El Congreso de Oaxaca, un circo; faltaron las palomitas

Oaxaca, Oaxaca, Jueves 12 de Marzo, 2026, (Fuente: Jaime Guerrero / elpinero.mx).- El Congreso de Oaxaca vivió este martes una de esas sesiones que hacen preguntarse si los legisladores vinieron a legislar o a saldar cuentas pendientes del grupo de WhatsApp familiar.
El detonador: Mazatlán Villa de Flores, municipio que lleva más de 60 días sin autoridad electa y que, según se fue revelando en tribuna, tiene un administrador cuya principal virtud es no convocar a la asamblea que lo sacaría del cargo.
El primero en subir al ring fue el diputado del PT, Dante Montaño Montero, quien con tono de profeta del municipalismo indígena exigió a la Secretaría de Gobierno que instara, instruyera y prácticamente suplicara al administrador municipal de Mazatlán Villa de Flores que hiciera lo único para lo que fue nombrado: convocar a la asamblea comunitaria.
Sesenta días lleva el hombre sin cumplir su única tarea. En el sector privado ya lo habrían liquidado. En la Secretaria de Gobierno lo dejan administrar la incertidumbre.
“La población requiere que su propia autoridad despache en el ayuntamiento”, proclamó Montaño Montero con la solemnidad de quien descubre el agua tibia.
Pidió respeto a la libre autodeterminación, pero solo obtuvo aplausos imaginarios.
La primera embestida no vino del gobierno. Vino de la diputada morenista Daniela Taurino, quien aprovechó el momento para señalar que hay legisladores que desde la mismísima tribuna reproducen violencia de género y que algunos de ellos —sin mencionar nombres, pero mirando en una dirección muy específica— ya aparecen con deshonrosa distinción en el padrón de violentadores.
Fue un misil de precisión envuelto en lenguaje de protocolo feminista. El PT (Montaño Montero) acusó el impacto.
Entonces llegó Benjamín Viveros Montalvo, de MORENA, y la sesión dejó de ser un debate legislativo para convertirse en algo más parecido a un programa de telerrealidad grabado en Sierra Mazateca.
Viveros acusó a Montaño Montero de financiar y organizar grupos desestabilizadores en la región mazateca. Lo señaló de no hablar mazateco ni ninguna lengua indígena.
Le recordó que tuvo la oportunidad de gobernar un municipio “y no lo supo hacer” —en referencia a Santa Lucía del Camino, dato que el pleno no olvidaría en lo que restaba de la tarde. Lo responsabilizó de cualquier acto de violencia futura que pudiera ocurrir en la zona.
Y en un remate de alta precisión retórica, le pidió que “sacara las manos de los municipios de la mazateca”. En síntesis: un exorcismo político en forma de punto de acuerdo verbal.
Montaño Montero, lejos de achicarse, respondió: “Yo entiendo que a Benjamín le duele que su cuñado deje de ser el administrador allá en Mazatlán Villa de Flores”.
Viveros Montalvo explotó con la indignación de quien es acusado de algo que no puede desmentir del todo: “¡Tienes pruebas! ¡Coméntalo! ¡No conoces a mi familia!”.
La presidenta de la Mesa Directiva, Eva Diego Cruz, intentó en ese momento hacer valer el reglamento: “Están prohibidos los diálogos, por favor.” Nadie le hizo caso. Era ya un diálogo con piernas propias.
Lo que siguió fue una secuencia que los tratadistas del derecho parlamentario preferirán no incluir en sus manuales.
Viveros llamó mentiroso a Montaño Montero. Montaño le pidió que se “tranquilizara” y que no “se alebrestara” —expresión que la presidenta Diego Cruz consideró, con razón, poco respetuosa.
Viveros respondió que el mentiroso era el petista. Montaño lo llamó “revoltoso”. Viveros redobló: “Mentiroso, respeto es lo que te falta”. Montaño, con la calma del que ya ganó el punto del cuñado: “Benjamín, controle sus emociones”.
Eva Diego Cruz apelaba al orden con la resignación de quien intenta detener trifulca verbal con un silbato de árbitro de futbol infantil.
En medio del caos, la diputada morenista Dennis García aprovechó para lanzar otro misil al petista: “Así como en San Juan La Jarcia, también te entrometiste, diputado Dante. Ahí también desestabilizaste”.
Montaño recibió el impacto sin despeinarse, ocupado como estaba en contabilizar sus visitas a Mazatlán Villa de Flores frente a un Viveros que le preguntó cuántos ciudadanos se le habían acercado. “Muchos”, dijo el petista. “¿Cuántos es muchos?”, retrucó el morenista. La filosofía cuantitativa había entrado al Congreso.
Para ese momento Diego Cruz amenazó con suspender la sesión, invocó sus atribuciones, llamó a la altura de miras y recordó que Oaxaca tiene 570 municipios y que ahorita nomás hay seis con administrador, que ya es un avance respecto a tiempos pasados.
Dio por concluida la discusión con el estoicismo de quien ha presidido demasiadas sesiones como esta.
Pero el día había comenzado, en realidad, con otro episodio que el reloj de la sesión casi sepultó: la diputada morenista Concepción Rueda Gómez acusó al también morenista Mauro Cruz Sánchez, presidente de la Comisión de Gobernación, de presuntamente cobrar 100 mil pesos a comunidades que gestionan elevación de categoría municipal.
Cruz Sánchez la retó a ir a la Fiscalía. Rueda Gómez lo llamó cínico y lo señaló con dedo flamígero.
Dos militantes del mismo partido. Supuestos aliados. Exhibiendo en público una fractura que ya no se puede disimular.
El escándalo del día intentó tapar sin conseguirlo del todo: Morena y el PT no van juntos en las elecciones intermedias que se aproximan, ni en las federales ni en las locales de Oaxaca. Lo que se vio en tribuna no fue solo un debate sobre un municipio sin autoridad. Fue el ensayo general de una ruptura que ya está en marcha.
Pero lo que pudo ser un intento de calmar los ánimos terminó en una nueva ronda de señalamientos cruzados, esta vez ya fuera del recinto.
Viveros Montalvo, visiblemente exasperado, intentó zanjar el asunto con una precisión genealógica que el pleno no había solicitado pero que el momento exigía: “Mi hermanita tiene diez años y mi otra hermana tiene cuarenta y está casada.”
Una declaración patrimonial de la familia, en síntesis, para demostrar que el cuñado en cuestión no existe o que, de existir, no es suyo.
Montaño Montero no cejó. Viveros le advirtió entonces que, si se metía con su familia, respondería señalándolo directamente.
La amenaza era vaga en sus formas, pero muy concreta en su intención.
En un momento de incomodidad notable, Viveros Montalvo se despegó físicamente de Montaño Montero cuando el petista abrazaba al morenista.
Viveros no estaba para abrazos. Ambos se dispersaron una vez que ingresaron al edificio de oficinas de los diputados, cada quien, por su lado, como corresponde a quienes acaban de llamarse mentiroso y revoltoso frente a un pleno, una presidenta de mesa que no pudo detenerlos y un municipio que, a esa hora, seguía sin saber quién lo iba a gobernar.

