No entiende sobre austeridad ni humildad

*A Vilma Martínez, hasta la puerta de la camioneta le tienen que abrir
Oaxaca, Oaxaca, Miércoles 15 de Abril, 2026, (Fuente: Ernesto Rojas Ayuzo / X: @rojasayuzo).- Dicen que el poder no cambia a las personas, sólo las revela. En el caso de Vilma Martínez Cortés, actual delegada de la Secretaría del Bienestar en Oaxaca, la prepotencia ya no le cabe en el discurso oficial, le fluye por las venas.
Resulta grotesco que en la Secretaría del Bienestar —el corazón del proyecto social de la actual administración— su delegada se comporte como una monarca de la burocracia.
Mientras millones de mexicanos se rompen la espalda para llevar comida a la mesa, Vilma Martínez es incapaz de extender la mano para abrir la puerta de su vehículo, para ello carga un séquito de servidumbre.
Ver a una asistente doblegada ante la inercia de una funcionaria que espera, brazos cruzados y mirada ausente, es un insulto a la dignidad del servicio público.
No es sólo falta de cortesía, es la reafirmación de una casta que se siente superior por el simple hecho de administrar recursos ajenos.
Parece que las circulares y los discursos del gobernador sobre la humildad y la austeridad se quedan en la puerta de la oficina de Vilma Martínez Cortés.
El mandatario ha sido enfático: nada de poses, nada de prepotencia y, sobre todo, nada de despilfarro. Sin embargo, Vilma prefiere el confort de lo innecesario.
Ahora de seguro dirá que trae una camioneta rentada de alta gama (sin placas y polarizada) que grita opulencia en un estado con carencias profundas.
Por si fuera poco, el vehículo circula sin placas. ¿Acaso las reglas de tránsito son sólo para los ciudadanos de a pie? ¿O es que el influyentismo le otorga un permiso invisible para ignorar la legalidad? ¿No que eran diferentes?
La Cuarta Transformación pregonaba el fin de la «burocracia dorada», pero Vilma Martínez parece estar construyendo su propio palacio sobre ruedas. Mientras el pueblo espera sus apoyos, ella espera a que le abran la puerta.
La humildad no es un accesorio que se quita y se pone según la foto del evento; es una forma de ejercer el servicio público.
Si a la delegada le pesa tanto el brazo para abrir una portezuela, quizás le pese más la responsabilidad de un cargo que le exige estar a ras de suelo y no mirando por encima del hombro desde un asiento de piel.
