Asteroide “Oumuamua” podría ser un ovni, reconocen

*Puede ser «una sonda enviada intencionalmente a la vecindad de la Tierra por una civilización alienígena», afirma el director del Departamento de Astronomía de la Universidad de Harvard, Avi Loeb

Ciudad de México, Jueves 07 de Febrero, 2019 (Fuente: Notimex y Agencias).- El director del Departamento de Astronomía de la Universidad de Harvard, Avi Loeb, mantiene la hipótesis de que el asteroide Oumuamua, cuya forma le imprime una trayectoria errática, podría estar controlado por «seres inteligentes», publicó el diario The Washington Post.

El científico, que pidió tener «modestia cósmica» y dejar la arrogancia de creer que el ser humano es único en el universo, propuso que Oumuamua, palabra hawaiana que significa «primer mensajero», puede ser «una sonda enviada intencionalmente a la vecindad de la Tierra por una civilización alienígena».

Loeb ha considerado que el objeto, rodeado de misterios desde el día en que fue descubierto por los astrónomos de la Universidad de Hawai en octubre de 2017 debido a su trayectoria, puede ser una «vela luminosa» que «flota en el espacio interestelar como un escombro de un equipo tecnológico avanzado».

La mayoría de los científicos asumen que Oumuamua, el único asteroide descubierto hasta ahora que no proviene del sistema solar, «es una especie de roca, ya sea un asteroide expulsado de una estrella en fusión hace cientos de millones de años, o un cometa helado que deambula por el vacío interestelar».

«Pero se mueve demasiado rápido para ser una roca inerte, y se aleja del Sol como si algo lo estuviera empujándolo desde atrás. Y si se trata de un cometa que arroja chorros de vapor, las limitadas observaciones que hicieron los astrónomos no mostraron ninguna señal», explicó Loeb.

El asteroide Oumuamua tiene un aspecto alargado, de aproximadamente 400 metros de longitud, avanza a unos 64,000 kilómetros por hora, y no gira alrededor del Sol, sino desde una dirección en la que se encuentra la constelación de Lyra.

Loeb afirmó que el asteroide puede estar en este momento volando más allá de la órbita de Júpiter y tardará años en cruzar el sistema solar y, una vez que lo haga, ya no regresará.

Especialistas de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) han revelado información sobre el objeto interestelar, el primer asteroide detectado que no proviene del Sistema Solar, con una forma irregular y una trayectoria errática.

Tras constatar cambios en la velocidad de su desplazamiento, Loeb, del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian, llegó a sugerir que podría tratarse de una «sonda» enviada a la Tierra de manera intencionada «por una civilización alienígena».

¿Impactará un asteroide contra la Tierra en septiembre?

Un asteroide de 40 metros de diámetro llamado 2006 QV89 podría chocar contra la Tierra el próximo mes de septiembre, con una probabilidad estimada en estos momentos en 1 entre 11.428. Pero no se preocupe demasiado. Al menos por el momento. Porque esta roca a la que los medios han prestado atención en los últimos días se encuentra todavía tan lejos de nosotros que considerarla una amenaza es practicar la quiromancia. Hasta julio, cuando se acerque lo suficiente para saber cuál será su trayectoria final, resulta una incógnita espacial a 44.000 kilómetros por hora.

“La incertidumbre es demasiado grande para poder evaluar el riesgo de impacto”, explica por teléfono José María Madiedo, profesor de la Universidad de Huelva y miembro de la Red Española de Investigación sobre Bólidos y Meteoros. Según informa la web del Laboratorio de Propulsión a Reacción (JPL) de la NASA, el asteroide 2006 QV89 vuela ahora a 1,46 UA (unidades astronómicas), unos 219 millones de kilómetros de la Tierra. Su ubicación actual está muy próxima a la órbita de Marte, pero en el lado opuesto a donde se encuentra el planeta.

“Los asteroides son objetos oscuros, algunos tanto como el carbón. No emiten luz propia, y eso hace que sean muy difíciles de estudiar”, señala Madiedo. “A una distancia tan grande no se puede precisar su órbita, que además puede cambiar, ya que en su camino la roca se verá perturbada por la gravedad de otros planetas”, añade. Por eso motivo, estos objetos deben ser “monitorizados constantemente”.

