Hugo López-Gatell: el epidemiólogo que se volvió viral

Isabella PORTILLA / Corriente Alterna

Oaxaca, Oaxaca, Martes 23 de Junio, 2020.- ¿Quién era Hugo antes de López-Gatell? Corriente Alterna cuenta la infancia del niño introvertido y estudioso del Colegio Madrid, el joven de izquierda de la Prepa 6 y el consejero universitario de la Facultad de Medicina que militaba contra las cuotas estudiantiles. Descendiente de republicanos españoles, Hugo López-Gatell se convirtió en la figura más polémica de la pandemia. El subsecretario de Salud provoca encendidas pasiones y furiosos rechazos. Retratado como superhéroe en los memes, también es señalado por ser responsable del “fiasco” en la estrategia oficial ante la Covid-19.

Un niño de 11 años, alumno del Colegio Madrid, donde aprende oratoria y participa en el Parlamento Infantil. Un chico de dieces, a ratos tímido e introvertido, a quien sus compañeros reconocen como uno de los mejores del Colegio.

Un adolescente que, a principios de los ochenta, siente fascinación por la química y la biología, y dedica su tiempo libre a la música: toca la flauta traversa, venera el jazz y, con su hermano Carlos y algunos amigos, forma una banda de rock progresivo: “Cantera, la longitud de onda perfecta”. El adolescente deja a un lado el retraimiento y ensaya los viernes junto al puñado de amigos que, años después, se convertirán en rockeros de Santa Sabina y La Gusana Ciega.

Un joven de semblante circunspecto que se matricula en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Un joven melenudo, agraciado, con inquietudes sociales, que se une al Consejo Estudiantil Universitario (CEU) para impedir que se impongan cuotas estudiantiles.

Un adulto, el subsecretario de Salud del gobierno federal en marzo de 2020. Ojos grandes, pómulos altos, rodeado de cámaras, exhorta con tranquilidad y firmeza: “Quédate en casa, quédate en casa, quédate en casa”.

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Hubo un tiempo en el que Hugo López-Gatell fue joven, estudiaba medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y se reconocía ceuísta. El CEU se creó en octubre de 1986 para resistir a las reformas del rector Jorge Carpizo, quien pretendía implementar cuotas a los alumnos de la principal universidad pública del país, eliminar el pase automático del bachillerato a la licenciatura e iniciar —según acusaba la organización estudiantil— la “privatización” de la educación superior.

Las huelgas de 1986 y 1987 que dieron como resultado el Congreso Universitario de 1990 ya habían pasado. Tiempo después, el 18 de junio de 1992 por la mañana, el joven Hugo encabezó a un grupo de ceuístas de Medicina que llegaron a la Preparatoria 6 de Coyoacán y levantaron una barricada en la puerta para “impedir el acceso de alumnos, profesores y trabajadores”, como lo señala el artículo del periódico tapatío El informador, el sábado 19 de junio de 1992. 

De acuerdo con el medio, ese día, la puerta de la Prepa sufrió daños.  Los ceuístas fueron agredidos físicamente. Según las autoridades universitarias, un grupo de estudiantes impidió el cierre del edificio, y por eso se fueron a los golpes. Sin embargo, para los ceuístas estaba claro: los agresores eran porros —golpeadores profesionales tolerados por la autoridad— enviados por el director de la preparatoria, José Luis Balmaseda.

Narra el artículo titulado “La UNAM no aceptará posiciones irreductibles” que, como parte de las acciones de protesta, los integrantes del CEU organizaron paros totales y parciales en los nueve planteles de la Escuela Nacional Preparatoria. 

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Dice un acrónimo que circula en cadena por mensajes de texto: “YHLQMDHLG”, lo que significa: Yo Hago Lo Que Me Diga Hugo López-Gatell.

López-Gatell lucha contra el coronavirus como Superman. Entra apresurado al Palacio Nacional con la música de Súper Mario Bros. Y aniquila con rayos X que salen de sus ojos a quienes incumplen la cuarentena.

Los gestos y las frases del subsecretario de Salud son stickers en aplicaciones de mensajería, videos de corta duración, memes en redes sociales, y mensajes cifrados que se propagan como si de un virus se tratara.

