Maíz estable en discurso, caro en la mesa

*Se trata del dilema de la tortilla en Oaxaca
Oaxaca, Oaxaca, Sábado 18 de Abril, 2026, (Fuente: Omar Colmenares / Panorama Informativo 360).- En el contexto nacional, donde se sostiene que el precio del maíz se mantiene sin variaciones significativas, en Oaxaca la realidad cotidiana muestra una tendencia distinta: el costo de la tortilla continúa en ascenso, impactando directamente la economía de los hogares.
Durante una reciente conferencia, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, afirmó que el precio del maíz no ha registrado incrementos relevantes a nivel nacional. No obstante, en entidades como Oaxaca, productores, comerciantes y consumidores advierten una desconexión entre el discurso oficial y el comportamiento real del mercado.
El precio del maíz en Oaxaca
De acuerdo con referencias del mercado local, la tonelada de maíz en Oaxaca se comercializa entre los 5 mil y 6 mil pesos. Sin embargo, en el caso del maíz criollo, característico de la región los precios pueden superar los 10 mil pesos por tonelada. Esta diferencia responde a factores como la calidad del grano, el tipo de semilla y las condiciones de producción.
Oaxaca es reconocido como uno de los estados con mayor diversidad de maíces nativos en el país. Entre las principales variedades se encuentran el maíz blanco, amarillo, azul, rojo, bolita y zapalote chico. Estas especies no solo poseen valor alimentario, sino también cultural, lo que incrementa su demanda y eleva su precio en el mercado.
Factores que encarecen el maíz
El costo del maíz en Oaxaca está determinado por una serie de condiciones estructurales. La producción se realiza principalmente a pequeña escala, con técnicas tradicionales y uso de semillas nativas, lo que limita los volúmenes y eleva los costos. A ello se suman los gastos de transporte en zonas rurales, la intermediación en la comercialización y una alta demanda local ligada al consumo cotidiano.
A diferencia de entidades con producción industrial, en Oaxaca predomina un modelo agrícola de carácter artesanal. Si bien este esquema garantiza calidad y preserva la biodiversidad, también encarece el producto final.
La tortilla: entre tradición y presión económica
Oaxaca se ubica entre los estados con mayor consumo de tortilla en México, donde este alimento no solo es básico, sino parte fundamental de la identidad cultural. La tortilla elaborada mediante nixtamalización —proceso ancestral que mejora las propiedades nutricionales del maíz— sigue siendo el principal sustento alimentario de la población.
En este contexto, el precio del kilo de tortilla se sitúa entre 20 y 25 pesos, con variaciones al alza en distintas regiones. Esta situación ha generado preocupación entre consumidores, quienes enfrentan incrementos constantes en un producto esencial.
Aunque el gobierno federal sostiene que el precio del maíz se mantiene estable, propietarios de tortillerías argumentan que el aumento en insumos como gas, electricidad y transporte ha obligado a ajustar los precios al consumidor.
Entre la estabilidad oficial y la realidad del mercado
La divergencia entre los indicadores nacionales y la experiencia local evidencia un problema estructural en la cadena productiva. La estabilidad del precio del maíz a nivel macroeconómico no se traduce necesariamente en estabilidad para el consumidor final, debido a los costos acumulados en los procesos de producción, distribución y transformación.
Maíz: patrimonio e identidad
En paralelo, se impulsa una iniciativa para reconocer al maíz como patrimonio cultural de México, destacando su relevancia histórica, social y alimentaria. Oaxaca, por su amplia diversidad de maíces nativos, se perfila como una de las entidades clave en este proceso.
Conclusión
El maíz continúa siendo un símbolo de identidad nacional, pero en Oaxaca también representa un desafío económico. El encarecimiento de la tortilla refleja las tensiones entre la producción tradicional, las dinámicas del mercado y las políticas públicas.
El reto no sólo radica en mantener la estabilidad del precio del grano, sino en garantizar que este alimento fundamental permanezca accesible para la población, sin comprometer su valor cultural ni la sostenibilidad de quienes lo producen.
