Salina Cruz: violencia cotidiana

*Además, una estrategia de seguridad sin resultados visibles

Salina Cruz, Oaxaca, Miércoles 04 de Marzo, 2026, (Fuente: Facebook: Edwin Meneses y Revista EM La Edición El Eco Semanal del Istmo y Oaxaca).- La seguridad pública en este municipio de la región Istmo de Oaxaca vuelve a colocarse bajo cuestionamiento. En menos de un mes, una cadena de asaltos a comercios, ciudadanos y cuentahabientes ha evidenciado una constante que preocupa a empresarios y habitantes. La delincuencia mantiene presencia activa mientras las acciones oficiales no logran traducirse en resultados positivos.

El gobierno municipal encabezado por Daniel Méndez Sosa enfrenta uno de sus mayores retos desde el inicio de la administración. A pesar de operativos anunciados y del respaldo de fuerzas federales, los robos con violencia continúan registrándose incluso en el primer cuadro de la ciudad, una zona que, en teoría, debería contar con mayor vigilancia institucional.

El repunte delictivo ocurre semanas después de la ejecución de un abogado a plena luz del día, un hecho que marcó un punto de quiebre en la percepción pública de seguridad.

Lejos de representar un episodio aislado, la violencia posterior ha reforzado la sensación de vulnerabilidad entre comerciantes y ciudadanos que realizan actividades cotidianas en espacios comerciales y bancarios.

Entre los casos recientes se encuentran asaltos a negocios de distintos giros comerciales, farmacias y agresiones directas contra ciudadanos, incluyendo un adulto mayor y un cliente de la sucursal BBVA México. La repetición de estos delitos sugiere patrones operativos que no han sido contenidos mediante labores preventivas ni de inteligencia policial.

La presencia de la Secretaría de Marina en tareas de apoyo a la seguridad municipal fue presentada como un refuerzo estratégico para inhibir la incidencia delictiva. Sin embargo, los hechos recientes plantean interrogantes sobre la coordinación real entre corporaciones y sobre el alcance de una estrategia que, hasta ahora, parece concentrarse en la reacción posterior al delito más que en su prevención.

A ello se suma la falta de información pública respecto al funcionamiento del sistema de videovigilancia C-2.

La mayoría de los robos ocurrió en áreas donde deberían existir registros visuales suficientes para facilitar investigaciones y detenciones. No obstante, la ausencia de resultados concretos alimenta la percepción ciudadana de una infraestructura tecnológica insuficiente.

Mientras la autoridad sostiene el discurso de reforzamiento en seguridad, comerciantes ajustan horarios, ciudadanos modifican rutinas y la desconfianza hacia la capacidad preventiva del Estado se profundiza.

La pregunta que permanece abierta no es únicamente cuántos delitos se cometen, sino cuánto tiempo puede sostenerse una estrategia sin resultados visibles antes de convertirse en un problema político y social mayor.