Según el semiólogo Julián Woodside, consultado por Corriente Alterna, “para un sector de la población, la figura de Hugo López-Gatell ha sido memetizada, topicalizada como un referente casi heroico: se le percibe como un guía que domina un tema entendible para cierto sector de la comunidad, pero que resulta críptico para el resto. Se le valora como un sabio mediáticamente amigable, carismático, a veces peligrosamente idolatrado, pero otras, peligrosamente cuestionado desde una bandera política, más que racional”.

En buena medida, se trata de un fenómeno de propaganda y divulgación a partir de elementos reales: el doctor de la pandemia es una figura política eficaz como vocero y “atractivo” para un amplio sector de las audiencias; pero, asimismo, parece existir la intención de convertirlo en guía, superhéroe y gurú, lo que ha hecho que gracias al carácter humorístico de los mensajes —tan diverso y abundate durante la pandemia—en México, la creación y circulación de memes, stickers y demás hayan logrado una paradoja, casi una proeza: hacer que un epidemiólogo se vuelva viral.

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Según cuenta vía telefónica a Corriente Alterna, Irving Gatell -músico, teólogo y familiar lejano de López-Gatell-, Francisco López-Gatell Comas era un ingeniero y militar republicano originario de Tarragona, a las orillas mediterráneas de Cataluña. Hacia el final de la Guerra Civil (1936-1939), al ver que las fuerzas de Francisco Franco se imponían al gobierno legítimo, envío a su esposa y tres hijos menores a Francia, mientras seguía combatiendo en su país. Pero el primero de septiembre de 1939 fue capturado y enviado a un campo de concentración francés bajo el régimen pronazi de Vichy.

Cuenta Irving Gatell que un día llegó al campo de reclusión una carta proveniente de España, y, como el capataz solo hablaba francés, pidió que un reo la tradujera. Francisco se ofreció y se dio cuenta de que se trataba de la orden de ejecución de los prisioneros. Ya tenía firmada su sentencia de muerte, pero de todas maneras se arriesgó: a medida que iba leyendo, en lugar de traducir “ejecútenlos a todos” fingió que se trataba de una orden para soltar a los rehenes en medio del bosque. Fue así como salvó su vida y la de sus compañeros.

Según Irving Gatell, López-Gatell Comas huyó de la zona de guerra. Consiguió boletos y permiso para viajar a México. Y subiendo al barco, como en una picardía del destino, se encontró a su familia. De esa manera padre, madre y los cuatro hijos varones llegaron juntos a la Ciudad de México, en 1940, el último año del sexenio de Lázaro Cárdenas.

Como lo señala la periodista Alejandra Crail en “Los López-Gatell: la familia que ayer esquivó balas y hoy receta días de guardar”, publicado en EME EQUIS el 22 de abril pasado, fue en la Calle Unión número 28 de la Colonia Industrial donde la familia estableció su hogar y sería allí donde Hugo López-Gatell, a los 15 años, en la tarde del 25 de marzo de 1984 vería morir a su abuelo Francisco de 87 años.

“Si veo a Hugo, lo llamo primo”, dice Irving Gatell. Para él, el subsecretario de Salud “es heredero total y absoluto de la ideología de la izquierda republicana española de su abuelo Francisco”.

Por eso, no es de extrañar que Hugo López-Gatell estudiara primaria y secundaria en el Colegio Madrid —fundado por exiliados republicanos— ni que sus compañeros de la prepa de la misma institución como el médico Pablo Tarazona y el periodista Federico Campbell Peña, lo recuerden como ese joven carismático, sencillo, de pensamiento crítico e ideas socialistas que caminaba por las aulas de Coapa, aficionado a la ciencia, que no usaba ropa, zapatos, ni mochila de marca. El introspectivo, con quien tocaba esforzarse para sacarle una plática. El amigo de Ruy López, Salvador Salomón, Diego Elizarrarás y Enrique Isla.

Tampoco es de extrañar que, después de graduarse del área 2, área de Químico-biológicas, como lo corrobora su ex compañero y amigo Salvador Salomón, López-Gatell haya optado por la universidad pública. En 1988 ingresa a la Facultad de Medicina de la UNAM y luego enrolarse en la segunda generación del CEU, no aquella de la huelga de 1986, sino la de los movimientos de los noventa.