Hay que vigilar, pero no alarmarse. “No hay una situación de emergencia, ni mucho menos”, subraya el investigador. Los programas de seguimiento rastrearán la trayectoria del asteroide como lo hacen con otros objetos similares y en julio sabremos realmente a qué distancia visitará la Tierra. Los cuerpos de un tamaño similar a 2006 QV89 son bastante numerosos y deben ser monitorizados para descartar cualquier peligro.

Como en Chelyabinsk

2006 QV89 no está considerado como potencialmente peligroso, una categoría en la que entran las rocas espaciales a partir de 140 metros de diámetro. Si impactara, probablemente explotaría en la atmósfera y su onda de choque causaría daños a nivel local. El resultado sería muy parecido a lo ocurrido en Chelyabinsk (Rusia) en 2013, cuando una roca de unos 20 metros provocó casi 1.500 personas heridas y causó daños en edificios e instalaciones. Solo los meteoritos de cientos de metros o más de un kilómetro pueden causar daños a escala planetaria, como el que acabó con los dinosaurios hace 66 millones de años. Por fortuna, “no hay ninguna amenaza de ese calibre en los próximos cien años”, recalca Madiedo.

En cuanto a 2006 QV89, «no hay que preocupase en absoluto». Como dice José María Madiedo, “el mundo va a seguir adelante y quien tenga hipoteca, tendrá que seguir pagándola”.

Ni asteroide, ni nave espacial alienígena: Esto es en realidad el primer visitante interestelar

Por otra parte, continúa el misterio en torno al primer objeto interestelar detectado en nuestro Sistema Solar. El conocido como Oumuamua –que significa algo así como explorador, en hawaiano– fue avistado por primera vez en octubre de 2017 y su atípica trayectoria acelerada y la falta de coma o cola como la de los cometas lleva intrigando a los científicos desde hace año y medio. Entre las explicaciones se barajaba que fuera un asteroide o un cometa; incluso existe un estudio que señala que su naturaleza puede ser artificial y que se trate de una nave espacial extraterrestre que ha quedado a la deriva en el espacio.

A todas estas explicaciones ahora se une una más. Un estudio reciente liderado por el astrónomo Zdenek Sekanina (famoso por haber trabajado 40 años en el campo de los meteoros, cometas y polvo interestelar), del Laboratorio de Propulsión a Reacción (JPL) de la NASA, sugiere que el Oumuamua está formado de los restos de un cometa interestelar que se rompió antes de llevar a cabo su trayectoria más cercana al Sol (perihelio), dejando atrás un rastro rocoso que acabó formando un conglomerado en forma de cigarro.

Su último estudio ha sido publicado en el sitio de preimpresión Archiv.org. Entre sus argumentos, Sekanina se refiere a una investigación previa realizada por otro famoso astrónomo, John E. Bortle, quien indicaba cómo los cometas débiles en órbitas casi parabólicas que los acercan al Sol probablemente se desintegran repentinamente poco antes de llegar a su perihelio. Investigaciones posteriores, según Sekanina, también indican que, en algunos casos, un fragmento considerable de estos objetos podría quedar atrás.

Una definición ajustada a Oumuamua

Como afirma en su estudio, este fragmento se asemejaría a “un agregado desvolatilizado de granos de polvo sueltos que pueden tener una forma exótica, propiedades de rotación peculiares y una porosidad extremadamente alta, todos adquiridos en el curso del evento de desintegración2. Una definición que encajaría con las características del Oumuamua.

Una de las primeras cosas que los astrónomos determinaron acerca de Oumuamua (aparte del hecho de que no era probable que fuera un cometa) era que tenía una forma bastante extraña. Basado en las lecturas adquiridas del Very Large Telescope (VLT), un equipo de investigadores determinó que el Oumuamua era un objeto alargado, probablemente compuesto de material rocoso.

Un giro caótico

Esto fue seguido por un estudio realizado en 2018 por Wesley Fraser, que encontró que, a diferencia de los pequeños asteroides y planetesimales en el Sistema Solar (que poseen giros periódicos), el giro de Oumuamua era caótico. En ese momento, el equipo concluyó que esto era una indicación de colisiones pasadas. Sin embargo, según la nueva tesis de Sekanina, esto podría ser el resultado de la desintegración del objeto original.

