El universo surgió de un agujero negro

*Dentro de otro universo todavía más grande, propone un científico

Oaxaca, Oaxaca, Lunes 30 de Junio, 2025 (Fuente: Wired en español, AS México y The Body Optimist).- Una de las primeras grandes lecciones de la ciencia es “cuestionarlo todo”. Entonces, ¿por qué no empezar por el supuesto principio? El Big Bang. “Hemos cuestionado ese modelo y abordado las cuestiones desde una perspectiva diferente: mirando hacia dentro en lugar de hacia fuera», indicó Enrique Gaztañaga, investigador del Instituto de Cosmología y Gravitación de la Universidad de Portsmouth, en Reino Unido. «En lugar de partir de un universo en expansión y preguntarnos cómo comenzó, consideramos qué sucede cuando una sobredensidad de materia colapsa bajo la gravedad”.

El Big Bang es conocido como el origen del espacio, el tiempo y la materia. Es el punto de partida que nos ha llevado a marcar la edad del universo en 13,800 millones de años. La teoría se presta muy bien a explicar la estructura y la evolución del universo, pero persisten preguntas fundamentales respecto a la gran explosión en sí y lo que pasó antes. “El modelo del Big Bang comienza con un punto de densidad infinita donde las leyes de la física se desmoronan; este es un profundo problema teórico que sugiere que el origen del universo no se comprende del todo”. Por ello, el profesor Gaztañaga y su equipo de investigadores proponen una visión radical: ¿y si nuestro universo nació dentro de un agujero negro, como parte de un “rebote” gravitatorio impulsado por efectos cuánticos en el interior del colapso?

Astrónomos calculan que MoM z14 se creó a 280 millones de años del Big Bang, 10 millones de años antes que la galaxia primitiva anterior con el récord de más lejana.

La idea de que el origen del universo no fue el Big Bang (al menos no como lo entendemos), sino que podría estar relacionado con un agujero negro no es nueva. Nadie sabe con exactitud qué ocurre dentro de estos aterradores objetos astronómicos, más allá del horizonte de sucesos del cual nada puede escapar; sin embargo, se han publicado incontables estudios sobre los agujeros negros, lo que los convierte en uno de los objetos más estudiados de la física. Ya en 1965, Roger Penrose demostró matemáticamente que, bajo ciertas condiciones, un colapso gravitacional irreversible conduce a una singularidad, un punto donde las leyes de la física, tal como las conocemos, dejan de ser aplicables. Este resultado, ampliado por Stephen Hawking y otros, sustenta la idea de que las singularidades, como el Big Bang, son inevitables.

Según Gaztañaga, aquí hay un detalle que vale la pena considerar con más atención. «Estos ‘teoremas de singularidad’ se basan en la ‘física clásica’, que describe objetos macroscópicos ordinarios. Si incluimos los efectos de la mecánica cuántica, que rige el diminuto microcosmos de átomos y partículas, como es necesario en densidades extremas, la situación podría cambiar».

El Big “Bounce”

En el modelo convencional, el universo brota de una singularidad, un punto de densidad infinita donde las leyes físicas colapsan. Para el modelo propuesto por Gaztañaga, la realidad es otra: comienza con una enorme nube de materia que colapsa bajo la gravedad hasta convertirse en un agujero negro inmenso. En su interior, la repulsión cuántica entre partículas detendría el colapso antes de alcanzar densidad infinita. Esto desencadenaría un rebote, similar a la explosión de una supernova, el cual daría lugar a la expansión cósmica que conocemos como el Big Bang.

Gaztañaga, también investigador del Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC) y miembro del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC), elaboró: “Hemos demostrado que el colapso gravitacional no tiene por qué terminar en una singularidad y hemos descubierto que una nube de materia en colapso puede alcanzar un estado de alta densidad y luego rebotar, expandiéndose hacia una nueva fase de expansión”.

Crucialmente, indicó el científico español, este rebote ocurre completamente dentro del marco de la relatividad general, combinado con los principios básicos de la mecánica cuántica. Según los resultados de su estudio, publicado en la revista Physical Review D, “lo que emerge al otro lado del rebote es un universo notablemente similar al nuestro”. Dicho rebote incluso genera “una fase de expansión acelerada impulsada no por un campo hipotético, sino por la física del propio rebote”.

Un ciclo cósmico

Proponer que el Big Bang surgió de un agujero negro formado dentro de otro universo es una idea casi escandalosa. Visto de cierta forma, es como si otro universo hubiera dado luz al nuestro a través de un agujero negro; podríamos ser el resultado, no de una explosión sino de un “parto cósmico”. Si el modelo de Gaztañaga y colaboradores es correcto, cambiaría radicalmente todo lo que sabemos sobre el origen del cosmos. No partiríamos de un vacío absoluto, sino del interior de un colapso gravitatorio que se revierte gracias a la mecánica cuántica.

“Ahora tenemos una solución completamente desarrollada que demuestra que el rebote no solo es posible, sino también inevitable en las condiciones adecuadas”, indicó el profesor Gaztañaga. “Una de las fortalezas de este modelo es que realiza predicciones que pueden comprobarse exhaustivamente. Y lo que es más, este nuevo modelo también ha revelado que el universo es ligeramente curvado, como la superficie de la Tierra”.

Los modelos predictivos dicen que debería haber más partículas de las que observamos. ¿En dónde está toda esa “materia perdida”? Este estudio encontró una respuesta.

Gaztañaga espera que presentes y futuras misiones espaciales confirmen poco a poco la cosmología del agujero negro, como la misión Euclid, la cual investiga la naturaleza de la energía oscura y la materia oscura mapeando con gran precisión la geometría y evolución del universo mediante observaciones de miles de millones de galaxias.