Pero, así como su abuelo ejerció una visible influencia en él, también lo hizo su padre, Francisco López-Gatell Trujillo, que, como lo señala EME EQUIS, estudió medicina en la UNAM y en 1956 viajó a los Estados Unidos, y que, como asegura en entrevista telefónica a Corriente Alterna, su “aprendiz de médico” -como el mismo dice- el doctor Antonio Torres Díaz: “[Francisco] era un urólogo espléndido. A los 30 ya era cirujano. Un intelectual. Había estudiado en el Hospital de Massachusetts”.

Recuerda el entonces médico del Hospital 20 de Noviembre que López-Gatell Trujillo “era un hombre de intelecto voraz. Leía mucho y eso lo facultaba a escribir también. Publicó centenares de artículos. Siempre nos decía que en los libros se encontraba la verdad”. Y añade que el doctor López-Gatell Trujillo hizo parte del equipo que logró el primer trasplante de riñón en México.

Fue en el Hospital 20 de Noviembre, del ISSSTE, según cuenta el doctor Torres Díaz, que Francisco conoció a la enfermera Margarita Ramírez Duarte, “la señora Magos”. Se enamoró de ella y al poco tiempo se casaron. El 22 de febrero de 1969 nació Hugo. Después llegaron Carlos y Víctor.

Según la hoja de vida de la Secretaría de salud, Hugo López-Gatell Ramírez, el hombre más mediático durante la cuarentena en México, fue alumno del actual titular de la Secretaría de Salud, Jorge Alcocer Varela, quien lo dirigió en la tesis “Predictores de Infección en Pacientes con Lupus Eritematoso Generalizado”. Tiene una especialización en Medicina Interna en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición “Salvador Zubirán”. Cursó una maestría en Ciencias Médicas en la UNAM y un doctorado en Epidemiología en la Universidad Johns Hopkins, en Maryland, la número cinco a nivel mundial según el QS World University Ranking, en donde se graduó con la tesis titulada: “Efecto de la Tuberculosis en la Progresión de Enfermedad por VIH-1”.

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Son las 4 y un minuto de la tarde del sábado 9 de mayo de 2020. Suenan dos timbres de teléfono. La doctora Laurie Ann Ximénez-Fyvie contesta desde el otro lado de la línea.

Saluda. Habla con celeridad. También con conocimiento y preocupación. Enumera los errores en los que el gobierno mexicano incurrió desde el inicio del control de la pandemia de Covid-19: negarse a cerrar fronteras; suspender tardíamente la actividad educativa; permitir que muchos comercios sigan abiertos “sin consecuencias”, y no establecer un confinamiento obligatorio por temor a afectar la economía.

“La recuperación económica nos va a llevar años o quizá décadas. La economía se está yendo, literalmente, por el caño. Ahora es mucho más costoso. Si el gobierno hubiera tomado medidas antes se habría evitado ese costo. Y, lo mejor, se habrían salvado muchas vidas. Ahorita, lo que debe hacer el gobierno es reparar. Intervenir. Siempre hay más vidas que salvar.”

Según el currículum que reposa en las páginas personales de la UNAM, Laurie Ann Ximénez-Fyvie es doctora en Ciencias Médicas con especialización en Microbiología por la Universidad de Harvard. También es jefa del laboratorio de genética molecular de la Facultad de Odontología de la UNAM y, desde el 5 de mayo —día en que publicó un artículo titulado “El fiasco del siglo” en el diario Reforma— ha sido foco de atención de la comunidad científica y la prensa mexicana. El motivo: critica como nadie, hasta el momento, el manejo de la pandemia por parte de Hugo López-Gatell.

-Lo reitero, esa tiene que ser la prioridad del gobierno: salvar vidas. Ahora es mucho más complicado. Y mucho más costoso, pero ellos se lo buscaron por no hacerlo bien al principio. Por eso, gente como yo y otros colegas científicos estamos alzando la voz enérgicamente, a pesar de que hemos sido maltratados, ninguneados, amenazados.

