctima sea escuchada… primero tiene que hacerse viral.