Con nuestros narcos no

*MORENA, la defensa de la soberanía disfrazada de impunidad
Oaxaca, Oaxaca, Lunes 18 de Mayo, 2026, (Fuente: Ernesto Rojas Ayuzo / Plataforma Informativa Oaxaca).- La historia de América Latina tiene una trágica tendencia a repetirse, mudando de acentos y geografías, pero conservando idéntica su podredumbre.
Lo que hoy atestiguamos en México no es una crisis política ordinaria; es la consumación de un modelo de captura estatal que la Colombia de finales de los años ochenta inauguró con sangre y fuego.
La reciente e impuesta marcha de Morena en Chihuahua, cobijada bajo la bandera de la «defensa de la soberanía nacional», es el síntoma más depurado de este mal. Con el pretexto de protestar por un incidente que involucró a agencias extranjeras en la sierra, la cúpula oficialista —encabezada por Ariadna Montiel y Andrés Manuel López Beltrán— se movilizó al estado fronterizo.
Sin embargo, detrás de la retórica antiimperialista se esconde una burda operación de distracción y encubrimiento.
La verdadera soberanía que el partido en el poder parece defender no es la del pueblo de México, sino la impunidad de las corporaciones criminales que financian sus estructuras y blindan sus feudos territoriales.
No es coincidencia que el oficialismo busque desesperadamente cambiar la narrativa.
El telón de fondo de esta movilización es el demoledor cerco judicial y político tendido desde los Estados Unidos.
El Departamento de Justicia y diversas agencias de seguridad no solo han documentado los nexos de altísimos funcionarios con el crimen organizado —como el escándalo que obligó al gobernador sinaloense Rubén Rocha Moya a pedir licencia—, sino que ya catalogan abiertamente a la estructura en el poder como un «narco-partido» que ha mutado las instituciones mexicanas en un narco-gobierno.
Al igual que en los peores laboratorios clandestinos de la Sierra Tarahumara o de Sinaloa, el gobierno de la llamada Cuarta Transformación intenta procesar químicamente la realidad: transformar la complicidad en «patriotismo» y el encubrimiento de laboratorios de fentanilo y metanfetaminas en «dignidad nacional».
No tocar los nexos con el crimen ya no es una omisión negligente; es una política de Estado.
La comparativa histórica: Colombia 1989 vs. México 2026
Para entender la dimensión del abismo al que nos asomamos, es obligatorio mirar el espejo de la Colombia de Pablo Escobar Gaviria y el Cártel de Medellín.
Las similitudes son tan paralelas que asustan:
Financiamiento político: Escobar financió campañas de congresistas, alcaldes e incluso de presidentes de la República. En México, las campañas de AMLO y Claudia recibieron respaldo económico y político de la delincuencia organizada a cambio de impunidad.
Uso de la soberanía: El Cártel de Medellín usó el lema «preferimos una tumba en Colombia a una cárcel en EE. UU.» e incluso promovió leyes y obligó a legisladores a apoyar la no extradición de narcotraficantes. Morena moviliza masas en Chihuahua usando la «soberanía» como escudo para frenar investigaciones binacionales y cooperación extranjera que lleven a la detención de narcopolíticos, la destrucción de narcolaboratorios que financian estructuras políticas o la identificación de células delictivas que operan bajo el manto protector del gobierno federal.
Estructura del Estado: El Estado colombiano estaba infiltrado (jueces, policías, militares), pero la cúpula presidencial luchaba contra el cártel. En México, el país vive a merced de los cárteles, apoyados por la cúpula del gobierno en sus tres niveles; así tenemos, pues, narco-gobernadores, senadores, diputados y hasta mandos policiacos trabajando para las organizaciones criminales locales.
Discurso popular: Escobar construía canchas, barrios y regalaba dinero para que la base social marchara y lo defendiera de las autoridades. En México, el gobierno utiliza los programas sociales para movilizar a la clientela política y la lleva a protestar en defensa de la narrativa de que el enemigo está en el exterior.
Pablo Escobar entendió antes que nadie que la mejor arma de un capo no es el fusil de asalto, sino el nacionalismo malentendido.
Los «Extraditables» arrodillaron a Colombia doblando las leyes en nombre de la soberanía jurídica de su país.
Se marcha en Chihuahua no para defender a los ciudadanos del asedio de las balas, sino para asegurar que los laboratorios sigan operando sin ojos incómodos que miren desde el norte, y que los pactos de financiamiento electoral permanezcan intactos.
Cuando un partido político necesita movilizar sus estructuras para blindar las fronteras de la investigación criminal bajo el manto de la soberanía, la soberanía ha muerto.
Lo que queda no es un gobierno defendiendo a su patria; es un régimen defendiendo su negocio y a sus delincuentes, un régimen clamando #ConNuestrosNarcosNO.
