Quedaría libre ex edil de Nochixtlán

*Fue acusada como autora intelectual de la desaparición y asesinato de una mujer en su municipio
*El dolor de las víctimas se diluye en medio de decisiones judiciales que benefician a quienes tienen poder e influencias
Oaxaca, Oaxaca, Viernes 30 de Agosto, 2024 (Fuente: Jesús Blancornelas Jr. y Giselle Melchor / Diario El Fortín).- Mientras miles de mujeres exigen justicia por las víctimas de desaparición y feminicidio, otro caso de impunidad sacude a Oaxaca. Lizbeth Victoria Huerta, ex presidenta municipal de Nochixtlán (municipio de la región Mixteca del estado), quedará en libertad tras cuatro años en prisión, acusada como autora intelectual de la desaparición y asesinato de una mujer en su municipio. Su liberación no sólo indigna, sino que también duele en una sociedad que sigue exigiendo justicia para las mujeres y personas desaparecidas.
Lizbeth Victoria Huerta fue detenida en 2020, señalada por participar en la desaparición y asesinato de una mujer cuyo nombre se ha perdido entre expedientes y burocracias judiciales. Hoy, a cuatro años de su detención, la ex munícipe se prepara para salir libre, sin que se conozcan a fondo las circunstancias que llevaron a esta decisión. Esta noticia hiere profundamente a una sociedad que observa cómo el dolor de las víctimas se diluye en medio de decisiones judiciales que benefician a quienes tienen poder e influencias.
Con la sonrisa de quien ha ganado una batalla, la ex presidenta, conocida por su cercanía con figuras políticas, deja la prisión gracias a la intervención de abogados que parecen conocer bien los atajos del sistema. Para muchos, este no es sólo un triunfo legal, sino una bofetada a las familias que siguen buscando a sus hijas, madres y hermanas desaparecidas, y que ven con desesperanza cómo los responsables parecen tener asegurada su impunidad.
El respaldo del gobernador Salomón Jara Cruz, quien ha defendido públicamente la inocencia de Lizbeth Victoria Huerta, plantea serios cuestionamientos sobre la imparcialidad de la justicia. En un estado que ha sido testigo de innumerables actos de violencia contra mujeres, este apoyo no sólo es insensible, sino que también agrava la sensación de que en Oaxaca la ley se aplica de manera desigual: dura con quienes no tienen voz y benévola con quienes gozan de conexiones políticas.
En contraste, el caso de Juan Vera Carrizal sigue sin resolverse; su encarcelamiento por intento de feminicidio se mantiene, mientras que en este caso la impunidad parece encontrar siempre un camino. La comparación no hace sino reforzar la percepción de que hay dos justicias: una que favorece a los amigos del poder y otra que castiga o ignora a los más vulnerables.
Una llamada a la solidaridad feminista
Sorprende y duele que, ante esta noticia, el pronunciamiento de los colectivos feministas y de derechos humanos sea casi inexistente. Las voces que suelen gritar por justicia para las mujeres, hoy parecen apagadas, dejando un vacío en el acompañamiento de una causa que debería indignar a todas y todos. La liberación de Lizbeth Victoria Huerta es un llamado urgente a la reflexión colectiva: no podemos permitir que los derechos de las mujeres sean moneda de cambio en un sistema judicial que parece estar más comprometido con los poderosos que con las víctimas.
Este caso es un recordatorio de que la lucha por la justicia no puede detenerse, y que la voz de las mujeres no debe callar ante ninguna forma de impunidad. Necesitamos una justicia que no se doblegue ante el poder, que no se olvide de las víctimas y que garantice que ningún responsable, sin importar su influencia, quede libre de rendir cuentas.
En Oaxaca, la liberación de la ex presidenta Lizbeth Victoria Huerta nos muestra que el camino hacia la justicia aún es largo y complicado, pero también nos obliga a seguir luchando, alzando la voz por aquellas que ya no están, y exigiendo que el dolor de las familias no sea ignorado ni invisibilizado por decisiones que nos recuerdan que la impunidad sigue siendo la peor de las violencias.
Familia Uruchurtu en alerta: justicia en riesgo por posible liberación de ex edil de Nochixtlán
En el marco del Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, cada 30 de agosto, las hermanas Elizabeth y Sara Uruchurtu Cruz lanzaron un mensaje a la opinión pública para advertir sobre la presunta liberación de Lizeth Victoria Huerta, ex edil de Nochixtlán, detenida por su presunta responsabilidad en la desaparición forzada de Claudia Uruchurtu.
Desde el 2011, esta fecha ha sido destinada para denunciar la “terrible acción cometida por quienes ejercen una función pública o por quienes actúan con la permisibilidad o tolerancia de autoridades públicas. Esto es lo primero que debe quedarnos claro, una autoridad desde el nivel municipal o hasta el nivel federal siempre podrá ser responsable”, señalan.
“Queremos señalar públicamente que no permitiremos otra vez que la impunidad vuelva asomarse, ya no más injusticias, que no se dejen cooptar por el poder político o la influencia política que pudieran tener las personas involucradas, sobre todo, de la ex presidenta municipal, quien era del partido del actual gobernador y del actual presidente de la república. Si se dicta una sentencia que no sea justa, es darle la razón a la corrupción, a la sinrazón, es darle la espalda al pueblo”, suscriben.
Bajo la consigna “Defensores por la Justicia”, las hermanas Uruchurtu Cruz denuncian que no permitirán “que la impunidad sea el estandarte de nuestro sistema de justicia. Necesitamos respuestas, necesitamos paz, necesitamos justicia”.
Además, pidieron al pueblo de Oaxaca y a las autoridades que no sean indiferentes. “Cada uno de nosotros tiene un papel que jugar en esta lucha. No sólo estamos buscando a nuestros seres queridos, también estamos luchando por el futuro de nuestra sociedad, por un país donde nadie más tenga que pasar por el dolor que muchas familias estamos atravesando”.
“A nosotras no sólo nos desaparecieron a Claudia, sino también la paz, la esperanza y, en muchos casos, la confianza en las instituciones que deberían protegernos. Es una forma de violencia que deja a las familias en un limbo interminable, atrapadas entre la espera y la desesperación”.

