Tamayo, Nieto y Toledo se reencuentran en una exposición única

*Gigantes y la base de la plástica oaxaqueña en la CDMX

*Con obras de Rufino Tamayo (1899-1991), Rodolfo Nieto (1936-1985) y Francisco Toledo (1940-2019), el Museo Tamayo inauguró la exposición “Tamayo, Nieto, Toledo. Los años en París”

Ciudad de México, Domingo 23 de Agosto, 2026, (Fuente: Agencia Proceso, La Jornada y Facebook: Jesús Rito García).- Con una lectura entrecruzada por la obra de Rufino Tamayo (1899-1991), Rodolfo Nieto (1936-1985) y Francisco Toledo (1940-2019) que ahonda en estilos, afinidades con la estética prehispánica y el diálogo con las vanguardias de su época, el Museo Tamayo inauguró una exposición única conformada por un centenar de trabajos de los oaxaqueños…

Se trata de “Tamayo, Nieto, Toledo. Los años en París” que estará abierta al público en las salas 3 y 4 del recinto hasta el 15 de febrero de 2027, producto de tres años de trabajo, colaboraciones institucionales y privadas, y una de las apuestas del museo en el marco de su 45 aniversario.

Dividida en tres secciones, una por cada artista, la muestra reúne cerca de 100 obras entre pinturas, dibujos, gráficas y collages realizados en la capital francesa que develan cómo a partir de su estancia en uno de los principales centros del arte y la cultura internacional, cuestionaron y transformaron el canon nacionalista que había imperado en el país por más de 50 años, según se detalló durante la inauguración.

Entre las obras de la muestra destacan “La mujer temblorosa”, de Rufino Tamayo; la serie de ocho cuadros “Zoología mental”, de Rodolfo Nieto, así como las obras “Animal y cazador”, “La amazona y compañero de viaje” y “Dos personajes”, realizadas por Francisco Toledo.

En palabras de Alejandra de la Paz Nájera, directora general del INBAL, se trata de la primera muestra centrada en la relación del trío durante sus estancias en ‘la ciudad luz’ París, y en las primeras afinidades e intereses estéticos que tuvieron con las vanguardias de la segunda mitad del siglo XX, fundamentales de manera posterior para la renovación del arte mexicano”.

Para conformar dicha exposición se recurrió al “apoyo” de 47 coleccionistas, instituciones públicas y privadas que a través de préstamos hicieron posible reunir una mirada excepcional sobre Tamayo, Nieto y Toledo, con obras que se muestran por primera vez en el país.

Mientras que Andrea Torreblanca, directora general del Museo Tamayo, recordó que la muestra se enmarca en el 45 aniversario del recinto buscando revisitar y reflexionar sobre el pasado desde un concepto primordial, “indagamos sobre lo que significa la actualidad y la contemporaneidad del museo ya sean ideas, conceptos o contextos que han marcado históricamente el arte y la sociedad”.

Acentuó que al volver la mirada a las tres trayectorias se buscó profundizar en la comprensión de la historia del arte mexicano, para preguntarse por las rupturas y continuidades, al configurar así las formas en que se piensa y se crea en la actualidad.

Por su parte, Juan Carlos Pereda, curador de la muestra y subdirector de Colecciones del Museo Tamayo, destacó que uno de los principales rasgos es mostrar los vínculos de Tamayo, Nieto y Toledo con representantes de la literatura, la música, el cine, el ballet y la filosofía, así como su colaboración con talleres de artes gráficas, durante el París de la posguerra, y cómo todo eso repercutió en su producción artística y cosmovisión cultural.

Pereda señaló que se trata de un re-descubrimiento de tres grandes titanes de la pintura, y la oportunidad de ver obras que suelen contemplarse solo en libros, especialmente de Tamayo.

“Tamayo, Nieto, Toledo. Los años en París” estará abierta hasta el 15 de febrero de 2027.

Tamayo, Nieto y Toledo: los años en París

Tres artistas oaxaqueños, Rufino Tamayo (1899-1991), Rodolfo Nieto (1936-1985) y Francisco Toledo (1940-2019), tuvieron estancias en París en diferentes momentos, incluso, en muchas ocasiones convivieron en la capital francesa. El Museo Tamayo revisará estas residencias y experiencias por medio de la exposición Tamayo, Nieto, Toledo: Los años en París, curada por Juan Carlos Pereda, que se abrirá al público el 20 de agosto. El casi centenar de obras, entre pintura, gráfica, dibujo y collage, proceden de colecciones públicas y privadas.

