Salomón Jara y la libertad de expresión para mudos; falta más voluntad

*Un par de reuniones con periodistas, un apretón de manos, y después «casi nada»

CON EL BRAZO IZQUIERDO / Froylán Méndez Ferrer* / Agencia ANSIC.MX

Oaxaca, Oaxaca, Lunes 17 de Agosto, 2026.- En julio pasado, periodistas y medios de Oaxaca se sentaron frente al gobernador Salomón Jara Cruz, para exigir el inmediato esclarecimiento del asesinato de Alejandro Leyva. El Gobernador escuchó con gesto abierto. Hubo cordialidad. Hubo otras peticiones. Lo que no hubo fue un compromiso por escrito. Se recibieron propuestas como quien recibe una tarjeta de presentación: con educación, sin obligación.

Libertad de expresión para mudos

Hay canciones que no envejecen porque nos empeñamos en seguir escuchándolas. «Free Speech For The Dumb» (Discharge, 1982) es una pieza que funciona como una cachetada contra una farsa muy específica: la de los gobiernos que reparten discursos como quien reparte limosna, sabiendo de antemano que nadie con algo urgente que decir podrá usarlos sin pagar un precio. El título es la trampa: libertad de expresión, sí, pero para mudos. Para quienes ya no incomodan. Para quienes aceptaron, resignados, que hablar y sobrevivir son cosas distintas.

En una de las reuniones, la Secretaría de Gobierno, la Coordinación de Derechos Humanos y la Coordinación de Comunicación Social ofrecieron, a modo de respuesta, un «Sistema Estatal de Atención a los Medios de Comunicación». El nombre ya lo dice todo: atención, no protección; sistema, no ley; medios de comunicación, no periodistas ni personas comunicadoras de carne y hueso. El gremio periodístico hablaba de una Ley, protocolos de seguridad reales, armonización de bandos de policía y gobierno municipales, e instalación operativa, no simbólica, de un comité. Cuatro ejes exigibles frente a un sustantivo, «sistema», que en la gramática burocrática mexicana suele significar «trámite sin presupuesto».

Cuando escribo este texto, sigue sonando de fondo «Free Speech For The Dumb». No es una canción amable. No pretende serlo. El grupo de hardcore punk británico no argumenta: embiste. Y ese es, precisamente, el tono que busco, porque llevamos demasiados años escribiendo sobre la seguridad de periodistas en Oaxaca con la cortesía de quien pide un favor, cuando en realidad estamos exigiendo el cumplimiento de un derecho. Se acabó la cortesía. Ya basta de miseria.

Una reunión de seguimiento estaba fijada para el 7 de agosto, en Palacio de Gobierno. No se realizó. Se pospuso, como se posponen las cosas que incomodan más aún cuando no hay voluntad. Y en un tema donde cada semana que pasa suma otro nombre a la lista nacional de periodistas atacados y asesinados, ese aplazamiento no es un detalle de agenda: es una prioridad.

Hay algo casi obsceno en la coincidencia de la canción y lo que vivimos. Mientras la batería continúa, sin dar tregua, repaso actas de reuniones donde sí hubo tregua, y de sobra: reuniones que se agendan con solemnidad de Estado y se posponen, o de plano quedan sin respuesta, con la misma ligereza con la que se convocaron. Pienso en Oaxaca, en sus ocho regiones, en un gremio periodístico que ha aprendido a medir su libertad de expresión no por lo que puede decir, sino por lo que todavía no le ha costado la vida. Y pienso que, si Discharge escribiera hoy esa canción sobre Oaxaca, no tendría que cambiarle una sola nota.

El nombre que no cabe en ningún boletín de prensa

Digámoslo sin el matiz institucional del «diálogo permanente», porque ese matiz es, también, una forma de silenciamiento: el 22 de julio de 2026, Francisco Alejandro Leyva Aguilar fue asesinado a balazos. Reporteros Sin Fronteras, ARTICLE 19 y la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos en México coincidieron en que en Oaxaca esto ya debería ser un tema de Estado. El crimen de Leyva Aguilar se sumó a una racha nacional de periodistas asesinados en 2026 y a una ola continua de agresiones contra la prensa oaxaqueña en semanas recientes. El gobernador Jara condenó el hecho, pidió coordinación entre la Fiscalía General del Estado y la Fiscalía General de la República, e invocó a la fiscalía especializada en delitos contra la libertad de expresión. La FGR atrajo la investigación. Y, aun así, hoy sin avances, el caso sigue sin esclarecerse y sin una sola persona detenida.