-¿Por quién?

-El gobierno contrató muchos bots en las redes sociales y tratan de armar campañas de desprestigio. Nos atacan de forma personal, a ver si nos desmoralizamos y dejamos de hablar.

En el artículo, Ximénez-Fyvie señala que los esfuerzos de las autoridades mexicanas, encabezados por el subsecretario de Salud, han sido tardíos e insuficientes. Dice que su labor es inactiva y su discurso, condescendiente. Señala tres críticas fundamentales a la gestión de López-Gatell: “La descalificación de medidas preventivas, simples y efectivas como el uso de cubrebocas. La desinformación, sugiriendo que los portadores asintomáticos no contagian, y la insistencia en que las pruebas diagnósticas masivas no son útiles”.

Luego, como aparece en su artículo, explica lo que ella considera la “pena máxima” de subsecretario de Salud: 

“Las cifras ocultas, las interpretaciones sesgadas y las verdades a medias son graves, pero el mayor error es de cálculo (…) Para que en México —con una población aproximada de 127 millones de habitantes— se pudiera dar una inmunidad de rebaño efectiva por medio de la infección natural masiva de la población”.

-Desde el principio se debió armar un consejo científico para quitar a López-Gatell de allí y reemplazarlo por alguien que tuviera, de verdad, la disposición de salvar las vidas de los mexicanos.

-De continuar adoptando las mismas medidas que se están llevando a cabo desde enero para controlar la pandemia ¿qué le espera a México? —se le pregunta.

-Yo no he perdido la esperanza de que el gobierno cambie la estrategia, la rectifique y que, realmente, tome con seriedad que no se puede perder esa cantidad de vidas. No he perdido esa esperanza de cambiar la situación tal y como está: sin pruebas, sin rastreo, con una mitigación laxa. El panorama pinta realmente catastrófico y no es que “pinte”. Los modelos matemáticos serios son catastróficos. Yo no pierdo la esperanza de que haya una rectificación de rumbo y que, a pesar de que ahorita es tarde para muchos miles de mexicanos, esperemos que no sea tarde para muchos miles más.

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Según aseguró el doctor Gabriel Pérez a EME EQUIS, Hugo López-Gatell “apenas iba saliendo de la preparatoria en el Colegio Madrid. Cuando lo conocimos, ya estábamos muy consolidados como grupo de Medicina, yo era consejero universitario. Habíamos movilizado no sólo a los 2 mil alumnos de la Facultad sino a los otro 8 mil que estaban de residencia, en campos clínicos y hospitales dentro y fuera de la ciudad”, afirmó el ex dirigente estudiantil de la Facultad de Medicina de la UNAM a la periodista Alejandra Crail.

El entonces ceuísta Bolívar Huerta Martínez, en entrevista telefónica con Corriente Alternarecuerda que, invitado por la entonces estudiante y líder de la Facultad, Andrea González —actual directora de la Clínica Condesa del gobierno del Distrito Federal— López-Gatell se incorporó al grupo de quienes se convertirían en los principales dirigentes del movimiento, autodenominados “Llegó la hora”. Esta facción pertenecía a los simpatizantes de un grupo anterior: “Corriente Histórica”, que había liderado las huelgas de 1986 y 1987 en cabeza de Carlos Imaz, Antonio Santos e Imanol Ordorika. 

En “Llegó la hora” al joven Hugo lo acompañó Ruy López Ridaura, también estudiante de medicina, su mejor amigo desde el Colegio Madrid y actual director del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades. Y quien firmó el certificado de defunción de Francisco López-Gatell Trujillo, padre de Hugo, cuando éste murió de diabetes, según el perfil publicado en EME EQUIS. Hoy el funcionario también integra el equipo de expertos para enfrentar la pandemia del coronavirus.

Pero, además, juntos en su juventud, se lanzaron como candidatos al consejo universitario, López-Gatell como consejero y López Ridaura, como suplente. Y con la ayuda del caricaturista Rafael Barajas, “El Fisgón”, como señala el perfil publicado en EME EQUIS crearon el eslogan: “Llegó la hora. Vota por los López”.

La frase rindió frutos y Hugo ganó la elección.