Gaztañaga también es director científico de ARRAKIHS (no el planeta de Dune, sino una próxima misión espacial de la Agencia Espacial Europea), cuyo objetivo principal es el estudio de la materia oscura mediante la observación de galaxias enanas y estructuras tenues en los halos de galaxias cercanas. “Estos fenómenos también podrían estar relacionados con objetos compactos relictos, como los agujeros negros, que se formaron durante la fase de colapso y sobrevivieron al rebote”, señaló el investigador en un artículo publicado originalmente en The Conversation. La misión ARRAKIHS será lanzada hasta finales de esta década.

Científicos hallan cápsulas del tiempo en la Luna y 50 años después descubren la verdad de estos tesoros

Por otra parte, un equipo de científicos ha revelado nuevos hallazgos sobre unas diminutas esferas de vidrio encontradas en la superficie lunar, concluyendo que estas misteriosas formaciones podrían actuar como cápsulas del tiempo que conservan información clave sobre el pasado volcánico de nuestro satélite natural.

Las esferas, recuperadas hace más de cinco décadas por los astronautas de la misión Apolo 17, han sido objeto de un análisis exhaustivo gracias a nuevas tecnologías que permiten examinar estructuras microscópicas sin dañarlas. Lo que parecía ser simplemente residuos volcánicos, ahora se interpreta como un registro milenario de las condiciones internas de la luna.

Según los investigadores, estas perlas de vidrio se formaron entre 3 mil 300 y 3 mil 600 millones de años atrás, durante violentas erupciones que expulsaron magma hacia la superficie lunar. Al entrar en contacto con el vacío del espacio, el material fundido se enfrió rápidamente, formando pequeñas esferas de distintos colores, principalmente negras y anaranjadas.

El análisis reveló diferencias sorprendentes entre ambas. Las esferas negras contienen diminutos cristales de sulfuro de zinc, un indicio de que se formaron en un entorno rico en hidrógeno y azufre. Por otro lado, las esferas naranjas, al no presentar estos compuestos, sugieren que se originaron bajo condiciones volcánicas distintas, quizás más secas o menos reactivas.

Además, las estructuras superficiales de las esferas presentan patrones únicos, como capas en forma de placas y microprotuberancias, que los expertos asocian con cambios extremos de presión y temperatura durante las erupciones que las crearon.

Lo más notable, según los autores del estudio, es que estas esferas no han sido alteradas desde su formación. Al estar encapsuladas en vidrio, la información química y mineral que contienen se ha conservado intacta durante miles de millones de años, lo que las convierte en registros geológicos extraordinarios de la historia lunar. Dicho en otras palabras, este descubrimiento no solo ofrece pistas sobre el pasado volcánico de la Luna, sino que también abre nuevas posibilidades para entender cómo evolucionaron otros cuerpos planetarios del sistema solar.

Esta grieta que se está creando en África podría cambiar la faz del mundo

En tanto, una convulsión geológica de magnitud sin precedentes está en marcha en África Oriental: la formación gradual de un nuevo océano. Este fenómeno, monitoreado de cerca por los científicos, podría dividir el continente africano y transformar la geografía global.

Una grieta gigante en el corazón del Gran Valle del Rift

Desde 2005, la región del Gran Valle del Rift, en la confluencia de Etiopía, Kenia y Somalia, ha experimentado una drástica transformación. Una fisura de más de 60 kilómetros de longitud se ha abierto en el suelo, resultado de la erupción del volcán Dabbahu y una serie de grandes terremotos. Esta fractura marca el inicio de un lento proceso de separación de las placas tectónicas africanas, un fenómeno visible desde el espacio.

“Visualízalo como una expansión del Mar Rojo”

Para la geocientífica Cynthia Ebinger, entrevistada por la BBC , esto no es simplemente la creación de un nuevo océano, sino «una expansión del Mar Rojo». Explica: «En los próximos millones de años, el agua salada del Mar Rojo y del Golfo de Adén se precipitará hacia esta depresión, creando una nueva extensión oceánica y separando gradualmente el Cuerno de África del resto del continente».

Un proceso más rápido de lo esperado

Inicialmente, los científicos estimaron que la formación de un nuevo océano tardaría entre 5 y 10 millones de años. Sin embargo, investigaciones recientes de Cynthia Ebinger y sus colegas sugieren que este plazo podría ser mucho más corto: «en menos de un millón de años, quizá incluso la mitad», afirma. Esta aceleración se debe a la intensa actividad tectónica en la región, que promueve la apertura de fisuras y la infiltración de agua salada.

Principales consecuencias geográficas y geopolíticas

El nacimiento de este sexto océano revolucionará la geografía de África, redefiniendo fronteras y zonas económicas exclusivas. Podrían surgir nuevos puertos en la futura costa oriental, alterando las rutas comerciales entre Asia, África y Europa. Esta cuenca marina sin precedentes también podría convertirse en un santuario para especies aún desconocidas, transformando la biodiversidad regional.

Un recordatorio del poder de la Tierra

Aunque este fenómeno (lógicamente) no se completará durante nuestra vida, ilustra la dinámica actual de nuestro planeta y el poder de las fuerzas geológicas que actúan bajo nuestros pies. Los científicos continúan sus investigaciones para comprender mejor y anticipar las consecuencias de esta transformación, recordándonos al mismo tiempo que predecir con precisión terremotos o erupciones volcánicas sigue siendo imposible hasta la fecha.

La formación de un nuevo océano en África Oriental, confirmada por el trabajo de Cynthia Ebinger y reportada por la BBC, es, por lo tanto, un evento extremadamente inusual que podría, a muy largo plazo, perturbar la geografía, la economía y la biodiversidad global. Un fenómeno fascinante, cuyas primeras etapas se están desarrollando ante nuestros ojos.