Septiembre, el mes de los grandes sismos

*¿Se trata de una coincidencia o un patrón?
Oaxaca, Oaxaca, Martes 09 de Septiembre, 2025 (Fuente: Agencias).- Septiembre es un mes que muchos mexicanos asocian con los terremotos. La historia sísmica del país muestra que varios de los eventos más significativos han ocurrido precisamente en este mes.
Esta coincidencia, aunque estadísticamente puede ser aleatoria, ha generado una profunda conciencia sobre la vulnerabilidad de México ante estos fenómenos naturales.
A lo largo de los años, se han registrado sismos de gran magnitud que han marcado a la nación:
*03 de septiembre de 1698 6.9
Desconocida.
*21 de septiembre de 1701 7.3
Oaxaca.
*16 de septiembre de 1711,
Colima.
*01 de septiembre de 1741
Acapulco.
*01 de septiembre de 1754 7.6
Acapulco.
*23 de septiembre de 1902 7.7
Chiapas.
*19 de septiembre de 1985 8.1
Cerca de la desembocadura del río Balsas, frente a la costa de Michoacán.
*20 de septiembre de 1985 7.3
Zihuatanejo.
*14 de septiembre de 1995 7.3
Ometepec.
*30 de septiembre de 1999 7.4
60 km al nor-noroeste de Puerto Ángel, Oaxaca.
*24 de septiembre de 2009 6.2
347 km al suroeste de Cihuatlan, Jalisco.
*25 de septiembre de 2012 6.0
70 km al norte de La paz.
*07 de septiembre de 2017 8.2
133 km al suroeste de Pijijiapan.
*08 de septiembre de 2017 6.1
72 km al sureste de Salina Cruz, Oaxaca.
*19 de septiembre de 2017 7.1
Axochiapan Morelos.
*23 de septiembre de 2017 6.4 7 km al suroeste de Unión Hidalgo, Oaxaca.
*7 de septiembre del 2021 7.1 14 km al suroeste de Acapulco, Guerrero.
*19 de septiembre del 2022 7.7
63 km al sur de Coalcomán, Michoacán.
*22 de septiembre del 2022 6.9 84 km al sur de Coalcomán, Michoacán.
Aunque no existe una explicación científica que demuestre que septiembre es el «mes de los temblores», esta serie de eventos nos muestra la importancia de estar preparados.
La prevención y la educación son herramientas esenciales para enfrentar estos fenómenos.
La Resiliencia de Juchitán: Después del Terremoto
La noche del 7 de septiembre de 2017 marcó un antes y un después para Juchitán de Zaragoza, Oaxaca.
Un terremoto de magnitud 8.2 sacudió la región con una fuerza devastadora, dejando a su paso ruinas, dolor y silencio. Las casas se vinieron abajo, el palacio municipal, el edifico de símbolos patrios, el mercado, la iglesia del santo patrono San Vicente Ferrer, la casa de la cultura, todo quedó en escombros, y muchas vidas se perdieron en segundos. El corazón del Istmo se quebró… pero no se rindió.
En medio del polvo y la oscuridad, emergió algo más fuerte que la destrucción: la resiliencia de su gente. Juchitán, un pueblo con profundas raíces zapotecas y una historia de lucha, encontró en su identidad colectiva el valor para levantarse. Las calles se llenaron de manos solidarias, de vecinos que se ayudaban entre sí, de mujeres que cocinaban en fogones comunitarios, de jóvenes que removían escombros con lágrimas en los ojos y esperanza en el pecho.
La cultura jugó un papel fundamental. A pesar del luto, las velas siguieron encendiéndose, los bordados no dejaron de contarse en hilos, y la lengua zapoteca resonó más fuerte, como un acto de resistencia frente a la tragedia. Cada quien aportó su fuerza única para reconstruir no sólo los hogares, sino también el espíritu.
Al paso de los años, hoy vemos un palacio reconstruido, la iglesia de San Vicente reavivó la fe. Cada ladrillo colocado, cada calle que volvió a abrirse, cada niño que regresó a la escuela fue un testimonio de la voluntad inquebrantable de un pueblo que se niega a desaparecer.
Juchitán no es sólo un lugar que fue golpeado por un terremoto. Es un símbolo de cómo el dolor puede transformarse en unidad, de cómo la tierra puede temblar, pero no la dignidad de un pueblo. Hoy, Juchitán sigue de pie, con cicatrices visibles, sí, pero también con una fuerza que nace desde lo más profundo de su alma zapoteca.
Se cumplen 8 años del terremoto del 7 de septiembre del 2017
A pesar del tiempo, las escenas aún se sienten vivas en la memoria. No olvidamos el estruendo que nos despertó ni la adrenalina que sentimos al salir a auxiliar a los damnificados.
Vimos la devastación en cada calle y la tristeza en el rostro de nuestros vecinos. A lo largo de la noche y los días siguientes, el miedo se mezcló con la esperanza. Juntos, hombro a hombro, removimos escombros, rescatamos vidas y llevamos consuelo.
Ese sismo nos demostró que no estábamos preparados ante una situación de tal magnitud y que debemos fortalecer nuestras capacidades para prevenir, mitigar y enfrentar los retos que aún enfrentaremos.
Unidos y preparados podremos salir adelante. El 7 de septiembre es un día que nos recuerda el dolor, pero también, nos reconforta saber que, unidos y preparados, podemos salir adelante. Somos la fuerza de un pueblo que se levanta y se reconstruye.
A ocho años del terremoto que devasto al Istmo de Oaxaca
La noche del 7 de septiembre de 2017 se congeló en el tiempo para el Istmo de Oaxaca.
A las 23:49 horas, la tierra dejó de ser un refugio. Por tres minutos interminables, un terremoto de magnitud 8.2 desgarró el silencio, dejando a su paso la destrucción y la muerte. Hoy, ocho años después, las heridas aún sangran.
Fueron 102 vidas las que se perdieron en esa noche de terror, 82 de ellas solo en Oaxaca. En Juchitán, el corazón del Istmo, las familias lo perdieron todo: sus hogares se volvieron escombros y, peor aún, sus seres queridos se desvanecieron entre el polvo y el caos. El dolor de esa noche se ha convertido en una sombra que persigue a los sobrevivientes, una herida que simplemente no cierra.
El tiempo puede pasar, pero la cicatriz de esa noche es imborrable. Es una muestra de que en un instante, todo lo que conocemos puede ser arrebatado. El sismo de 2017 no fue solo un desastre natural; fue un quiebre en la vida de miles de personas, una tragedia que sigue latiendo en la memoria del Istmo, un dolor que se siente con cada recuerdo, con cada lágrima que aún se derrama.
