Presidenta municipal le cerró las puertas a Dios

*La presidenta de San Andrés Dinicuiti juega con la fe de su pueblo
San Andrés Dinicuiti, Huajuapan, Oaxaca, Martes 02 de Septiembre, 2025 (Fuente: Jesús Blancornelas Jr. / Impacto).- Lo que debía ser tierra de fe y esperanza se convirtió en escenario de pleitos y candados. Desde el pasado Jueves Santo, el pueblo de San Andrés Dinicuiti vive una herida abierta en el corazón de sus católicos. La presidenta municipal, Yessica Cruz Ortiz, decidió impedir la entrada del sacerdote para celebrar la misa más importante de la Semana Santa, reemplazándola con el espectáculo de los “judíos”, una tradición que ya tenía acuerdos claros desde hace más de dos décadas para no interrumpir lo sagrado.
Ese día, el 17 de abril, las familias que llegaron con sus velas, con sus rezos y con el corazón dispuesto a la eucaristía, se encontraron con la puerta cerrada y con un pueblo confundido. El párroco, prudente, prefirió retirarse para no provocar enfrentamientos. Pero el golpe ya estaba dado: el pueblo se quedó sin misa de Jueves Santo, sin sacramentos y con la fe pisoteada por la política.
Candados en la Casa de Dios
La situación empeoró semanas después. Cuando el sacerdote y sus agentes de pastoral intentaron reorganizar actividades de catequesis y culto, se toparon con que las chapas y candados de la iglesia habían sido cambiados. La Casa de Dios convertida en rehén del poder municipal. Una acción que indignó a todos, porque un templo no es propiedad privada de ningún alcalde, es patrimonio espiritual de los bautizados.
Se abrieron mesas de diálogo. Se prometió que el 24 de agosto se entregarían las llaves. El pueblo volvió a reunirse con esperanza. Pero todo fue una burla: las llaves nunca aparecieron. Otra mentira, otro agravio, otra bofetada a la fe.
La feria patronal y la doble cara
Mientras tanto, el sábado 30 de agosto, las familias de Dinicuiti dieron muestra de su verdadera fe. Se realizó la tradicional labranza de cirios, donde cooperaron con más de 50 kilos de cera para elaborar 200 velas rumbo a la feria patronal de noviembre. Entre rezos y mole de gallina, el pueblo recordó que la devoción a San Andrés Apóstol es lo que los mantiene unidos desde 1752, cuando sus antepasados decidieron fundar el pueblo en estas tierras de agua abundante.
Ese mismo fin de semana, la presidenta convocó a una asamblea el 31 de agosto. Y lejos de resolver la crisis, tomó una decisión que volvió a dividir y a doler: declaró que las llaves de la iglesia seguirán en manos del sacristán, no del párroco. Como si la iglesia fuera una oficina municipal más, como si la fe pudiera administrarse con sellos y actas.
La ley también habla
El atropello no es sólo moral y religioso, también es legal. El Artículo 24 de la Constitución Política de México garantiza la libertad religiosa y el derecho de cada persona a participar en ceremonias y actos de culto. Al impedir que el sacerdote cumpla su misión y al negar el acceso al templo, la presidenta está violando la Constitución.
Además, el Código Penal establece sanciones para quien impida, interrumpa o profane actos religiosos. Es decir, lo que pasó en Dinicuiti no es un simple “malentendido político”: es un delito contra la fe y la dignidad del pueblo católico.
El pueblo resiste
Los fieles saben que el obispo Miguel Ángel Castro Muñoz ha pedido no caer en provocaciones, mantener la calma y seguir orando. Pero también saben que el agravio no se olvida. Cada misa cancelada, cada candado puesto, cada promesa incumplida es una herida que sigue abierta.
El pueblo de San Andrés Dinicuiti ha demostrado que su fe es más grande que cualquier presidenta. Lo mostró en la labranza de cirios, en sus rezos comunitarios, en la unión para preparar la feria patronal. Pero también ha dejado claro que no se dejará arrebatar lo más sagrado: su iglesia y su fe.
San Andrés Dinicuiti no necesita autoridades que jueguen con candados ni con llaves. La iglesia no es una bodega para administrar a capricho. Aquí lo decimos fuerte y claro: quien se atreve a cerrarle la puerta a Dios, ya se la abrió al juicio de la historia y al castigo eterno.
