El búnker del miedo: todos contra Ivette

Oaxaca, Oaxaca, Lunes 15 de Junio, 2026, (Fuente: Ernesto Rojas Ayuzo / X: @rojasayuzo).- Dicen los clásicos de la política que el poder se ejerce para construir o, de plano, para aniquilar a los enemigos que verdaderamente representan un peligro. Sin embargo, cuando todo el aparato del Estado se vuelca con furia contra una figura de la oposición que formalmente no ostenta ningún cargo público, lo que se respira en los pasillos de Palacio de Gobierno no es fuerza. Es un profundo pánico.

El nerviosismo tiene una explicación clara. Quien hoy trae de cabeza a los estrategas oficiales es una mujer que no sólo aspira a la trinchera electoral, sino que representa un riesgo latente de destapar la cloaca del desmedido enriquecimiento ilícito de quienes hoy ostentan el poder.

Claro que en cada transición hay pactos —prueba de ello es la impunidad de la que gozan muchos “delincuentes de cuello blanco” del sexenio anterior—, pero el miedo actual radica en que el control de los acuerdos se les salga de las manos.

Cuentan las lenguas que habitan el círculo más íntimo del poder oaxaqueño que, la noche del pasado martes 02 de junio, las luces del despacho principal no se apagaron para descansar, sino para recibir al ya famoso asesor argentino y a su séquito. El menú no incluyó el desarrollo social ni la seguridad del estado; el plato fuerte fue Ivette Morán de Murat.

Lo alarmante no es que un gobierno vigile a su oposición; lo verdaderamente cavernícola es la semántica utilizada. En esa mesa se barajaron términos como “destruir” y “desaparecer” a la ex primera dama y a su equipo.

En un estado históricamente flagelado por la violencia política, usar ese vocabulario desde la cúspide del poder es una amenaza velada.

Al día siguiente, la paranoia se formalizó con órdenes de tintes militares:

*Espionaje de baja intensidad: Monitorear cada paso, cada café y cada reunión de la aspirante

*Garrote judicial: Activar carpetas de investigación a cualquiera que ose tomarse una foto, aplaudir o coordinar esfuerzos con ella

Utilizar a los órganos de inteligencia financiera local como si fueran una extensión del búnker electoral del partido en el poder es el síntoma inequívoco de un gobierno que ha perdido la brújula.

Mientras Oaxaca sortea sus propios demonios en seguridad, salud y gobernabilidad, el estado de fuerza parece concentrado en fiscalizar lo que una ciudadana hace en sus redes sociales.

Qué lástima que en Oaxaca el poder se use para perseguir fantasmas, en lugar de gobernar para construir continuidad.