Juchitán: donde la heroica dignidad se rinde ante el narco-poder

*“El pueblo que venció al ejército francés hoy no puede con sus propios traidores”

Columna CON EL BRAZO IZQUIERDO

Froylán Méndez Ferrer* / Agencia de Noticias ANSIC.MX

Oaxaca, Oaxaca, Miércoles 25 de Marzo, 2026.- Existe una crueldad particular en ver morir en la Heroica Juchitán de Zaragoza lo que alguna vez fue glorioso. No es la muerte repentina del combate ni la derrota honrosa frente a un enemigo poderoso. Es la muerte lenta, administrada en cuotas, que se produce cuando un pueblo cede su dignidad a cambio de una despensa, cuando entrega su voto por quinientos pesos y cuando decide mirar hacia otro lado mientras sus vecinos, sus comerciantes y sus hijos pagan con sangre el precio de esa complicidad. Eso es lo que está ocurriendo en Juchitán en este amargo marzo de 2026. Y la evidencia no proviene solo de los informes de la Fiscalía ni de los pronunciamientos empresariales. Proviene de la boca misma de los juchitecos, quienes en últimos días derramaron en Facebook toda la rabia, el dolor y la vergüenza que ya no caben en el pecho.

LA VOZ DEL PUEBLO: LA RABIA EN REDES SOCIALES, NO ES DESESPERACIÓN IRRACIONAL

Cuando los tecos hablan con esta contundencia en las redes sociales, el periodismo tiene la obligación de escucharlos, aunque no sigan amenazando. Los comentarios que circularon esta semana en respuesta a la cobertura periodística sobre la crisis de Juchitán, son el testimonio articulado de ciudadanos que llevan años siendo traicionados y que finalmente encontraron en la pantalla del celular el único espacio donde nadie los silencia.

Peter Yeyo Rasgado formuló con precisión lo que muchos piensan: «¿Quién puso a Miguel Quetu ahí dónde está? ¿Quién lo puso para re elegirlo y para sus conveniencias? ¿Quién lo maneja desde Oaxaca? Todo tiene nombre. Todo tiene un lugar. Todo tiene un origen.» No es una especulación. Es una pregunta estructural sobre la cadena de poder que coloca a ciertos personajes en ciertos cargos y los mantiene ahí a pesar de los cadáveres que se acumulan. Y la respuesta, según docenas de ciudadanos que firmaron sus comentarios en Facebook con nombre, apuntan consistentemente a tres figuras: el presidente municipal Miguel «Quetu» Sánchez Altamirano, el director del IEEPO Emilio Montero Pérez y el senador Antonino Morales Toledo.

Rfo Flower fue categórico: «100 por ciento seguro que el presidente municipal Miguel ‘Quetu’ está coludido con los malos. Y no solamente él. Emilio Montero es otro que tiene pacto con los delincuentes.» Xwa Vquez Tld amplió el mapa con detalles: «El Narco Gobierno de Miguel Quetu y Emilio Montero Pérez en Juchitán de Zaragoza, y el huachicolero, el señor ‘Cachucha’, senador Antonino Morales.» Francisco Tolentino fue todavía más directo, exigiendo que las investigaciones comiencen desde arriba, por el presidente municipal. José Iglesias condensó la acusación en una frase que funciona como sentencia moral: «Miguel Quetu se volvió intocable a cambio de entregar a Juchitán en manos de los malos.»

Estos no son insultos sin sustento. Son señalamientos reiterados, consistentes en sus personajes y en su lógica, que en cualquier Estado de derecho funcional habrían desencadenado investigaciones formales hace meses. El hecho de que no haya ocurrido así no es un olvido burocrático. Es una decisión política.

