Indolencia y muerte en el polideportivo

Oaxaca, Oaxaca, Jueves 02 de Abril, 2026, (Fuente: Olegario Mota Ruiz).- La omisión y la falta de preparación volvieron a costar una vida en Oaxaca. Este miércoles, un usuario del polideportivo (ubicado en la capital de Oaxaca), jugador veterano de futbol, falleció tras sufrir una aparente falla cardiaca mientras realizaba actividad física.
No hubo respuesta inmediata. No hubo primeros auxilios. No hubo nadie que supiera qué hacer.
El hombre cayó de manera súbita ante la mirada de otros usuarios, pero dentro del complejo deportivo —un espacio público que debería contar con protocolos claros de atención— no existía personal capacitado para intervenir en una emergencia de primera instancia.
Lo ocurrido es alarmante: ningún trabajador del lugar brindó apoyo básico, ni siquiera maniobras de reanimación cardiopulmonar. La única reacción fue hacer una llamada telefónica para solicitar una ambulancia, dejando pasar minutos que, en estos casos, son determinantes para salvar una vida.
Cuando los elementos del Heroico Cuerpo de Bomberos arribaron ya era demasiado tarde. La falta de atención inmediata había marcado el desenlace.
Este hecho no sólo es trágico, es inadmisible. Se trata de un espacio donde diariamente acuden decenas de personas a realizar actividad física, un entorno donde el riesgo de emergencias médicas es evidente. Aun así, no hay personal preparado, no hay brigadas de Protección Civil, no hay capacidad de respuesta.
Hace apenas unos meses, el gobierno del estado anunció la adquisición de equipos DEA (Desfibriladores Externos Automáticos), dispositivos diseñados precisamente para atender paros cardiacos en los primeros minutos. Hoy, esa inversión queda en entredicho, ante la ausencia de capacitación.
Porque no basta con comprar equipos. Sin personal entrenado, los DEA no salvan vidas.
Lo ocurrido en el polideportivo no es un accidente inevitable, es el reflejo de una negligencia institucional. Es la consecuencia de simular prevención sin construir capacidades reales.
Apenas el martes se documentaban fallas en la atención de emergencias en la capital. Hoy, esas mismas deficiencias escalan a una muerte que pudo evitarse.
Aquí no hubo falta de tiempo, hubo falta de acción. No hubo mala suerte, hubo abandono.
La pregunta es directa: ¿quién responde por una vida que se perdió mientras nadie hacía nada?