La primera vez que Tamayo viajó a Europa fue en 1949; se instaló en París. Ya había pasado temporadas en Nueva York desde 1936. En 1987/1988, con motivo de la magna exhibición Rufino Tamayo: 70 años de creación, la crítica de arte Raquel Tibol escribió: “Tanto en negro como en color, la litografía resultó un procedimiento muy apropiado a la sensibilidad de Tamayo. Las cromolitografías hechas con la Guilde de la Gravure en París durante 1950, 1952 o en fechas posteriores, son notables en finura y elegancia. Los efectos muy delicados poseen una gran coherencia.

“Siete de las litografías trabajadas en Francia fueron vistas en México por primera vez en la muestra individual de Tamayo para el Salón de la Plástica Mexicana en junio de 1951. Ellas fueron: Cazador de pájaros, Hombre contemplando la luna, Coyote en la noche, Naturaleza muerta, Mujer con sandía, Hombre y Dos mujeres.”

Otros dos críticos de arte, Margarita Nelken y Jorge Juan Crespo de la Serna, supieron valorar la importancia de lo logrado en color, composición y finura. Escribía Crespo: “¡Qué estupenda ésa en que son sólo tres rebanadas de sandía establecen el ritmo y la armonía de una divina ‘fuga’ musical! ¿Qué es lo sidéreo y qué es lo terráqueo en estas tres húmedas tajadas?”

“En 1959 surgió para Tamayo la oportunidad de realizar un trabajo excepcional: la ilustración con 15 litografías a tres y cuatro tintas del Apocalipsis de San Juan para la Colección de Libros de Pintores Contemporáneos de la Association Internationale de Bibliophilie. La exquisita edición fue hecha por Jaspard, Polus et Cie. Esta serie demuestra un enorme despliegue imaginativo y un dominio del todo sutil de la técnica. En la litografía Tamayo encontró un campo para el esplendor técnico de insólita delicadeza y sorprendente originalidad.”

Rodolfo Nieto se trasladó a París en 1960 con la idea de ampliar su horizonte plástico. Durante su estancia de casi una década planteó una fusión gráfica inédita entre el ser humano y los animales, que mostró plásticamente sentimientos y emociones de vulnerabilidad como son el miedo, la soledad y la angustia existencial. En su serie de dibujos, ilustraciones y collages Zoología mental colocó a la imaginación como conocimiento intuitivo y a la hibridación como un principio estructural inédito. Al igual que Tamayo, Nieto exploró la condición de los seres humanos de la posguerra.

En París trabajó litografía en diferentes talleres, el de Mourlot, por ejemplo, y grabado en metal en el de Stanley William Hayter, lo que le permitió profundizar el estudio de sus técnicas. También frecuentó el taller Bramsen. En 1963 ingresó a la prestigiada Galerie de France donde celebró su primera exposición en 1964, luego, en 1967. Participó en la Bienal de París con el óleo Hombre en el metro y obtuvo un primer premio. En la Ciudad Luz entabló una relación con Julio Cortázar, Octavio Paz y Rufino Tamayo, entre otros.

Francisco Toledo viajó a París por primera vez también en 1960 y su estancia abarcó cinco años.

En el libro en cuatro tomos editado por Fomento Cultural Banamex de la obra del artista, Gonzalo Vélez escribe que el galerista Antonio Souza le había dado referencias de personas que debía ver, entre ellos a Rufino y Olga Tamayo, que vivían en el barrio Latino: “fue a visitarlos y ellos lo recibieron cálidamente, en especial al saber que era oaxaqueño. Toledo siempre se ha expresado con amplia gratitud y generosidad acerca de Tamayo, de la manera como lo apoyó. Tamayo le propuso, de entrada, que cuando vendiera cuadros propios podía vender también de Toledo. Efectivamente lo hizo, de manera sostenida, y esto permitió que el joven de Juchitán tuviera un flujo de dinero relativamente continuo para irse quedando en París”.

