Corrupción y caos en la verificación vehicular

Oaxaca, Oaxaca, Lunes 18 de Agosto, 2025 (Fuente: Gisel Melchor / Diario El Fortín y Agencias).- A pocos días de que venza el plazo para cumplir con la verificación vehicular —31 de agosto—, automovilistas en Oaxaca denuncian corrupción y abusos en los centros de verificación, donde conseguir una ficha para el trámite se ha convertido en un calvario.

Conductores aseguran que han tenido que esperar hasta 28 horas en largas filas para alcanzar una ficha, sin embargo, al llegar al verificentro, se les informa que ya no hay disponibilidad. “Tuvimos que pernoctar y cuando ya me tocaba ingresar, al pedir la ficha me dijeron que sólo pagando 500 pesos podía obtenerla y sólo tenían disponible la once”, relató un ciudadano.

La situación se repite en otras regiones del estado, como el Istmo, donde persisten denuncias de cobros ilegales de los mismos encargados de los verificentros, quienes, aseguran, cobra hasta 1,500 pesos por ficha, o simplemente les dan el acceso, pese a haber una larga fila de vehículos, en un esquema que opera en total opacidad y que afecta directamente a los automovilistas que buscan cumplir con la obligación para evitar sanciones y multas.

El malestar ciudadano crece, porque fue hasta este 2025 cuando el pago de la verificación vehicular se hizo obligatorio, al quedar integrado en el cobro de la tenencia. De hecho, la propaganda oficial insiste: “¡Estamos verificando el 1er semestre 2025! Tu verificación ya está pagada en tu pago de tenencia 2025”. Sin embargo, pese a haber cumplido con el pago, los conductores siguen enfrentando corrupción, largas filas y cobros extraoficiales para obtener una ficha.

El Programa de Verificación Vehicular (PVV) en Oaxaca se implementó desde 2008 como una política ambiental para reducir la contaminación atmosférica. De acuerdo con el inventario de emisiones de gases criterio del propio gobierno estatal, las fuentes móviles —vehículos— son responsables del 34% del monóxido de carbono y 18% de óxidos de nitrógeno que se generan en la entidad, contaminantes que provocan graves afectaciones a la salud como asma, bronquitis, irritación en vías respiratorias y daño pulmonar.

El programa contempla dos periodos de verificación al año: de enero a junio y de julio a diciembre, con la finalidad de garantizar que los automotores no excedan los límites máximos permisibles de emisiones, conforme a las normas oficiales mexicanas.

No obstante, la implementación ha estado marcada por falta de transparencia, corrupción y carencia de infraestructura, pues en la Zona Metropolitana de Oaxaca sólo existen cuatro verificentros autorizados para atender la alta demanda de vehículos.

Mientras tanto, miles de automovilistas enfrentan la disyuntiva: pagar los sobornos o exponerse a multas y sanciones que entrarán en vigor a partir del próximo 31 de agosto.

Verificación vehicular en Oaxaca: caos, corrupción y abuso del gobierno de Salomón Jara

Y es que, el programa de verificación vehicular en Oaxaca, presentado como una medida ambiental, se ha convertido en un instrumento de corrupción, desorden y recaudación indebida. Lo que debería garantizar aire limpio, hoy es un viacrucis para miles de ciudadanos.

En los verificentros de la zona metropolitana las filas inician desde la noche. Conductores esperan entre 5 y 7 horas bajo el sol, sin certeza de ser atendidos. Muchos quedan fuera porque sólo se reparten 30 fichas diarias, mientras los vehículos oficiales entran directos, sin fila ni requisitos.

La indignación crece con las denuncias de listas manipuladas, fichas apartadas, gestores que cobran más de mil pesos en complicidad con verificentros, y una plataforma que constantemente falla. Afuera de los módulos no hay personal del gobierno organizando; los ciudadanos tienen que arreglárselas solos, generando pleitos y descontrol.

A ello se suma la falta de hologramas, que obliga a suspender el servicio y dejar a los usuarios varados, lo que evidencia que la tardanza y el colapso son responsabilidad directa del gobierno de Salomón Jara Cruz, incapaz de garantizar lo más básico.