Ese vacío es el fondo de este texto. Seguiremos exigiendo el esclarecimiento pleno del asesinato de Alejandro Leyva. No como consigna decorativa para otros fines, sino como el piso mínimo que un Estado le debe a quien fue silenciado por hacer su trabajo.

La voluntad no se declara, se legisla

Hay que reconocer, con la misma franqueza con la que se señalan sus faltas, que el gobierno de Salomón Jara sí dialoga. El problema es que dialogar se ha convertido, en la práctica oaxaqueña, en la forma más elegante de no comprometerse. Un «Sistema Estatal de Atención» sin decreto exigible, sin protocolo de reacción inmediata y sin ley que lo respalde, no es un mecanismo de protección: es solo un gesto de relaciones públicas.

Oaxaca necesita, ya, sin depender de los tiempos legislativos, tres cosas que el gremio ya puso sobre la mesa: la instalación formal del Comité Estatal de Atención y Protección Integral a Periodistas y Personas Comunicadoras, vía decreto del Ejecutivo, convenio interinstitucional y protocolo de reacción inmediata; la promulgación de una Ley Estatal para Periodistas y Personas Comunicadoras; y, tercero, un proceso que deje de tratar a la capital como si fuera todo el estado, con diálogo itinerante en las ocho regiones, porque el periodismo de la Mixteca, la Costa, el Istmo o la Sierra Sur no es periferia de nada, es la mitad olvidada de la misma exigencia del gremio.

Si el gobierno estatal quiere demostrar que su apertura no es una versión más educada del silenciamiento, tiene el camino trazado. Lo único que falta es mayor voluntad política. No diagnósticos. No mesas. No reuniones que se agendan y se esfuman. Más voluntad.

El periodista en el espejo

Sería cómodo y deshonesto acusar solo al gobierno. El periodismo oaxaqueño arrastra una fragmentación que sabotea, desde adentro, cualquier mecanismo de protección por bien diseñado que llegue a estar. Llegamos a las mesas con diálogos, pero llegamos divididos, con agendas paralelas y desconfianzas internas a veces más profundas que las que tenemos hacia la autoridad. Y mientras cada organización o grupo dialogue por su cuenta, mientras cada colectivo dispute protagonismo en lugar de construir consenso, el gobierno tendrá todo el margen del mundo para diluir compromisos, posponer reuniones sin costo político y sustituir leyes por sistemas sin fuerza vinculante. La dispersión del gremio es, hoy, el mejor aliado involuntario de quienes prefieren que este tema no avance.

Cambiar esa mentalidad, de la rivalidad interna a la exigencia colectiva, no es un gesto de buena voluntad entre colegas. Es, a estas alturas, una condición de sobrevivencia del oficio.

Coda

“Free Speech For The Dumb” o “libertad de expresión para los mudos”: la canción termina como empezó, sin estribillo que suavice nada, sin una sola concesión melódica. Esa es la lección que duele al escucharla mientras se piensa en Oaxaca: la libertad de expresión no se demuestra en el boletín de condena, ni en un saludo cordial con el gobernador, ni en el nombre bonito de un «sistema» recién bautizado. Se demuestra en el expediente resuelto, en la ley promulgada, en el comité instalado con facultades reales, en la reunión que sí se sostiene el día en que se agendó. Todo lo demás es, con perdón de la ironía, libertad de expresión para mudos.

A Salomón Jara y a su gobierno les toca decidir de qué lado de esa distinción quieren quedar en la historia reciente de Oaxaca. El gremio periodístico seguirá exigiendo que el silencio de Alejandro Leyva no se convierta en costumbre, sino en el punto de quiebre que obligue a que la protección deje de ser promesa de campaña y se vuelva, de una vez, justicia y ley para periodistas.

*Afiliado al SINMCO