Invitan a “Acedia / Poemas para una travesía sin luz”

Staff OAXACADIAADIA.COM

Oaxaca, Oaxaca, Jueves 23 de Enero, 2020.- La Biblioteca “Andrés Henestrosa” invita este sábado 25 de enero a la presentación del libro “Acedia / Poemas para una travesía sin luz”, de Edgar David Saavedra Bermúdez, bajo la tutela de Carteles Editores, 2018.

Harán la presentación Enna Osorio y el autor, este próximo sábado a las 7 de la noche, en las instalaciones de la Biblioteca. La entrada es libre.

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Edgar David Saavedra Bermúdez (1968). Originario de Tututepéc, Oaxaca. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG). Ha sido catedrático en las universidades José Vasconcelos y Universidad Mesoamericana, ambas de la ciudad de Oaxaca. Fue secretario de prensa del Teatro Español de Coronel Pringles, Argentina. Editor de cultura de distintos diarios en la ciudad de Oaxaca; colaborador de las revistas En Tierra de Todos (Ciudad del Carmen, Campeche), La Manzana (Guadalajara), Arte al Día (CDMX). Ha escrito los siguientes libros: Poemario doméstico en colaboración con el historiador y poeta argentino Aldo Pirola; Hipérboles para una arpía en coedición con la poeta mexicana María Dolores Guadarrama. Actualmente escribe sobre arte en la revista Mujeres, de la ciudad de Oaxaca. Acedia fue editado por Carteles Editores, Oaxaca.

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PRÓLOGO DEL LIBRO

La ebriedad de Acedia

Hay en la vida encuentros ineludibles. Aunque azaroso, así́ fue el mío con Edgar Saavedra. Recuerdo con una suerte de nostalgia y gratitud aquellas conversaciones acerca de las artes oaxaqueñas —que primero él me ensenó́ a poner en duda para luego despedazarlas como un par de lobos famélicos—, siempre careándonos con una taza de café́, una de sus pasiones, —consignada en una serie de crónicas publicadas en la revista Mujeres, y aquí en Haikus de amor y café, uno de los varios pasadizos que configuran Acedia. Ya desde Hipérboles para una arpía (Oaxaca, 2003) nos guiñan las obsesiones de Edgar Saavedra, quien tras largos años de auto exilio literario reincide con un libro que abre con un poema-postulado: Preguntas, respuestas, donde, muy a su manera, resume la imperiosa necesidad de la poesía, tanto como su inutilidad.

No son casualidad las numerosas referencias bíblicas que brotan en estas páginas, como si con ellas se fuera expiando la apatía, lo involuntario de congratularse con lo mundano a través de una nomenclatura que urgente se abre paso de la dermis a la epidermis, como Lázaro al cuarto día.

Entre los versos de Acedia se traslapan las notas de Coltrane y Ayler, los aforismos de Ciorán y los versos de Nicanor Parra, Oliverio Girondo, José́ Lezama Lima y Pablo Neruda —los poemas Risa negra, Dormir la hoja y Diáspora rota parecen un recurso de la memoria que lo devuelven a Isla Negra, en Chile, o a la Pampa argentina solo para recordar(se): “Sucede que me canso de ser… polvo”.

Hay en el libro retruécanos bíblicos: “¿Debajo de una cesta de libros duerme la serpiente original?” o “Ahora el cuervo levanta el vuelo ante la ridícula mirada de un viandante desnudo ciego pobre dormido y muerto de antemano… ¡Sibolet!*”. Hay también un escarnio de la forma y el estilo. Versos que avanzan como fuego ardiendo en las hojas secas en Alejandra y los cántaros. O como 1992, que lleva transido un reproche. Erotismo abismal en Carnero estelar, Teoría rosa y Puerta del agua.

Los Monólogos del insomne son ráfagas de lenguaje, golpes limpios de hacha, necesarios para (re)partir el discurso: multiplicar eso que al espíritu le urge nombrar para que exista… o no deje de existir. Zoo Ditirambo es una zoología poblada de peces, pájaros y avispas. Cocodrilos, tigres, bueyes y gusanos. Cerdos y lechuzas. Un manojo de neologismos que confirman que la poesía también es eso: un hurgar buscándolo todo para encontrar nada, un abrir Puertas para volver con las manos llenas de algo que no existe.

Como remate de esta serie de subterfugios que sondean el poemario están las Canciones para patojos, donde los divertimentos brincan pueriles de aquí para allá, haciendo onomatopeyas como mantras apócrifos o cantos desolados.

En estas páginas, escritas a lo largo de 15 años, se ha instalado la acedia, esa “indolencia” que Edgar Saavedra sin duda padece: “Tu lengua casi gorda, sultana, tu corazón de barro, las teorías salpicadas de grasa, la frágil negación de todo y su destino de cloaca. Tu certeza de quien ha atrapado un grito en una bolsa… luego la vanidad de tu memoria mineral de carbón labrado de nube que el viento sopla en el ocio de la tarde o la mañana. Ya da lo mismo”.

– Askari Mateos

Recuerde, la Biblioteca “Andrés Henestrosa” se ubica sobre la calle Porfirio Díaz número 115, esquina con Morelos, en el Centro Histórico de la capital de Oaxaca.

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