Héctor Pablo, falso como su título profesional y sin amigos

Álvaro LÓPEZ AZUARA

Oaxaca, Oaxaca, Lunes 24 de Junio, 2019.- Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva es un oaxaqueño que ha creado su entorno político en medio de falsedades y medias verdades.

Para empezar, ideó su apellido para asemejarse a los “aristogatos” descendientes de algún gobernador que llegó al cargo por azares del destino y en sustitución de otro constitucional, como los “Bolaños-Cacho” o los “Gómez-Sandoval”; para semejarse a ellos se impuso el doble apellido del papá, “Ramírez Puga”, cuando sus hermanos simplemente se apellidan Ramírez Leyva.

Luego se inventó a la millonaria abuela Doña María, la que supuestamente convirtió la miseria familiar y el duro esfuerzo para sobrevivir en sólidos centenarios de oro y varias casonas en la ciudad de Oaxaca y terrenos en sitios de playa.

Enloquecido con el dinero que depositó en sus manos su examigo, Ulises Ruiz Ortiz, para sobornar a la prensa local y de la Ciudad de México, y ensoberbecido por la amistad con Luis Videgaray —el casi vicepresidente de México con Enrique Peña Nieto—, soñó con ser gobernador del estado de Oaxaca y la manera más fácil, ha de haber pensado, era tener como esposa a una mujer de la farándula artística.

Con el ejemplo de “La Gaviota” de Peña Nieto y Anahí del “Güero” Velasco, de Chiapas, usó el dinero de Liconsa para congraciarse con Mariana Seoane y hasta a la esposa abandonó, pero los mexiquenses lo dejaron sólo, porque ahí valieron más los intereses del Grupo Atlacomulco, y el hijo de la madrastra, Alejandro Murat, se vino a gobernar Oaxaca, mientras Héctor Pablo hacía el berrinche de su vida.

Título profesional “patito”

Pero donde se pinta de cuerpo entero fueron las triquiñuelas para conseguir un título profesional apócrifo, otorgado por una institución “patito”, el Instituto de Estudios Superiores de Oaxaca (IESO).

Nini siempre fue, como muchos políticos oaxaqueños, a quienes Javier Villacaña enseñó el camino para obtener títulos profesionales de escuelas privadas, sin asistir a clases y sólo con el poder del dinero; así lo hizo Eviel Pérez Magaña y también Héctor Pablo.

Cuando fue diputado federal y le pidieron sus grados académicos para aparentar altos niveles educativos entre la bancada priista, Héctor Pablo dijo haber estudiado la licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad de las Américas, campus Cholula, Puebla, entre 1986 y 1991.

En la Universidad de las Américas no existe ningún antecedente de algún alumno con el nombre de Héctor Pablo Ramírez Leyva o Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva.

Así que, siendo director general de Liconsa y con la calentura de querer ser gobernador de Oaxaca, acudió a otra institución privada, pero esta vez oaxaqueña, para comprar su título profesional y el IESO se lo concedió.

El 3 de diciembre de 2016, siendo titular de Liconsa, el IESO anunció en su página web, http://www.ieso.edu.mx/Noticias.html , que 81 de sus estudiantes se titularían; en el lugar 70 aparecía el nombre de Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva.

Ochenta estudiantes sí fueron a la ceremonia de graduación en el auditorio Proceso Sánchez Ortega para recibir su título profesional, a las 11 de la mañana de esa templada mañana. Héctor Pablo nunca apareció.

Ese día se encontraba en la Ciudad de México, según los oaxaqueños que trabajaban en Liconsa, incluso en su perfil de Twitter posteó una romántica foto celestial, con el texto: ““No es una gran foto, pero quise subirla a tuiter para que vean la hermosa luna que nos regala esta noche la CDMX. @webcamsdemexico”.

Sin amigos

Durante su gestión, Liconsa se volvió un centro de contratación de jóvenes oaxaqueñas bonitas, excalcaldes, exlegisladores, recomendados y desempleados. Ahí estuvieron más de 250 oaxaqueños.

Fue famosa la contratación de Engelbert Granados Saynes, señalado como operador de espionaje telefónico con Juan Manuel Vera Salinas, exdirector de Seguridad Pública de Ulises Ruiz y colaborador del experredista Greg Sánchez, de Quintana Roo, preso por vínculos con el narcotráfico y lavado de dinero.

También estuvo Dinorath Guadalupe Mendoza Cruz, subdirectora de Modernización de Liconsa, hermana de la diputada local oaxaqueña Lilia Mendoza Cruz.

Claudia Galguera Aparicio, jefa del Departamento de Planeación y Estrategia Comercial, hija de la exdiputada y expresidenta municipal de Pochutla, Carolina Aparicio.

Diana Luz Vásquez, subdirectora del Padrón de Beneficiarios de Liconsa.

Ninguno de ellos, salvo Carolina Aparicio, se fue a la campaña de Héctor Pablo a las filas de Por México al Frente. Según dijeron, ya habían pagado con creces los favores obtenidos, algunas con “cuerpomático”.

El caso más paradigmático fue el de Marco Antonio Hernández Cuevas, a quien le financió la Fundación Hagámoslo Posible (HP) durante cuatro años y, cuando quiso ser candidato a diputado federal por Tlaxiaco, en la campaña de Alejandro Murat, Héctor Pablo lo dejó sin chamba para poner al papá de la bonita Galguera en su lugar.

Marco Antonio se alió con Alejandro Murat, fue director del Instituto de Capacitación y Productividad para el Trabajo y coordinó la campaña de Raúl Bolaños Cacho Júnior, aportándole la lista de beneficiarios de Liconsa y los seguidores de la fundación HP, mientras Héctor Pablo andaba en campaña por el mismo cargo, pero bajo las siglas del PRD-PAN-PMC.

Cosas de la ingratitud y la deslealtad entre aliados políticos.

En tres capítulos, he descrito las bajezas y las vilezas de Héctor Pablo Ramírez Puga, la más reciente adquisición del Clan Murat, al menos hasta las próximas elecciones, si no ceden a sus caprichos.   

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