El trasfondo es claro: el programa no protege el medio ambiente, sino los bolsillos de funcionarios y operadores corruptos. Y lo más grave: a partir del 1 de septiembre, el gobierno pretende multar a quienes no verifiquen, cuando son ellos mismos quienes impidieron el trámite durante meses por la falta de placas y hologramas.

Oaxaca vive hoy un sistema de verificación marcado por corrupción, privilegios e incompetencia gubernamental. Salomón Jara y su equipo no sólo han fallado en cumplir con su responsabilidad: han puesto a la ciudadanía en estado de indefensión, exhibiendo un gobierno incapaz de organizar lo mínimo y abusivo al momento de sancionar con sus constantes operativos.

Mientras tanto, los ciudadanos que cumplen con la ley enfrentan rechazos arbitrarios en la documentación después de horas de espera. Se prevé un panorama más corrupto parecido a la Ciudad de México que, con sobornos, cualquier vehículo aprueba la verificación, sin importar sus condiciones.

Frente a este escenario, cada vez más voces en Oaxaca exigen un alto a la simulación y la revocación de mandato de Salomón Jara Cruz.

¡Verificentro de la patada! – El “plan ecológico” de Salomón Jara que huele más a corrupción que a gasolina vieja

El gobierno de Salomón Jara Cruz nos vendió la verificación vehicular como una medida bien ecológica, bien verde, bien bonita, dizque pa’ que el aire en Oaxaca no sepa a mofle viejo. ¿Y qué creen? Que el aire sigue igual de cochino, pero ahora también está lleno de mentadas de progenitora.

Porque sí, el mentado programa de verificación ambiental terminó siendo más bien una verificación de paciencia, de aguante al sol, y de qué tan gordo tienes el billete pa’ pagarle al “gestor” y no formarte como vil mortal.

Desde la noche llega la banda a los verificentros, con su cobija, su banquito y su resignación. Amanecen ahí, como si fueran a ver a la Virgen de Juquila, pero no: están esperando una de las 30 fichitas que reparten al día, si bien les va. Y si no les va, ni modo, a regresar mañana con todo y su CO₂ encima.

¿Y qué hay mientras tanto? Ah, pues bien bonito: coches oficiales que entran como Juan por su casa, sin fila, sin cita, sin ná. Porque claro, la ley es pa’ los pobres. Los de arriba nomás se bajan del coche, saludan al cuate del módulo y ¡zas! Holograma en mano como si fueran Tesla nuevecitos.

Y ni hablar de la plataforma digital, esa es otro chiste malo. Se cae más seguido que promesa de campaña. Y afuera de los módulos, ni un alma del gobierno que se digne organizar a la raza. Puras broncas entre ciudadanos, gritos, jaloneos, madruguetes. Es más, hasta pleito con la doña que vende empanadas porque también se quiere meter a la fila.

Y luego viene lo bueno: si logras sobrevivir al viacrucis, entras y ¡oh sorpresa! No hay hologramas. Se les “acabaron”. Como si estuviéramos pidiendo estampitas del Mundial. Pero eso sí: ya perdiste tu día, tu dinero, tu paz mental, y tu carro sigue sin estar verificado.

Pero no se preocupen, dicen desde el Palacio de Gobierno, que a partir del 1 de septiembre nos van a multar si no verificamos. ¿Así o más cínicos? Nos impiden hacer el trámite con su ineptitud monumental y encima nos quieren sacar más lana. Qué bonita familia.

Y mientras tanto, el cochino motor del Tsuru del jefe del módulo pasa sin broncas porque le soltaron su billete bajo la mesa. No importa si avienta humo más negro que el Diablo: el soborno es más fuerte que el catalizador.

El discurso ambientalista ya ni se lo creen ni ellos. Aquí lo que hay es un cochinero operado con complicidad, corrupción y una indolencia que da vergüenza. El gobierno de Salomón Jara no solo ha fracasado: ha puesto en estado de indefensión a todo aquel que quiere cumplir con la ley sin meterse en transas.

Oaxaca merece aire limpio, sí, pero también merece un gobierno que no huela peor que un mofle reventado.

Hoy más que nunca, se alzan voces que ya no piden explicaciones, sino revocación. Porque cuando un gobierno no puede ni organizar una fila sin que parezca feria de rancho, es momento de decir basta.

 ¡Ya estuvo suave!

Desde el corazón de un taller mecánico donde sí revisan bien los motores, no como el gobierno.