¿Habemus Planeta Nueve?

*Astrónomos detectan posible coloso oculto a 700 veces la distancia Tierra-Sol
*Un gigante helado más masivo que Neptuno, orbitando silenciosamente a 105,000 millones de kilómetros del Sol, podría haber dejado su huella en observaciones infrarrojas separadas por 23 años
Oaxaca, Oaxaca, Sábado 03 de Mayo, 2025 (Fuente: DW US Spanish, Independent en Español y Euronews en Español).- Una pregunta que agita a la comunidad astronómica resurge con fuerza: ¿existe un noveno planeta en nuestro sistema solar? El llamado Planeta Nueve –nombre provisional asignado a un hipotético gigante helado– podría orbitar silenciosamente más allá de Neptuno, en las regiones más remotas de nuestra vecindad cósmica.
Durante décadas, la posibilidad de descubrir un planeta adicional oculto en estas vastas lejanías ha cautivado tanto la imaginación científica como la del público general, convirtiendo esta búsqueda en una de las más fascinantes de la astronomía moderna.
Ahora, un equipo internacional de investigadores podría haber encontrado el candidato más sólido hasta la fecha para ser el elusivo Planeta Nueve, un mundo que, de confirmarse, sería más masivo que Neptuno y se encontraría a una distancia asombrosa: unas 700 veces más lejos del Sol que la Tierra.
El descubrimiento, que será publicado en Publications of the Astronomical Society of Australia, surge de una ingeniosa comparación de dos estudios del cielo en el infrarrojo lejano realizados con 23 años de diferencia.
En concreto, el equipo, liderado por el astrónomo Terry Long Phan de la Universidad Nacional Tsing Hua de Taiwán, analizó datos del Satélite de Astronomía Infrarroja (IRAS), lanzado en 1983, y AKARI, de la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial que operó entre 2006 y 2011, buscando objetos que mostraran el sutil movimiento esperado para un planeta tan distante.
Comparación de datos infrarrojos con 23 años de diferencia
La técnica empleada aprovecha precisamente esa separación temporal para detectar el movimiento orbital esperado del Planeta Nueve, estimado en aproximadamente 3 minutos de arco por año, de acuerdo con Universe Today. Tras un riguroso proceso de selección entre 13 pares candidatos, el equipo identificó un objeto que aparece en una posición en los datos de IRAS de 1983, pero que 23 años después se había desplazado 47,4 minutos de arco, según detalla Space.com.
Las estimaciones basadas en el brillo del objeto en ambos sondeos sugieren algo sorprendente: si este candidato es realmente el Planeta Nueve, sería más masivo que Neptuno y se encontraría a unas 700 veces la distancia Tierra-Sol (700 unidades astronómicas). Esto equivale a unos impresionantes 105.000 millones de kilómetros del Sol, según los cálculos de Space.com.
Para poner esta distancia en perspectiva, Neptuno, el planeta más exterior reconocido oficialmente, orbita a «apenas» 30 unidades astronómicas. A semejante lejanía, no es de extrañar que el objeto haya eludido la detección directa durante tanto tiempo.
«Es bastante sorprendente pensar que algo tan grande como Neptuno pueda estar ahí fuera sin que nadie se haya dado cuenta», comentó a Science el astrónomo Gary Bernstein, de la Universidad de Pensilvania, quien no participó en el estudio. «Pero si lo pones lo suficientemente lejos, se vuelve más y más tenue muy rápidamente».
Hipótesis del Planeta Nueve: anomalías en el Cinturón de Kuiper
La búsqueda del Planeta Nueve no es un capricho científico. Tras la degradación de Plutón en 2006, su existencia fue propuesta formalmente en 2016 por los astrónomos Michael Brown y Konstantin Batygin del Instituto de Tecnología de California (Caltech) para explicar un fenómeno intrigante: el inusual agrupamiento orbital de varios objetos transneptunianos en el Cinturón de Kuiper, incluyendo el planeta enano Sedna.
Esta hipótesis sugiere que un planeta masivo invisible estaría ejerciendo su influencia gravitatoria sobre estos cuerpos. Según los investigadores, este planeta podría tardar unos 10.000 años en completar una órbita alrededor del Sol.