“Hugo, como consejero universitario, fue clave para definir el futuro de la Facultad de Medicina. Pues, a diferencia de los viejos líderes de la facultad, él sí se acercó al entonces director, Juan Ramón de la Fuente, quien en esa época lograría consolidar el Plan Único de Especializaciones Médicas”, dice el doctor Gabriel Pérez, a EME EQUIS en el citado artículo.

La gestión de López-Gatell como consejero del CEU, logró además una mayor participación de los alumnos en torno a las problemáticas de la Facultad. Tal es el caso de los internados que fueron escuchados en sus demandas: detalle no menor en una Facultad en donde los alumnos a partir del tercer año recibían sus clases prácticas en clínicas y hospitales y dejaban de asistir a los salones de la Universidad.

Cuenta Bolívar Huerta Martínez, compañero de Lópéz- Gatell en el Congreso Universitario de 1990, que durante los tiempos posteriores a la huelga del CEU, se generó una confrontación entre los estudiantes y los líderes, por lo que hubo poca posibilidad de diálogo y empatía. “Los más antiguos eran recelosos de participar en conjunto y recuerdo que Hugo, dentro de toda esa lógica sectaria y de desconfianza, era muy abierto y cordial, y poseía una amabilidad que no era característica general porque o estabas con unos o estabas con otros, pero Hugo nunca se enganchó en eso. Quizá eso ayude a entender por qué ahora está en otras cosas”.

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Abril de 2009. La Ciudad de México fue el epicentro mundial del brote de influenza H1N1. Durante ese año el Producto Interno Bruto (PIB) del país decreció cinco puntos.

El día 27 de ese mes, mientras el secretario de Salud, José Ángel Córdova, emitió en una rueda de prensa los últimos datos sobre la situación sanitaria por la gripe porcina, un temblor de 5.7 grados Richter asustó a la capital azteca provocando la suspensión temporal del servicio del Metro y el desalojo de las viviendas de varias familias y trabajadores de las zonas de Condesa y Reforma, donde se ubica el centro financiero de la ciudad.

El subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud era Mauricio Hernández, mientras López-Gatell ocupaba la dirección adjunta de Epidemiología en la Secretaría de Salud federal. Ambos asumieron dos misiones: adecuar un laboratorio para realizar pruebas masivas del virus y reportar las estadísticas de muertes y contagios de todos los hospitales mexicanos.

Tales medidas, sin embargo, resultaron insuficientes desde la perspectiva del presidente Felipe Calderón, quien consideró infructuosas las labores por parte de los funcionarios. Su argumento, el mismo que plantea para el Covid-19 en abril 2020: México necesita más pruebas y es inminente ordenar el cierre del país.

A raíz de las críticas, las relaciones entre Hernández, López-Gatell y Calderón se rompieron. Pero hoy, a 11 años de la emergencia sanitaria por la influenza H1N1, el subsecretario de Salud denuncia que desde la Presidencia de Calderón se ordenaron compras corruptas. “Está documentado que en 2009 hubo presión política para que se compraran pruebas rápidas. Tuvimos la misma discusión que ahora: se hablaba de marcas, supuestas aprobaciones de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), que la OMS las recomendaba, pero era falso. Ni la SSa ni el Indre (Instituto Nacional de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicas) las recomendaban”, declaró a la reportera Ángeles Cruz de La Jornada.

En su columna del diario El financiero, Raymundo Riva Palacio ha mencionado en varias ocasiones “errores graves” en la gestión de las crisis, específicamente en la dirección de Epidemiología a cargo de López-Gatell. Dice Riva Palacio en la columna del 13 de marzo pasado: “Hugo López-Gatell, subsecretario de Salud, no da señales de que en una década haya aprendido nada. Una parte de la crisis del AH1N1 en 2009 puede atribuírsele a él, quien, como director general de Epidemiología de la Secretaría de Salud, no reaccionó con la velocidad que requería un brote de neumonía atípica durante marzo y principios de abril de ese año. Tampoco fue lo suficientemente capaz para aportar información correcta al entonces subsecretario, Mauricio Hernández, que estaba proporcionando información errónea al presidente Felipe Calderón, mezclando casos confirmados con casos por confirmar, por lo que estaba tomando decisiones equívocas”.