Sekanina luego hizo comparaciones con dos cometas que se desintegraron cuando alcanzaron el perihelio. En ambos casos, la desintegración de estos cometas implicó un evento explosivo y la liberación de un “monstruoso polvo esponjoso agregado”. Pero el Oumuamua no muestra una desgasificación, por lo que el investigador señala que estaría sujeto a los efectos de la presión de la radiación solar. Esta teoría ya habría estado recogida por el investigador Avi Loeb, de la Universidad de Harvard y el Centro Harvard-Smithsonian para Astrofísica (CfA), quien negó que la aceleración de Oumuamua al salir del Sistema Solar se atribuyera a la desgasificación (como se indicó anteriormente), sino a esta presión de radiación que muchos ven como el futuro de los viajes espaciales.

No se abandona la teoría de la presión de radiación

En pocas palabras, si la composición de Oumuamua incluyera materiales volátiles (es decir, agua, dióxido de carbono, metano, amoníaco, etc.) como un cometa, habría experimentado desgasificación cuando se acercaba a nuestro Sol, lo que habría sido visible cuando se detectó después del perihelio. Sin embargo, este no fue el caso, lo que planteó la cuestión de cómo la presión de radiación podría ser la responsable de su aceleración.

En ese momento, Loeb sugirió que podría tratarse de una nave espacial extraterrestre. Sin embargo, Sekanina ofrece una visión más “terrenal” y no se atreve a afirmar que se trate de una nave espacial, sino de “una clase de objeto previamente no estudiado que está sujeto a la presión de radiación” y que ha adquirido esta característica junto con su forma en un “periodo reciente” tras la desintegración y no son inherentes al objeto. El investigador afirma que deberían estudiarse más cuerpos de naturaleza interestelar, sobre todo en busca del posible “padre” de Oumuamua: el cometa del que partió en primer lugar.

Otro asteroide de riesgo amenaza con impactar en la Tierra el 6 de mayo de 2022

En tanto, si la humanidad sigue en pie tras el acercamiento del asteroide 2006 QV89 este 9 de septiembre (y todo apunta a que así será: hay únicamente una oportunidad sobre 11.428 de que impacte efectivamente sobre la Tierra), tendremos motivos para mirar al cielo con preocupación dentro de otros tres años. En la mañana del 6 de mayo de 2022 es cuando 2009 FJ1, el sexto cuerpo celeste en la lista de riesgo de los cazadores de asteroides de la Agencia Espacial Europea (ESA), tiene las mayores posibilidades de chocar contra nuestro planeta.

Se trata de subir un peldaño en el índice de peligrosidad, ya que 2006 QV89 -los asteroides reciben su nombre en base a un código numérico junto al año en el que fueron descubiertos- es el séptimo en la lista. 2009 FJ1 es más pequeño, con 16 metros de diámetro frente a 40, pero se desplaza a mayor velocidad, a 95.000 kilómetros por hora (km/h). Eso lo sitúa en un rango superior en la escala de Palermo, informa La Vanguardia, ya que el visitante de septiembre «solo» viaja por el espacio a 44.000 km/h.

2009 FJ1, además, duplica el riesgo de impacto: tiene una posibilidad sobre 4.464, lo cual, dentro de lo remoto, empieza a ser considerable. Está muy lejos del primero de la lista, 2010RF12, con una posibilidad entre 16 de estrellarse en la noche del 5 de noviembre de 2095. Los astrónomos, sin embargo, previenen contra el pánico: la roca es modesta, de 9 metros de diámetro, y una proyección a un tiempo más largo está plagada de incertidumbre.

Pero lo cierto es que hay ‘monstruos’ ahí fuera: el más famoso es 99942 Apophis, que con sus 375 metros de diámetro y su fecha de impacto estimada para el 12 de abril de 2068, aparece en numerosas obras de ficción y teorías de la conspiración como destructor de la humanidad. Hay que subrayar, sin embargo, que la posibilidad de impacto es a esta fecha de una entre 531.914. Aún más improbable es la colisión del segundo en la lista de riesgo, 1979XB, un coloso espacial de 900 metros de diámetro que habrá que tener vigilado en 2113.

El control y vigilancia de los cuerpos celestes, con todo, es una de las principales preocupaciones de las agencias astronómicas estatales y privadas. La mayor catástrofe provocada por un meteorito en la edad moderna es el evento Tunguska de 1908, que ha vuelto a colación con la alerta del asteroide de septiembre. La información es difusa porque ocurrió en una zona deshabitada y remota de Siberia, pero se calcula que quedaron arrasados 2.000 kilómetros cuadrados y 80 millones de árboles.