El escritor y crítico de arte francés André Pieyre de Mandiargues, “quien en esa década tenía una alta reputación y gozaba de mucha influencia en el medio artístico parisino, se fijó muy pronto en la obra de Toledo, en cuya iconografía fantástica y orígenes exóticos pretendió ver acaso el último despunte de un tardío surrealismo pancultural, ligado a una lectura freudiana de desinhibido erotismo. El rechazo a incorporarse a las tendencias en boga y, en cambio, la afirmación de su estilo singular referido a sus orígenes fueron lo que le valió a Toledo, finalmente, su incursión en las galerías europeas. Él, en realidad, se estaba nutriendo básicamente de sus recuerdos infantiles idealizados, de su nostalgia tropical por los sitios familiares”, acota Vélez.

De pronto el joven artista oaxaqueño tuvo oportunidad de trabajar una placa de metal en París con Stanley William Hayter, uno de los mejores impresores gráficos del orbe. Todo un sueño. A partir de ese momento, Toledo comenzó a desplegar su ejemplar maestría en el grabado. La efervescencia dibujística de su infancia y juventud empezaba a rendirle frutos”.

De acuerdo con Vélez, en 1965, retornar a sus raíces “se volvía un pensamiento cada vez más obsesivo para Toledo. Sentía un deseo irrefrenable de dejar de ser extranjero, de regresar a Oaxaca, de asentarse en Juchitán, de hablar zapoteco, de tener una esposa y una familia en esa lengua. Mientras tanto, en el extranjero, el trabajo de Toledo se movía cada vez mejor”.

Tamayo, Nieto, Toledo: Los años en París, se exhibirá del 20 de agosto al 15 de febrero de 2027 en el Museo Tamayo (Paseo de la Reforma 51, Bosque de Chapultepec).

Tamayo, Nieto y Toledo, las bases de la plástica oaxaqueña contemporánea desde París

Jesús Rito García

Facultad de Idiomas

Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca

(1a parte)

Rufino Tamayo (1899 – 1991)

Barnett Newman, en su ensayo “La pintura de Tamayo y Gottlieb”, menciona que Rufino Tamayo es un “exiliado espiritual” y con ello, “han salido ganando Norte América y Europa” donde la obra de Tamayo es respetada, y quien termina perdiendo es su país. (Suckaer, 2000: 156)

Además, recién finalizada la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética y los Estados Unidos dieron inicio a la llamada Guerra Fría; en donde los preceptos ideológicos – estéticos, tuvieron un papel preponderante, buscando imponerse.

Rufino Tamayo llega a París en el año 1950, ya existía un trabajo previo del oaxaqueño, quien venía de estar un periodo en Estados Unidos, donde había realizado varios trabajos y proyectos importantes.

“El 8 de noviembre de 1950 […] presentó su primera muestra individual en París en la galería Beaux-Arts[…] El catálogo incluyó texto de Jean Cassou, director del Museo de Arte Moderno de París, quien, conmovido por la obra del oaxaqueño, había trabado amistad desde hace años”. A pesar de tantos elogios, entre ellos las palabras de André Breton hacia la obra del mexicano; “Pablo Picasso comentó que la exposición era muy mala y que no le gustaba la obra de Tamayo”. De esto, Rufino se entera por comentarios de algunas amistades, dice en el libro Tamayo, aproximaciones, Ingrid Suckaer (2000: 209). Aunque posteriormente, el mismo Tamayo cuenta que “En […] 1950 lo visitamos en su casa de Vallauris (Francia), (y Picasso) fue muy amable”.

Mientras esto sucedía en París, en México las críticas por su ausencia de la palestra se tomaban de la siguiente manera, según Ignacio Márquez Rodiles, en su artículo “La pintura y su Raíz (Rufino Tamayo, el Ausente)” publicado en El Nacional, el mismo año, dice: “Hace ya muchos años que Tamayo vive fuera de su país. La distancia que se interpone entre un artista y su tierra de origen, se refleja siempre en la condición y autenticidad de su esfuerzo. […] Tamayo es día a día -podríamos decir cuadro a cuadro- más extraño a su pueblo”.