Esta no es la primera vez que se encuentra una pista similar en estos datos antiguos. En 2021, otro astrónomo, Michael Rowan-Robinson, detectó algo prometedor en los archivos del IRAS, pero su señal no fue confirmada por otros telescopios. Esta vez, el hecho de que el objeto haya sido captado tanto por IRAS como por AKARI da al nuevo candidato un peso adicional.
Es importante destacar que el Planeta Nueve no debe confundirse con el antiguo concepto del «Planeta X», que se propuso para explicar supuestas regularidades en las extinciones masivas terrestres que finalmente no resistieron el escrutinio científico, como aclara Space.com.
¿Cómo llegó un planeta tan masivo a una órbita tan lejana?
Phan sugiere dos posibilidades: podría haberse formado más cerca del Sol y haber sido expulsado por interacciones gravitatorias con otros planetas gigantes, o, aún más intrigante, podría ser un «planeta rebelde» capturado por nuestro sistema solar en sus primeras etapas.
La confirmación del hallazgo requerirá observaciones adicionales. «Una vez que conozcamos la posición del candidato, una exposición más larga con los grandes telescopios ópticos actuales podrá detectarlo», explicó Phan a Space.com.
El equipo sugiere utilizar la Cámara de Energía Oscura del telescopio Blanco en Chile, que cuenta con un campo de visión de tres grados cuadrados, ideal para la búsqueda.
Como es de esperar en este tipo de estudios, la comunidad científica mantiene un cauteloso optimismo. Las señales detectadas son extremadamente débiles y, como señala la astrónoma Samantha Lawler de la Universidad de Regina a Science, «sería realmente genial que hubiera algún tipo de patrón allí, pero no estoy convencida, con los datos actuales, de que no se pueda optar por la explicación más simple».
El futuro cercano promete respuestas más definitivas. Con el inminente inicio de operaciones del Observatorio Vera C. Rubin en Chile y el lanzamiento del Telescopio Espacial Nancy Grace Roman, si el Planeta Nueve existe, sus días de anonimato podrían estar contados.
Investigación revela que las pirámides egipcias se construyeron con una máquina inteligente
En otro tema distinto, las majestuosas pirámides de Egipto han sido, durante siglos, una fuente inagotable de asombro y misterio. Sin embargo, investigaciones recientes revelaron sorprendentes detalles sobre su construcción y destacan el ingenioso uso del agua en este proceso.
Un innovador estudio sugiere que al menos una de estas monumentales estructuras fue erigida mediante técnicas mucho más avanzadas de lo que se creía. Publicado el 5 de agosto en la revista PLOS ONE, el trabajo plantea que la famosa pirámide escalonada de Zoser, con 4.500 años de antigüedad, se levantó con la ayuda de un sistema hidráulico revolucionario.
Hasta hace poco, la teoría predominante sostenía que la pirámide fue construida mediante una red de rampas y palancas. Sin embargo, el análisis más reciente, liderado por Xavier Landreau, del Instituto Paleotécnico CEA de Francia, sugiere que los antiguos egipcios aprovecharon los canales de agua cercanos para activar mecanismos de elevación. Según este estudio, el agua se canalizaba hacia dos pozos ubicados dentro de la pirámide, que servían para operar un sistema de flotadores, lo que permitía subir y bajar los pesados bloques de piedra necesarios para la construcción de la estructura.
Este hallazgo redefine nuestra comprensión sobre la ingeniería en el Antiguo Egipto y destaca su capacidad para aprovechar los recursos naturales de manera extraordinaria.
“Los antiguos egipcios son reconocidos por su pionerismo y su maestría en el uso de la hidráulica, a través de canales tanto para el riego como para el transporte de enormes bloques de piedra mediante barcazas”, señalaron los investigadores. “Este estudio abre una nueva línea de investigación: el posible uso de la fuerza hidráulica en la construcción de las imponentes estructuras erigidas por los faraones”.
La pirámide escalonada de Saqqara, que se estima fue construida alrededor del año 2680 a.C. como parte del complejo funerario del faraón Zoser, de la Tercera Dinastía, sigue siendo objeto de debate respecto a los métodos exactos que se utilizaron en su construcción. A pesar de las numerosas teorías propuestas, la verdadera técnica aplicada por los antiguos egipcios permanece envuelta en misterio.
Landreau y su equipo argumentan que una estructura cercana, hasta ahora inexplicada, conocida como el recinto de Gisr el-Mudir, era en realidad una “represa de control” que se usaba para retener agua y sedimentos.