Una extinción catastrófica como el impacto de Yucatán que acabó con los dinosaurios requeriría una roca de cerca de un kilómetro de diámetro. Pero en cualquier caso, importa donde caiga: un asteroide de menor tamaño puede causar graves destrozos en zonas habitadas, pero los casos de este tipo son escasísimos en la historia, y sus protagonistas no solo salieron con vida, sino con una valiosa roca espacial entre manos como le sucedió a un japonés en octubre.

Lo cierto es que, si un objeto espacial –sea meteoro o satélite– atraviesa la atmósfera terrestre sin quemarse, hay un 70% de posibilidades que caiga en el mar. Las posibilidades de que afecte a una zona habitada son pocas: como explicaba Noelia Sánchez Ortiz, directora del programa Deimos Sky Survey (DeSS) de Elecnor Deimos hace un año con la caída de la estación espacial china Tiangong-1: «¡Es más probable que te toque la lotería!».

El «plan Armageddon»: la NASA y la Agencia Espacial

Europea planean misiones para desviar asteroides

Hace 20 años, la película Armageddon planteó un escenario apocalíptico: lanzar al espacio una nave con astronautas para provocar el desvío del asteroide que, sin pausa, se aproximaba a la Tierra. El héroe interpretado por Bruce Willis se sacrificaba por el mundo y todos felices. Esa situación ficcional llegó en parte a la realidad. A partir de conocerse la posibilidad de que un cuerpo espacial impacte con el planeta, desde la NASA y la Agencia Espacial Europea empezaron a diseñar planes para mandar misiones que cambien el rumbo de las rocas intergalácticas, igual que en el film.

En 2022 la NASA mandará a la nave espacial DART a la órbita de Didymoon, en un intento de ensayar el «plan Armageddon»: hacer estallar explosivos para intentar cambiar el trayecto de los asteroides. Por su parte, la Agencia Espacial Europea mandaría en 2023 la misión HERA para probar la misma teoría con otro fragmento espacial conocido como Didymos, de la misma órbita.

Después del impacto, Hera estudiará los asteroides Didymos en 2026 para recopilar información clave que no estará disponible a partir de observaciones basadas en la Tierra, incluida la masa de Didymoon, sus propiedades de superficie y la forma del cráter que deje la misión DART.

«Esto nos dará una buena estimación de la transferencia de impulso del impacto, y por lo tanto su eficiencia como técnica de desviación. Son parámetros fundamentales para permitir la validación de los modelos de impacto numérico necesarios para diseñar futuras misiones. Comprenderemos mejor si esta técnica se puede usar incluso para asteroides más grandes, lo que nos dará la certeza de que podríamos proteger nuestro planeta», explicó a la agencia DPA, uno de los científicos del proyecto, Michael Küppers.

El miedo por el asteroide 2006 QV89

La casi certeza de las misiones se dio luego de que se supiera que un asteroide de 40 metros de diámetro podría chocar contra nuestro planeta el 9 de septiembre a las cinco y tres minutos de la madrugada. El cuerpo rocoso llegaría con una velocidad de 44.000 kilómetros por hora.

Según los astrónomos, un impacto similar causaría un daño similar al del meteorito que cayó en Tunguska, Siberia, en 1908, y que devastó un área de 2.000 kilómetros cuadrados. Sin embargo, aseguran que la probabilidad de que suceda en forma directa contra nuestro planeta y su curso no sea modificado de forma natural o artificial sería de 1 entre 11.428.

«Con los datos que tenemos ahora, la probabilidad de impacto es equivalente a la de ser arrollados por un tren si cruzamos una vía a ciegas, sin poder ver ni oír si viene el tren, pero sabiendo que pasa uno cada quince horas. ¿Usted pasaría?», explicó Ettore Perozzi, investigador de la Agencia Espacial Italiana (ASI).

La roca espacial se llama 2006 QV89 y ocupa el puesto número 7 en la lista de asteroides más peligrosos para la Tierra en los próximos cien años. El riesgo que cada uno de estos representa para la raza humana se estima a través de la Escala de Palermo, que relaciona tamaño, probabilidad de choque y tiempo faltante hasta el posible impacto.

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