Y más adelante asevera: “Las aventuras viajeras de Tamayo ahora emprenden nuevos rumbos: París […] quiere indudablemente, renovar su visión cansada, su vena agotada, con la inspiración parisina”. “Envidiable aventura la de ‘cruzar el charco’: pero ¿qué busca Tamayo en el centro de la vieja Europa?” (1950;4)

Tanto en Europa como en México, la obra del artista causaba cierto recelo, que se acentuaba aún más por los problemas políticos de la época, por lo cual, Márquez Rodiles termina diciendo: “Tamayo contribuirá, acaso sin darse cuenta, a esta política de comerciantes; se le utilizará para combatir la gran pintura mural revolucionaria mexicana” (1950: 4)

A partir de ello, comienza una persecución constante hacia la obra del artista y la polémica constante, por ejemplo, dice Suckaer: “El gran entusiasmo que había despertado la obra de Tamayo en Francia irritó a un sector de comunistas franceses que enarbolaban banderas en contra de toda expresión plástica que se alejara de los dictados culturales orientados desde Moscú. La polémica inició en Francia a través del diario Lettres Francaises y repercutió en México con fragor. “(Suckaer, 2000: 215)

A estas acusaciones y revuelos causados por su obra, y su desapego del realismo social, el oriundo de Oaxaca, espetaba las siguientes frases: “¿Cómo afirmar que el sentido soviético de la pintura es el más adecuado para expresar la sensibilidad de los mexicanos?” (Suckaer, 2000: 216). Por ello, la mayor parte de los críticos de su época, entre ellos el español exiliado en México, Moreno Villa y el poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, lo defendían enfatizando su labor creativa, y propuestas estéticas, antes que su posición política:

Contra el chauvinismo, contra todo ese movimiento pueblerino que veo nacer ahora en México, me levanto y digo que todo esto pintado por Tamayo se halla muy por encima de las pequeñeces nacionalistas o de partidos putrefactos o de idiotas teorías que nada tienen que ver con el arte. Podridos se quedarán los pintores que ahora quieren defender la supeditación del arte a la propaganda política. Podridos quedarán y condenados por la Historia del Arte. El arte no vale si no es estampación de la verdad que cada hijo del hombre lleva en sí del mundo atroz y maravilloso que le rodea. (Moreno Villa, 2001; 449)

Luis Cardoza y Aragón dice: La gracia rústica e inteligente, se manifiesta en su obra, con su mollete, con su pasión contenida. El fotógrafo ambulante, la pintura de retablos y pulquerías, la pintura de las carpas, de las lecherías, la juguería popular, las calles de las barriadas de México, con sus sorprendentes y purísimos colores, logrados con cal, se precipitan al fondo de Tamayo, y sobre ese sentimiento edifica su obra. Me encanta el dejo de corrido que hay en algunos de sus óleos. (Márquez, 1950; 4)

A pesar de las diferencias que tenía con el grupo de muralistas, quienes desde su postura lo veían como un detractor de los ideales nacionalistas, él, más bien se declaraba humanista y universal, o internacionalista, que como bien dice Moreno Villa: “Tamayo no se distingue por poner el arte al servicio de la política, y su técnica está más próxima a la de los parisinos que a las de Orozco y Rivera.” (2001; 449).

Aunque en años posteriores a su estancia en París, el oaxaqueño tiene un peso importante en diversas bienales realizadas en México y en Sudamérica; algunas de ellas apoyadas económicamente por empresas norteamericanas, dando cabida al expresionismo abstracto, como una forma de romper con propuestas nacionalistas, que en el caso de México, tenía un fuerte arraigo.

Rufino Tamayo, el “exiliado espiritual” durante sus estancias en París y otras ciudades buscó constantemente sobresalir, logrando ganar el reconocimiento que en su país no tenía. Por ejemplo, en 1958 pinta un fresco en la sala de Conferencias de la UNESCO, que lleva por título: “Prometeo entregando el fuego a los hombres”; además de ganar el Premio Colouste Gulbenkian del Instituto de Artes de París en 1969. Con todo ello, el artista logra dejar una ruta muy bien trazada para los demás que vendrían a seguir sus pasos.

Precisamente, durante la estancia de los Tamayo en Francia, llegaron dos jóvenes que venían a seguir esa ruta; los dos de origen oaxaqueño, paisanos suyos, quienes bajo su cobijo, los introdujo en el mundo cultural de la época, además de compartirles lazos de amistad que él había forjado durante mucho tiempo, con personalidades como: Octavio Paz, Julio Cortázar, Luis Cardoza y Aragón, André Breton, Jorge Luis Borges, entre otros.