LOS DATOS QUE ACUSAN SIN NECESIDAD DE ADJETIVOS

La violencia en Juchitán en 2026 no necesita dramatismo periodístico para impactar. Los números hablan solos y gritan más fuerte que cualquier editorial. Los datos duros registraron 10 homicidios dolosos en el municipio solo durante enero y febrero de este año, colocando a Juchitán como el municipio más violento de Oaxaca. Pero fue marzo el que terminó de trazar el perfil de una ciudad en estado de emergencia no declarada. Entre el 15 y el 17 de marzo, tres ejecuciones en menos de 72 horas. El 18, una familia atacada a balazos en el callejón Gómez Farías de la Octava Sección: una mujer muerta, una niña de tres años herida, dos mujeres más lesionadas. Y el 23 de marzo, según el reporte de Meganoticias firmado por la periodista Perla Caballero, la violencia se multiplicó en varios frentes simultáneos: un hombre ejecutado de un disparo en la cabeza frente al Panteón Miércoles Santos, con el cuerpo retirado por familiares antes de que pudiera actuar la Fiscalía; dos jóvenes asesinados a bordo de sus bicicletas en la Octava Sección Cheguigo, sobre la avenida Venustiano Carranza; un repartidor de mandados ejecutado en el callejón de Los Leones; y balazos sobre un negocio de ropa típica en la Sexta Sección que despertaron de horror a las familias de la iglesia del Calvario.

Todo esto ocurrió mientras la Presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, visitaba Tehuantepec. La violencia en Juchitán no tuvo la cortesía de guardar silencio ante la visita presidencial. Y todo ocurre con más de mil elementos de la Guardia Nacional y las Fuerzas Armadas desplegados en la región desde mediados de 2025, un operativo que, según el reporte de Meganoticias, no ha logrado contener la hemorragia. Como escribió el dirigente del magisterio José Ángel Santiago Pineda, el gobierno federal no puede concentrarse únicamente en el Corredor Interoceánico mientras las familias juchitecas pierden la vida y el patrimonio.

El Grupo Empresarial y Comercial del Istmo puso cifras al desastre económico: 15% de los comercios cerrados definitivamente por extorsiones y amenazas; más del 30% operando con pérdidas severas; una caída del 40% en nuevos proyectos de inversión. La comunidad médica denunció impunidad sistemática y señaló que la niñez es víctima directa, con daños físicos y psicológicos que ningún presupuesto gubernamental podrá reparar a corto plazo. El miedo, como bien saben los comerciantes del mercado juchiteco, no necesita balas para destruir una economía. Le basta instalarse.

MIGUEL «QUETU», EMILIO MONTERO Y ANTONINO MORALES: EL TRIÁNGULO QUE NADIE INVESTIGA

En junio de 2025, medios regionales confirmaron que policías municipales bajo el mando de Miguel «Quetu» Sánchez Altamirano tenían vínculos documentados con el crimen organizado. Frente a ese expediente documentado, el alcalde grabó un video hablando de «preocupación compartida» y «coordinación institucional.» Esa respuesta fue políticamente torpe y moralmente obscena. Y la ciudadanía juchiteca lo entendió con una claridad que avergüenza a quienes deberían haber actuado antes. Maribel Antonio lo dijo sin rodeos: «¿Dónde están los que pidieron su voto de confianza a Juchitán? Pues son los mismos responsables de esta masacre. Y lo peor es que son tan cínicos y ambiciosos del poder que aún tienen cara de aspirar a la diputación local, Miguel Quetu, y a la federal, Emilio Montero.»

La figura de Emilio Montero Pérez, actual director del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), aparece de manera recurrente y específica en los señalamientos ciudadanos. No como una figura periférica, sino como un operador central de la red que sostiene la impunidad en el Istmo. Rfo Flower lo acusó directamente de haber obligado a la empresa Coca-Cola a retirarse de Juchitán, «entregando todo a los ya conocidos dueños de la refresquera.» Xwa Vquez Tld lo nombró junto a «Quetu» como parte del mismo engranaje. Soledad Santiago fue inequívoca: «Emilio Montero, Miguel Quetu y Antonino Morales solo sostienen su interés.»

El senador Antonino Morales Toledo, «Cachucha», cierra el triángulo. Lucy María Meléndez preguntó desde Facebook algo que muchos se preguntan en voz baja: «No sé por qué la gente no quiere abrir los ojos si bien saben quiénes son Antonino Morales, Miguel Quetu y Emilio Montero.» Xwa Vquez Tld lo identificó como «el huachicolero» de la ecuación. Ninguno de los tres ha enfrentado una investigación formal proporcional a la gravedad de los señalamientos. Y esa ausencia de investigación, en sí misma, es una respuesta política que habla más alto que cualquier comunicado oficial.

