De mentiras, contradicciones y excusas

*El piloto que presuntamente prestó la aeronave de Gugar, como lo afirmó el Secretario de Gobierno, Jesús Romero, trabaja en hangar del gobierno del estado de Oaxaca
Oaxaca, Oaxaca, Lunes 08 de Junio, 2026, (Fuente: Ernesto Rojas Ayuzo / X: @rojasayuzo).- Las excusas del Secretario de Gobierno de Oaxaca, Jesús Romero López, al usar una aeronave privada, fueron torpes y contradictorias.
Al igual que la diputada local Tania Caballero, quien tras irse de compras a los Estados Unidos afirmó que había viajado con su familia por temas de trabajo con la comunidad migrante, Jesús Romero aplicó el manual de excusas de Morena: aseguró que fue un asunto laboral y que pagó el vuelo de su propio bolsillo.
Sin embargo, se contradijo poco después al afirmar que el viaje fue «de cuates» porque se lleva con el piloto desde hace muchos años.
Dice el encargado de la política interior que el viaje al Istmo y a la Costa era de vida o muerte para la gobernabilidad (en referencia al «Plan Juchitán», ese que consiste en pegar calcomanías con poemas en zapoteco para frenar a la delincuencia), pero que los costos operativos salieron de sus «recursos personales».
Además, añade que el avión no se lo prestó un empresario con intereses ocultos, sino que fue un favor de un «amigo piloto» de hace muchos años; como si el piloto pudiera decidir dar «aventones» en una aeronave sin el consentimiento del dueño.
Detrás de ese entrañable «amigo piloto» emerge una figura conocida: Jesús López Ceja, hombre recordado por haber sido el piloto de Ulises Ruiz Ortiz en aquel célebre desplome de helicóptero en 2007.
López Ceja, quien trabaja en el hangar del gobierno del estado como piloto, fue quien supuestamente prestó la aeronave de Gugar, ya que también cobra como piloto de planta de la familia Guzmán Gardezábal, cediendo los controles al piloto a quien llaman Charly, voló con los funcionarios de la Primavera Oaxaqueña.
Empresarios oaxaqueños afirman que Jesús Romero acostumbra pedir esos «favores» de manera frecuente —ya sea en jets, helicópteros o avionetas, según el lugar al que acuda—, ejerciendo presión con el cargo que ostenta en el gobierno del estado de Oaxaca o pagando el «favor» otorgado con contratos u obras.
Por si fuera poco, quienes conocen las entrañas de la aviación local identificaron que la fotografía de Charbelín fue tomada desde el hangar de Alas del Socorro, inmueble que colinda pared con pared con el de Gugar, en la zona de hangares privados del aeropuerto de Xoxocotlán; es decir, el propio personal del gobierno estatal lo balconeó.
Al desvincular a los dueños, pero agradecer al piloto de Gugar, se genera un vacío lógico que nadie se traga.
Financiar funciones oficiales con dinero privado no es transparencia; es una irregularidad administrativa.
Si el viaje era institucional, debió pagarlo el Estado; si el secretario tiene la capacidad financiera para costear de su bolsa horas de vuelo privado, la «honrosa medianía» republicana ha quedado reducida a un chiste de campaña.
Este fenómeno de la «austeridad VIP» no es nuevo. Nos recuerda las peripecias de Gerardo Fernández Noroña, eterno paladín del proletariado captado en salas VIP justificando su confort, o a la diputada local Tania Caballero, quien ante los reclamos por sus constantes viajes de «trabajo» a Estados Unidos aplicó el mismo libreto: «fui a trabajar, pero me lo pagué con mi dinero».
¿Qué nos intentan decir? ¿Que la administración pública está tan en la quiebra que sus funcionarios deben poner de su sueldo para que la maquinaria camine? ¿O que somos tan ingenuos como para aceptar una austeridad franciscana mientras ellos mantienen un estilo de vida con cargo a las «amistades» de las élites patronales?
Llevar al equipo de gobierno en un vuelo privado, conseguido por el cotizado piloto del viejo régimen, no es heroísmo burocrático; es un control de daños mal ensayado.