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En septiembre de 2019, cuatro meses antes de que se revelara la existencia del nuevo virus, López-Gatell, en una intervención en la mañanera del presidente López Obrador, informó que las autoridades habían detectado corrupción en la compra de insecticidas. También denunció que la adquisición por parte de los gobiernos anteriores de esos productos, indispensables para controlar el incremento del dengue, fue amañada:

“Esto es un mercado anual de más de 900 millones de pesos, solo de la compra federal, y lo que hemos visto en casi todos los temas de insumos para la salud son mercados concentrados, mercados amafiados, dos grandes grupos que se disputan el control de las compras generales”, dice López-Gatell.

Añade que, para desarticular esos esquemas de corrupción, su equipo había comprado esos insumos “de manera rigurosa y transparente”. Y que, con la ayuda de expertos nacionales e internacionales, han logrado elegir los mejores productos y no aquellos insecticidas que venían “con dedicatorias”.

Lo cierto es que el esquema anticorrupción implementado por el gobierno de López Obrador para la adquisición de insecticidas generó un retraso de tres meses en la compra de estos productos. Mientras tanto, durante los primeros ocho meses de 2019, la incidencia de dengue en México registró un incremento de 312%, según la Secretaría de Salud.

Por otra parte, con el esquema anticorrupción, el gobierno solamente alcanzó un ahorro de tres millones de pesos. De acuerdo con la organización civil Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), en 2018 el gobierno federal destinó 170 millones de pesos a insecticidas, mientras que en 2019 se gastaron 167 millones.

Pero eso no fue todo. El gobierno terminó adjudicando la compra de esos productos a los mismos proveedores y, en el caso del Spinosad, adquirido a la empresa Public Health Supply and Equipment, se pagó dos mil pesos más caro; además, la concentración del producto fue tres veces menor a la de años anteriores.

De acuerdo con el artículo “El gobierno federal dejó de comprar insecticida contra el dengue y subió la incidencia” publicado el 6 de septiembre de 2019 por MCCI y firmado por el reportero Paris Martínez: “según los contratos, la Secretaría de Salud no solo adquirió las mismas marcas y productos que en años anteriores, sino que los compró a los mismos proveedores que la pasada administración federal”. Los mismos que López-Gatell denunció.

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Además de YouTube, la conferencia de las 7 de la noche también se transmite por televisión pública abierta en los canales 11 y 22 y convoca la atención de las familias mexicanas. Para el semiólogo Woodside: “el espacio televisado de López-Gatell se ha convertido en algo igual de relevante que una telenovela en horario estelar, donde el subsecretario de salud es el protagonista que responde, con cada conferencia, a las incertidumbres del pueblo, pero donde siempre hay un “continuará” que mantiene al público a la expectativa. Sus conferencias se han vuelto la telenovela de las 7 donde el subsecretario de Salud encarna al protagonista sabio y heroico”.

Sin embargo, alrededor de la reunión que establecen las familias junto al televisor para conocer el avance de la pandemia cabe preguntarse: ¿es a causa de López-Gatell que la conferencia se haya convertido en una especie de telenovela que congrega diariamente al público? ¿Es natural que el público sustituya las telenovelas por una hora de información ante la emergencia?

A pesar de su creciente popularidad, el subsecretario ha negado tener aspiraciones políticas. Sobre todo, fue enfático al respecto luego de ser duramente criticado por asegurar que el presidente no era una “fuerza de contagio” sino “una fuerza moral”.

“La confianza que me han depositado las más altas autoridades nacionales y de Salud en conducir técnicamente esta epidemia estriba, precisamente, en la responsabilidad de que se me vea como funcionario técnico, que es lo que soy, y no se me trate de llevar a la esfera política”, dijo López-Gatell en esa ocasión, visiblemente más serio que de costumbre. 

Pero, quizá el eslogan que utilizó para el Consejo Estudiantil Universitario le esté siendo útil ahora y otra vez de la mano de un homónimo. En efecto, tres décadas después y en la peor pandemia en lo que va del siglo, es la hora de los López.

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