EL CLIENTELISMO QUE COMPRÓ EL SILENCIO Y VENDIÓ EL FUTURO

Quizás el análisis más incómodo de esta semana no vino de un periodista ni de un académico. Vino de Amayrani Recendis, una madre que desde Facebook se atrevió a señalar: que parte de la crisis en Juchitán tiene raíces en el interior de las propias familias, en la tolerancia doméstica hacia quienes andan en malos pasos, en la retirada de cuerpos antes de que llegue la Fiscalía, en el silencio de quienes tienen «cola que les pise.» Su diagnóstico no absuelve a los gobernantes. Los condena dos veces: por generar las condiciones que hacen del crimen una salida viable y por administrar la impunidad con tanta destreza que ya se volvió hábito social.

Ninito Antonio escribió un análisis: «¿De dónde salen las dádivas sin producir? Es una forma de controlar y someter a una población.» Describió con precisión el mecanismo clientelar que, poco a poco, destruye la riqueza de un pueblo, fractura su cohesión interna y genera el caldo de cultivo perfecto para que la delincuencia organizada encuentre reclutas, cómplices y silencios convenientes. Roberto López y Maribel Antonio pusieron el dedo en la llaga electoral: el voto vendido por quinientos pesos o por una despensa no solo elige a un mal gobernante. Financia su impunidad futura.

Valdez Reys lo expresó con la crudeza de quien ha observado el proceso desde adentro: «¿Y quién lo puso a ese gobierno con cara de rata? A base de puro delincuentes, mototaxistas cómplices y gente acarreada por 500 pesos. El pueblo de gente ignorante los puso. Ahora todos temen por lo que ellos pusieron.» Claudia Romo Hernández apuntó la paradoja que define la tragedia política juchiteca: el mismo pueblo capaz de paralizar carreteras y plazas por causas políticas coyunturales hoy guarda silencio mientras la violencia lo consume desde adentro. Esa parálisis no es cobardía innata. Es el resultado calculado de años de cooptación clientelar que fragmentó la organización comunitaria hasta dejarla irreconocible.

JUCHITÁN Y SU HISTORIA: LO QUE SE TRAICIONA CADA VEZ QUE SE CALLA

Para entender la magnitud de lo que está ocurriendo en Juchitán es indispensable entender lo que Juchitán fue y lo que Juchitán todavía podría ser. El 5 de septiembre de 1866, es el ADN político e identitario de un pueblo que derrotó al batallón francés «La Cola del Diablo», considerado el más poderoso del mundo en su época. Esa gesta no fue solo militar. Fue la demostración de que una comunidad zapoteca organizada, furiosa y decidida puede vencer a cualquier poder imperial que se le ponga enfrente.

Esa misma energía resurgió con la COCEI, la Coalición Obrera, Campesina, Estudiantil del Istmo, fundada a principios de los años setenta para combatir el caciquismo y la injusticia social. La COCEI no fue solo un partido político de izquierda. Fue la politización de la identidad zapoteca, la democratización de la cultura del Istmo, un movimiento que en 1981 ganó la presidencia municipal de Juchitán en unas elecciones históricas que el Estado intentó revertir con represión y fraude. Las mujeres juchitecas estuvieron en el centro de esa resistencia, como lo estuvieron en 1866 y como lo han estado en cada momento en que Juchitán decidió ser fiel a sí misma. Por esa historia de valentía y resistencia soberana, Juchitán ostenta el título de Heroica Ciudad.

Hoy, frente a ese linaje de resistencia, Teco Manuel pregunta desde Facebook con la amargura de quien ve profanarse una herencia: «¿Ahora el demonio de Tasmania no puede contra 100 mil personas?» Finca La Zapoteca observa, no sin ironía, que «si vencieron a los franceses y a los tehuanos, el crimen organizado es pan comido para el heroico pueblo juchiteco, solo tienen que organizarse.» La diferencia, como señaló Demetri Volpok, es que el enemigo de 1866 venía de afuera con uniforme y bandera extranjera. El enemigo de 2026 vive en el mismo barrio, cobra piso en el mismo mercado, y según los señalamientos ciudadanos más insistentes, despacha desde el propio Palacio Municipal.