Además, plantean que una serie de compartimentos excavados en el suelo, justo frente a la pirámide, podría haber servido como una instalación de filtrado de agua. Este sistema habría permitido que los sedimentos se depositaran a medida que el agua fluía por cada compartimento sucesivo.
Desde ese punto, al fluir hacia los conductos de la pirámide, el agua presurizada habría levantado los bloques de construcción hacia los niveles superiores de la estructura mediante un conducto interno, en un proceso conocido como construcción por “volcán”.
Sin embargo, aunque los autores afirman que “la arquitectura interna de la pirámide escalonada coincide con un dispositivo de elevación hidráulica nunca antes documentado”, admiten que se requieren más estudios para confirmar esta teoría.
Ahora buscan determinar cómo pudo haber fluido el agua a través de los conductos y cuánta agua estaba disponible en la zona circundante hace miles de años.
Aun así, reconocen que, aunque quizás se emplearon otras estructuras, como rampas, para facilitar la construcción de la pirámide, un sistema de elevación hidráulica podría haber complementado el proceso cuando la disponibilidad de agua lo permitía.
Resaltan que su investigación, realizada en colaboración con “varios laboratorios nacionales”, condujo al descubrimiento de una represa, una instalación de tratamiento de agua y un elevador hidráulico, los cuales habrían sido clave para la construcción de la pirámide escalonada de Saqqara.
Concluyen: “Este trabajo abre una nueva línea de investigación para la comunidad científica: el uso de energía hidráulica en la construcción de las pirámides de Egipto”.
Una nave soviética de 500 kg amenaza con caer del cielo tras 50 años en órbita
En otro orden de ideas, se espera que una nave espacial de la era soviética que debía aterrizar en Venus en la década de 1970 se precipite sin control de vuelta a la Tierra, posiblemente en las dos primeras semanas de mayo. Según los expertos en seguimiento de desechos espaciales, es demasiado pronto para saber dónde caerá esta masa metálica de media tonelada o qué parte de ella sobrevivirá a la reentrada. El científico neerlandés Marco Langbroek predice que la nave fallida reentrará en nuestro planeta en torno al 10 de mayo. Langbroek calcula que se estrellará a unos 242 km/h, suponiendo que permanezca intacta.
«Aunque no está exento de riesgos, no debemos preocuparnos demasiado», afirma Langbroek. El objeto es relativamente pequeño y, aunque no se rompa, «el riesgo es similar al de la caída aleatoria de un meteorito, de las que se producen varias al año. El riesgo de ser alcanzado por un rayo a lo largo de la vida es mayor». La posibilidad de que la nave espacial golpee realmente a alguien o algo es pequeña, añadió, pero «no puede excluirse por completo».
¿Cuáles fueron las misiones soviéticas a Venus?
La Unión Soviética lanzó en 1972 la nave espacial conocida como Kosmos 482, una de una serie de misiones a Venus. Pero nunca llegó a salir de la órbita terrestre debido a una avería del cohete. La mayor parte volvió a la Tierra en menos de una década. Pero Langbroek y otros creen que la cápsula de aterrizaje, un objeto esférico de aproximadamente un metro de diámetro, ha estado dando vueltas alrededor del mundo en una órbita muy elíptica durante los últimos 53 años, reduciendo gradualmente su altitud.
Es posible que la nave, de casi 500 kilos, sobreviva a la reentrada. Según Langbroek, de la Universidad Tecnológica de Delft (Países Bajos), se construyó para resistir un descenso a través de la atmósfera de Venus, tan densa como el dióxido de carbono. Los expertos dudan de que el sistema de paracaídas funcione después de tantos años. El escudo térmico también podría verse afectado tras tanto tiempo en órbita.
Jonathan McDowell, del Centro Harvard-Smithsonian de Astrofísica, dijo que sería mejor que el escudo térmico fallara, lo que provocaría que la nave se quemara durante su inmersión en la atmósfera. Pero si el escudo aguanta, «reentrará intacto y tendrás un objeto metálico de media tonelada cayendo del cielo».
La nave podría reentrar en cualquier punto entre los 51,7 grados de latitud norte y sur, o tan al norte como Londres y Edmonton, en la provincia canadiense de Alberta, casi hasta el Cabo de Hornos, en Sudamérica. Pero como la mayor parte del planeta es agua, «lo más probable es que acabe en algún océano», dijo Langbroek.
