Los agujeros negros más raros del universo

Oaxaca, Oaxaca, Viernes 30 de Mayo, 2025 (Fuente: Wired en español y El Imparcial).- Hay una clase de agujeros negros sonbre los que se ha teorizando durante décadas y que, pese a los esfuerzos empleados, siguen evadiendo todos los sensores. Se trata de los agujeros negros de masa intermedia. La astronomía los considera un eslabón. Tradicionalmente, los científicos los han buscado en galaxias lejanas con características singulares, pero una reciente investigación de la Universidad de Zúrich sugiere que para encontrarlos quizá baste con poner atención a nuestro propio ‘bario’, la Vía Láctea.

Los agujeros negros de masa intermedia oscilan entre 10,000 y 100,000 masas solares. Resultan difíciles de detectar porque aún no acumulan suficiente materia como para generar emisiones intensas, ni son tan pequeños como para influir de manera notable en procesos convencionales como la formación de estrellas y sistemas planetarios. Deben existir, por supuesto (la Teoría de la Relatividad General afirma que no hay un límite de masa) pero de momento son esencialmente invisibles ante los instrumentos astronómicos.

La mejor hipótesis sobre el paradero de estos enigmáticos agujeros negros es que se hallan en entornos caóticos difíciles de observar. Galaxias enanas, cúmulos globulares o en el halo de las galaxias son los puntos más probables. Su estudio despierta gran interés en la ciencia pues podrían aportar información crucial sobre el origen de los agujeros negros supermasivos o de las condiciones del universo temprano.

La unión de diferentes telescopios logró la detección de un agujero negro que se desplaza por su galaxia anfitriona como un “tiburón acechando en el mar”.

El camino hacia los agujeros negros medianos empieza a cobrar forma

En vista de que no han aparecido indicios sobre un agujero negro mediano, la ciencia quiere crear un mapa que proporcione información para su eventual localización. En un artículo, próximamente publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, el equipo de la Universidad de Zúrich confirmó que es posible utilizar simulaciones para estimar la cantidad de estos objetos gravitatorios en galaxias con características similares a la Vía Láctea.

De acuerdo con este ejercicio, una galaxia del mismo tamaño de la Vía Láctea debería contar con entre cinco y 18 agujeros negros de masa intermedia que no se encuentran ligados al supermasivo ubicado en el centro. Algunos de ellos son tan antiguos que se les considera objetos “semilla”. En otras palabras, los probables agujeros medianos han permanecido prácticamente inalterados desde sus orígenes en el universo primordial.

Son de los cuerpos celestes más extremos del Universo… y generan una de las preguntas más frecuentes a los astrónomos.

Los autores advierten que estos resultados deben interpretarse con cautela. Aunque se ha logrado estimar la población de estos agujeros, los datos empleados en las simulaciones todavía no permiten predecir de manera concreta sus masas ni sus posiciones. La búsqueda observacional de estos codiciados objetos aún debe esperar, aunque la brecha entre la teoría y la localización práctica se ha acortado significativamente.

La Vía Láctea, con aproximadamente 13,600 millones de años de evolución, no siempre ha exhibido la forma que observamos hoy. Según el modelo evolutivo más aceptado, la galaxia se formó a partir de múltiples fusiones de estructuras más pequeñas, cada una con sus propios agujeros negros. Este proceso continuará en los próximos miles de millones de años, culminando en el esperado encuentro y fusión con la galaxia de Andrómeda.

Un nuevo hallazgo en los límites del sistema solar podría poner en jaque la hipótesis del “Planeta Nueve”

Por otra parte, durante años, la posibilidad de que un planeta gigantesco y oculto se escondiera en los bordes del sistema solar ha capturado la imaginación de astrónomos y entusiastas del espacio. Esta supuesta presencia, conocida popularmente como “Planeta Nueve”, ha sido invocada para explicar el peculiar comportamiento orbital de objetos helados más allá de Neptuno. Sin embargo, un descubrimiento reciente podría cambiar el rumbo de esta teoría.

Tres científicos estadounidenses han identificado un nuevo objeto celeste en las regiones más remotas del sistema solar. Aunque no es el elusivo Planeta Nueve, este cuerpo —bautizado como 2017 OF201— representa un hallazgo significativo. Con un diámetro estimado de 690 kilómetros, se encuentra dentro del rango de tamaño que lo calificaría como planeta enano.

Según el autor principal del estudio, Sihao Cheng, del Instituto de Estudios Avanzados de Nueva Jersey, el hallazgo fue casi fortuito. Tras meses de analizar datos en busca de indicios del hipotético planeta gigante, los astrónomos toparon con este candidato inesperado.

Una órbita fuera de lo común

2017 OF201 se sitúa aproximadamente a tres veces la distancia entre Neptuno y la Tierra, y sigue una trayectoria sumamente excéntrica que lo lleva a más de 1.600 unidades astronómicas del Sol —una distancia tan vasta que incluso podría haberlo acercado a otras estrellas en el pasado.

Debido a esta órbita alargada, el objeto es observable desde la Tierra solo durante un breve fragmento de su ciclo de 25.000 años: apenas un 0,5 % del tiempo. “Estamos observando el objeto justo en la breve ventana en la que es visible”, explicó Cheng, quien señaló que su luminosidad disminuye gradualmente.

Este planeta enano potencial se une a un grupo de objetos similares en el cinturón de Kuiper, y su descubrimiento sugiere que hay muchos más cuerpos aún por encontrar en esa región inexplorada.

¿Una amenaza para el Planeta Nueve?

Lo que hace especialmente intrigante este hallazgo es que la órbita de 2017 OF201 no se ajusta al patrón agrupado que se ha utilizado como evidencia de la existencia del Planeta Nueve. Según Cheng, esto podría ser un indicio de que la teoría necesita revisión o más datos para sostenerse.

La astrónoma Samantha Lawler, de la Universidad de Regina en Canadá, opinó que descubrimientos como este debilitan aún más el argumento inicial a favor del Planeta Nueve. Sin embargo, el debate no está cerrado, y el nuevo Observatorio Vera Rubin, que entrará en operaciones pronto en Chile, podría aportar respuestas clave.

Ciencia abierta: una puerta a descubrimientos inesperados

Un detalle notable del descubrimiento es que fue posible gracias a datos públicos. Eritas Yang y Jiaxuan Li, colegas de Cheng en la Universidad de Princeton, trabajaron con archivos accesibles para cualquier investigador, indica CBS News. Esta práctica de ciencia abierta permitió incluso que un astrónomo aficionado, Sam Deen, rastreara el objeto en conjuntos de datos anteriores.

Para Deen, este hallazgo marca un hito: “Es probablemente uno de los descubrimientos más emocionantes del sistema solar exterior en los últimos diez años. Su órbita lo lleva casi hasta el borde del universo visible”.

Un futuro por revelar

Aunque el Planeta Nueve continúa eludiendo toda detección directa, Cheng se muestra optimista. Con los potentes telescopios actuales, como el James Webb, el Hubble y el ALMA, ahora enfocados en el cielo profundo, es solo cuestión de tiempo antes de que los secretos de nuestro vecindario cósmico más lejano salgan a la luz.

“Podemos mirar casi hasta los confines del universo”, concluyó Cheng. “Y aun así, todavía desconocemos buena parte de lo que ocurre en los márgenes de nuestro propio sistema solar”.