EL UMBRAL PELIGROSO DONDE EL PUEBLO BUSCA SUS SALIDAS

Hay una señal de alerta: cuando una comunidad deja de esperar que el Estado la proteja y comienza a plantear sus propias salidas, el Estado de derecho está en riesgo real de colapso. Ángel Mendoza Vega lo formuló con una frase que debería encender todas las alarmas en la Secretaría de Gobernación: «La policía y la mafia son lo mismo.» Fernando Martínez fue más explícito: «Hay que hacer justicia nosotros mismos.»

Estas expresiones no deben leerse como llamados a la violencia irracional. Deben leerse como el diagnóstico de una comunidad que ha sido abandonada de manera tan sistemática y documentada que ya no distingue entre el aparato de seguridad del Estado y el aparato criminal que dice combatir. Y cuando esa distinción desaparece en la percepción ciudadana, la gobernabilidad democrática se convierte en una ficción administrativa.

Martha López Sánchez propuso lo que históricamente ha funcionado en Juchitán: el bloqueo, la presión, la movilización. Ángel Mendoza Vega insistió en que la unión del pueblo es la única salida. Soledad Santiago convocó a defender «la legitimidad del pueblo» expulsando a quienes la han traicionado. Vicente Landeta Martínez exigió que diputados locales, federales y senadores cierren filas. Son voces que todavía creen en las instituciones y en la acción colectiva dentro del marco democrático. Son las voces que el Estado debería estar escuchando con urgencia antes de que sean reemplazadas por otras que ya no crean en ningún marco.

LO QUE QUEDA EN PIE Y LO QUE AÚN PUEDE SALVARSE

Juchitán no ha muerto del todo. No puede morir del todo mientras haya juchitecos expresen sus opiniones en redes sociales para exigir justicia, mientras haya madres que se nieguen a normalizar la violencia, mientras haya comerciantes que resistan el cobro de piso, aunque cueste la ruina, mientras haya voces que invoquen el 5 de septiembre no como nostalgia sino como exigencia.

Pero la Heroica Ciudad está gravemente herida. Herida por la bala del sicario, sí, pero también por el billete de quinientos pesos que compró el silencio electoral, por el pacto oscuro que entregó la policía municipal al cártel, por la omisión calculada de quienes desde Oaxaca o desde el Senado administran la impunidad del Istmo como si fuera un negocio más. Si la lucha social de Juchitán ha de resurgir, tendrá que hacerlo reconociendo primero la magnitud de la traición que la detuvo. Tendrá que comenzar por el voto: el voto informado, el voto no vendido, el voto que entiende que una despensa compra el presente y vende el futuro.

La Heroica Ciudad de Juchitán de Zaragoza venció al ejército más poderoso del mundo en 1866. Sobrevivió al caciquismo del siglo XX. Resistió el fraude electoral y la represión gubernamental. Reconstruyó su tejido comunitario después del terremoto de 2017. Puede también sobrevivir a esto. Pero solo si decide, de una vez y con toda la dignidad que su historia le exige, que ya no está dispuesta a ser gobernada por quienes la han convertido en rehén.

Esa decisión no puede venir de Oaxaca. No puede venir de la Ciudad de México. Tiene que venir de Juchitán. Del mercado, del barrio, de la escuela, de las mujeres del Istmo que siempre han sabido, antes que nadie, cuándo llegó la hora de decir basta.

*Secretario General del Sindicato Nacional de Medios de Comunicación SINMCO

Posdata: Desde hace años me resulta difícil visitar el Istmo de Tehuantepec debido a las amenazas que pesan sobre mí. Sin embargo, ¿quién no tiene un familiar, un amigo, un hermano teco? A esos buenos ciudadanos les reitero mi amistad y mi cariño. Mi solidaridad a esa tierra hermana, a esa heroica Juchitán.

Nota editorial: Los señalamientos contra Miguel Sánchez Altamirano, Emilio Montero Pérez y Antonino Morales Toledo contenidos en este texto son acusaciones ciudadanas documentadas en fuentes abiertas de redes sociales y medios regionales. Ninguno de los tres ha sido condenado judicialmente por los hechos señalados. Este texto se pronuncia por el derecho a la presunción de inocencia y, en el mismo acto, por el derecho irrenunciable de la ciudadanía a demandar investigaciones formales ante señalamientos de esta naturaleza y gravedad.